Lo que nunca muere, los que nunca cierran

Por Margarita Gutiérrez

Lo que nunca muere, los que nunca cierran

De las innumerables ventajas del segundo puente-puente de la Constitución de 1812-puente de La Pepa; es que acerca a los de Cádiz-Cádiz al mundo exterior. En ocasiones tanto, que nos lleva el mismo tiempo tomar la cervecita en otros municipios allende la Bahía que en el Paseo Marítimo o en el centro de la ciudad, dependiendo de donde mores.

Ventaja aplicable recíprocamente a los pueblos del otro lado, y así podremos ver aquí y allá cosas que ustedes no creerían: atacar naves en llamas más allá de Orión, rayos C brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tannhäuser y gracias a ese puente tan estupendo, saber que todos esos momentos no se perderán como lágrimas en la lluvia. Es hora de comer.

Mirado desde este lado, véase Cádiz Norte, la playa de Valdelagrana nos queda a tiro de piedra, y con ella un sinfín de sorpresas que nos harán brillar en la oscuridad aún a plena luz del día. Viajemos señores. Hay vida más allá de Puertatierra, incluso de Cortadura.

El continuo abrir y cerrar de negocios hosteleros en las zonas de playa, aparte de ser un fenómeno más que conocido, aporta una seña de reconocimiento a aquellos que sobreviven un año tras otro. Algo tiene que tener un restaurante para que siga funcionando incluso en la más baja de las temporadas, saltándose todas las lógicas del turismo estacional. Mucho debe tener para que, en cualquier fecha, sea más que conveniente reservar mesa antes de caer por allí.

Dueño y local comparten nombre: Juan Antonio. Ubicado en esa larga Avenida de la Paz, que empieza en la carretera y termina en la misma playa, casi pegado al hotel Puertobahía.

Comparten nombre acertadamente porque son uno. Dueño y alma del local. No sólo su trato es exquisito, está pendiente absolutamente de todo. Te sientes atendido, te hace formar parte del asunto. Pide tu opinión y la pide sinceramente. No hay una mesa por la que no pase para asegurarse que todo va y está bien. Por misterios del destino conozco dónde y a quién compra la materia prima.

Puedo asegurarles que siempre busca y encuentra lo mejor para su casa y sus clientes. En muchas ocasiones a un elevado coste que jamás repercute en el precio final de su carta.

Cocina tradicional convive con vanguardia por lo que te puedes animar a ir lo mismo con tus hijos, con tus padres que con el más foodie-gastro-bistro-superchuli que conozcas. Los ojos en blanco están asegurados ante el mejor y más fresco pescado, la carne más sabrosa, las mil formas de preparar el atún, los distintos arroces, las sardinas marinadas con salmorejo o el salmón con salsa de yogurt. Si quieres tomate confitado con lascas de Payoyo y vinagreta de frutos secos, te relamerás igual que si eres más de morcilla de cebolla y chuletitas de cordero.

Las sugerencias diarias de productos frescos son muy recomendables. Y por lo que más quieran dejen hueco: el tiramisú es una sorpresa espectacular al igual que el mango con mascarpone y azafrán. Ahí es cuando llegas de verdad a la mismísima puerta de Tannhäuser.

Cocina del Norte convive con cocina del Centro y cocina del Sur, su bagaje para nuestro disfrute. Juan Antonio es el restaurante que puedes recomendar sin equivocarte, a quién sea y cuándo sea. Nunca falla, que ya es mucho.