Valvatida: El lugar que te mereces

Por Margarita Gutiérrez

Un restaurante pequeño y acogedor al que he visto crecer. Apenas cinco mesas al principio a las que se sumó una segunda planta y su terraza en la calle cuando el tiempo lo permite, que en esta provincia bendita, es casi todos los días. Pero siempre lo adivinamos grande. Desde el comienzo supimos que iba a serlo y aún hoy seguimos sospechando que Valvatida tocará las estrellas. Desde el mar al firmamento.

«Tú dame la oportunidad, que yo me encargo de que merezca la pena…» leemos nada más entrar, en una pizarra con el dibujo que da nombre al local. Estrellas de mar que significan la vuelta al hogar de los seres queridos. Estrellas que un padre arrancaba al mar para poblar los sueños de su hija. Regalos del mar para compensar tanta espera.

La recomendación de un amigo me llevó una noche a cenar allí y ya no puedo dejar de volver. Siempre dejo que ellos me recomienden, y si llamo tarde o apurada revuelven cielo y tierra para buscar un hueco en su casa. Porque precisamente eso es lo que, desde la primera vez que vas, consiguen Tamara y Jesús: hacerte sentir en casa. Siempre con gran profesionalidad. Ponte en sus manos. Llega y diles que te pongan lo que quieran porque todo, absolutamente todo, es bueno. Calidad y un exquisito trato.

Su amor por la tierra, por el producto local, te contagia el orgullo que sienten por lo nuestro. Las carnes de la Janda, nuestro pescado, el atún rey salvaje de almadraba. Las algas de nuestros esteros, sal, verduras, embutidos, vino, aceite, quesos. Incluso cerveza. Cien por cien Cádiz. Lo que tenemos y de una vez, lo que merecemos. Sacas pecho en Valvatida.

Le dan la vuelta a todo para potenciar sabores con lo de aquí. Aprenderás nombres nuevos (salicornia, por ejemplo) que siempre estuvieron junto a nosotros y no supimos verlos. Mezclan, prueban, saborean y tú recibes, mezclas, pruebas, saboreas y agradeces.

Jesús en la cocina y Tamara en sala, son el ejemplo perfecto de emprendedores que no se quisieron ir. Son el empeño en quedarse sabiendo que se puede, porque tenemos todo lo necesario. Sólo necesitamos hacer las cosas como ellos demuestran, cada día, que pueden hacerse. Cocina de primera con productos de primera y la sorpresa final de un precio más que ajustado, convierten a Valvatida en un referente gastronómico no sólo de Vejer, si no de toda la provincia gaditana. Sin fronteras.

(Capítulo a parte merecería el tema de los arroces de Jesús Recio. Les aseguro que no tengo espacio aquí, ni en las ocho siguientes páginas, sólo para hablar de ellos). Generosos también, recomiendan otros restaurantes, cafés y tiendas de la zona.

Comparten y contagian entusiasmo. Saben que el éxito es una suma. Saben hacerte partícipe del entorno.

No quiero adelantarles nada. Como en ese final cinematográfico que deseas que disfruten –mientras te muerdes la lengua para no restarle un ápice de sorpresa, de deleite a la experiencia propia– no voy a detallarles mas, segura como estoy de que una vez que vayan no tendrán más remedio que volver. Ellos se lo merecen y nosotros también.

Está en esa maravilla de pueblo blanco que es Vejer pero debería haber uno en cada pueblo.

Vayan a Valvatida y conozcan el material con el que se tejen los sueños. Ese mismo material que da forma a las estrellas.