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Dónde puedo parar a tomar algo durante el Carnaval en Cádiz

Por José Landi,

Es obvio. Mal momento para catar delicias, descubrir recetas centenarias o exquisiteces recién inventadas. Malos días para dar con rincones maravillosos en los que disfrutar de quietud, pausa y excelencia. Es tan mal sitio y tan mal momento como Pamplona en San Fermín, Sevilla en Feria de Abril o San Sebastián en la Semana Grande. Son jornadas de invasión y apreturas, de estrecheces y complicaciones. Conviene tenerlo en cuenta para que clientes y trabajadores, usuarios y profesionales, compartan paciencia y se hagan cargo de la situación. Con todo, pese a todo, un consejo: mejor buscar los sitios que nos gustan todo el año, pese a las limitaciones, que aventurarnos con experimentos cuando todos están exigidos.

El escenario tiene números que lo explican todo. La ciudad de Cádiz tiene unos 120.000 habitantes. De ellos, unos 40.000 viven en el casco antiguo. Según la Policía Local, que pone una serpentina plástica en el suelo para contar, en jornadas y veladas señaladas llegan entre 220.000 y 300.000 personas a ese centro histórico. Hacen falta pocas matemáticas. El diminuto espacio, cerrado por murallas, preso del mar, sin desahogos para coches o humanos, multiplica su población por tres, por seis, según las horas del sábado, del domingo, del lunes festivo local.

Es fácil entender que las calles están atestadas y los locales, de cualquier tipo, también. Algunos se blindan con barras y atienden solo a la calle. Otros, directamente, cierran. Son días complicados para disfrutar de una comida tranquila, sentados. Es posible la calma si el comensal se aleja del centro (hay otras grandes opciones en Extramuros, Paseo Marítimo, La Laguna…) o sabe encontrar fechas y horas adecuadas. Pero el mogollón es la norma, no nos engañemos. Vaya por delante para solicitar comprensión mutua, entre el atendido y el que atiende, el que disfruta y el que trabaja. Pero algo habrá que comer para buscar sin rumbo, pausa ni normas las chirigotas callejeras, para seguir carruseles de coros, para cantar y, sobre todo, escuchar. Es la fiesta de la palabra. Todo, hasta la comida y la bebida, están a su servicio. Puede que no sea el mejor momento del año para sacar conclusiones de ningún establecimiento, hay que saber dónde y sazonar cualquier plato con humor y paciencia. Aquí van pistas (por zonas) sólo del casco antiguo para tomar algo. Son orientativas y nadie se hace responsable de un posible chasco.

La Viña

Es el barrio carnavalesco por excelencia y, por tanto, el más visitado. Aún así, puede ser el más complicado para recomendar lugares en los que comer. Los maravillosos lugares que visitar todo el año, como Casa Manteca (preguntar por Corralón de los Carros) o El Faro (preguntar por calle San Félix), están atestados. Aún así, son siempre recomendables pero conviene saber que hay que enfrentarse a la multitud para llegar a la barra. Otros como La Tabernita (calle La Palma) directamente cierran hasta que pasa el tsunami. Puede ser una buena opción La Isleta (preguntar por Corralón de los Carros o plaza de la Reina, incluso por La Salle Viña, está a 20 metros). Es un local con vocación de multibar, horario amplio, oferta relativamente cuidada y extensa, en horario y opciones, con actuaciones, amplitud… Una buena idea.

La Tabernita

La Tabernita está en una de las zonas fuertes del carnaval. | G.C.

Palillero y Candelaria

El centro del centro, el meollo del casco antiguo. Aunque sea una plaza pequeña y diminuta, es el eje sobre el que gira toda esa zona esencial. En la calle Feduchy, es una opción segura y sabrosísima, internacional y divertida, La Candela. Para los clásicos que gustan de mesones resulta muy recomendable Casa Lazo, en la trasera de los Multicines El Centro (para preguntar por esa zona). Buen pescado frito y recetas andaluzas tradicionales, carnes y chacinas de calidad, con bodega respetable. Mucha madera, ya sabes. El entorno de la plaza de Candelaria es, quizás, el que más ha progresado en la ciudad en los últimos dos años. Sonámbulo es una de las mejores opciones, con una carta larga y ecléctica en la que mandan la calidad y la diversión. De carnes de La Janda a pescados de la Bahía con toques internacionales y detalles cosmopolitas deliciosos y divertidos. Casi lo mismo puede contarse de un local a menos de 50 metros, Código de Barra. Entre medias, un café romántico de los mejores de España, Royalty, con una carta de meriendas deliciosas (preguntar por los picatostes) y una cocina más que respetable para almuerzos y cenas. En ese mismo entorno, merece la pena preguntar por El Garbanzo Negro (al pie de la Torre Tavira, para preguntar) o La Tapería de Columela (en la calle homónima y con colas porque Tripadvisor lo tiene entre sus favoritos absolutos). Carta muy larga, con propuestas para todos los gustos, con especial cuidado de carnes y pescados. Para tapear de pie, en su extensa barra o sus mesas altas. Gran surtido de vinos, cervezas. Un punto de calidad en la elaboración que se agradece en días de bocadillo y apresuramiento. A tres pasos del Mercado Central, El Palillero, Candelaria, San Agustín… Es decir, estratégicamente situado.

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Código de Barra es una buena opción para los que busquen una cocina más gastronómica. | G.C.

Mendizábal (Vargas Ponce)

En esta zona también puede entrar La Candela (el casco antiguo de Cádiz es tan pequeño que cuesta dividirlo por áreas) pero manda la Taberna La Manzanilla, uno de los tabancos más hermosos de Andalucía y España. Sólo vinos generosos de Jerez y Sanlúcar, si pides Coca-Cola te miran mal._Sin cocina, sin más, sólo ese tesoro milenario en un entorno mágico. El Cañón es una buena opción para tapas y bocatas, como Las Nieves (otro local con más de cien años de vida) y El Callejón (entre Vargas Ponce y la calle Cristóbal Colón) que tiene una bodega muy curiosa, tanto como su cocina. Apenas a unos metros, en la calle San Francisco, está La Vaca Atada, una cafetería de cocina argentina con delicias para tomar y llevar, urbana e internacional, siempre deliciosa.

San Francisco y plaza de Mina

Muchos sibaritas de Cádiz, muchos cocineros profesionales, visitan con regularidad una pequeña taberna marinera llamada El Adobo (preguntar por esquina de las calles Rosario y Beato Diego) porque sostienen que es uno de los lugares en los que mejor se fríe el pescado. A veces tiene especies inusuales, como morena en adobo. Lugar fijo porque estos días es obligatorio probar pescado frito (intente huir del diminutivo manido) en Cádiz para cualquier visitante. Su decoración es de un costumbrismo sorprendente, como anclada en el tiempo. Tiene una agradable terraza en un callejón peatonal. En esa misma zona merece la pena probar con Casa Antonio (calle San Francisco, 3) si el cliente es afín al clasicismo, a las recetas eternas y las viandas de calidad. En el entorno de Mina, lo que quieran divertirse deben probar con Ultramar&nos (San José con Enrique de las Marinas) y ConFusione, un novísimo italiano exquisito (preguntar por calle Buenos Aires esquina a Calderón de la Barca) que suma la excelencia del recetario transalpino con el producto provincial. Para no perdérselo. En la calle Zorrilla, vía clásica para el tapeo local, conviene atreverse con Cumbres Mayores, un mesón de vocación serrana, puro jabugo con todo lo que eso supone.

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Cocina tradicional, con productos propios en Casa Antonio. | G.C.

San Antonio

La calle que conecta San Antonio, la del escenario principal, con la plaza del Mentidero es esencial. Allí está La Curiosidad de Mauro. No es habitual tener a un cocinero con estrella Michelin (la logró en Skina, en Málaga) en pleno centro de Cádiz, en un local rehabilitado. Sabor, creatividad y travesura en unas creaciones sorprendentes y, a menudo, memorables. Gran cuidado en el producto para convertir la tradición gastronómica local en atrevimiento puro. A precio razonable. Enfrente está Veedor, un clásico lleno de tortillas, cocina familiar, chacinas y buenos vinos. Apenas a unos metros, La Parra de Veedor ofrece un entorno encantador con recetario familiar. En la misma plaza de San Antonio conviene probar Casino y a unos metros (esquina de San José con Cervantes) El Recreo Chico, un rincón delicioso con su frito del día, su guiso del día y cocina tradicional revisada.

Plocia y San Juan de Dios

Una de las novedades del último otoño-invierno fue Salicornia (preguntar por calle Plocia). Una delicia de fusión entre producto, memoria gaditana y filia por la cocina asiática de la mano de Juan Höhr. A dos pasos de San Juan de Dios, que se convierte en un hormiguero durante los días grandes de Carnaval (sábado noche, domingo, lunes festivo local). Exquisitos también El Chicuco (plaza San Juan de Dios con Plocia) y El Lucero del Muelle (avenida del Puerto, frente al recinto portuario, en la parada de autobuses), como Garum y el gran templo de la cocina vasca en el centro de Cádiz, llamado Atxuri. En la calle paralela (Sopranis) está el restaurante del mismo nombre. Una delicia recomendada por todas las guías, de Repsol a Michelin, que ofrece un menú de Carnaval más que recomendable. En esa misma calle, La Rambla ofrece cocina de fusión gallego-andaluza en un entorno eterno, con azulejos viejunos y todo eso.

El Chicuco Cádiz

En El Chicuco se pueden degustar vinos y tapas en plena plaza San Juan de Dios. | G.C.