Porque yo lo valgo

Cualquier ciudad de cualquier sitio con costa. Primera línea de playa y un local enorme. Puede usted estar en Cádiz, en Almuñécar, Torremolinos o Benidorm. Frío, aséptico, quirúrgico. Blanco y negro. Eficiente y eficaz servicio. Comida elaborada y posteriormente refrigerada.

Todo funciona con exactitud suiza. Los tiempos empresarialmente estudiados para que llegues, comas y te vayas, dejando la mesa libre. Nada invita a quedarse, no es local para sobremesas. Ni demasiado bonito ni demasiado feo. Correcto. Todo correcto. Lo imagino diseñado con criterios de calidad estándar orientados por un carácter globalizador que cubra todos los aspectos de la organización, en un marco de trabajo no-prescriptivo, que reconozca que el éxito se puede lograr de manera sostenida mediante distintos enfoques, una vez analizados en profundidad necesidades y expectativas de sus actuales y potenciales clientes. Una cadena de montaje, para entendernos. El único fallo de la cadena es la omisión del paso 17 del subcriterio 32H, apartado E: «Las viandas deben de dejarse un ratito a temperatura ambiente, tras sacarlas del frío industrial en el que fueron introducidas a las 8 horas, 45 minutos y 31 segundos de esta mañana».

Como consecuencia de ello, no pude apreciar la diferencia de los sabores de las tres ensaladillas (perfectamente equidistantes sobre plato de pizarra) que componían el mundialmente célebre ‘trío de ensaladillas’. No obstante, cuando llegó el deshielo -gracias en gran parte a nuestro agradable clima-, pude comprobar que todas ellas estaban bien: 5 sobre 10.

Alcachofas salteadas que habían saltado de la lata que, apresuradamente, yo me salteo los días laborales sorteando los horarios de mujer trabajadora, madre y amantísima esposa solícita.

Pulpo a la brasa igualmente correcto. Ni blando ni duro. Enfocado al espectro u horquilla dentadura del cliente 40/55 años. Público mayoritario de cualquier negocio debido al ‘baby boom’ de los 60. Intuyo se irá ablandando (el pulpo) con el transcurrir de los años y el significativo aumento de la esperanza de vida de la franja mediterráneo-atlántica europea.

Chuletitas de cordero pertinentes, adecuadas. Casero brownie de postre, que efectivamente hago yo mejor en mi casa. Gran clavazo con los vinos. No se puede ir de guay en según qué sitios. Si te sales de la fila, lo pagas y si no, hazte cliente estándar ¡Qué manía con ser siempre el de la ‘desviación típica’!

Lo que si resultó ciertamente lamentable fue el morrillo de atún. Agradablemente compensado por un riquísimo arroz negro con chocos.

El local tiene un ingenioso sistema exterior de barajas metálicas que permite fumar sin saltarse la ley. Es la base e inspiración del rebuscado nombre del lugar. Como fumadora impenitente que soy, es de suponer que debería agradarme la iniciativa pero muy al contrario no sólo no me agrada, además veo arrogancia e impertinencia detrás . Algo muy parecido a lo que siento con el eterno culebrón del edificio de la Aduana. Subjetivo, evidentemente.

Frente por frente cuenta con una de las mejores playas urbanas de este país. Es incuestionable que si ustedes están disfrutándola y necesitan comer rápido, bien y sin precios abusivos, este es un sitio. No esperen experiencias gastronómicas. No busquen el alma gaditana. Renuncien a una decoración acogedora. A cambio obtendrán eficacia y eficiencia. Vayan, coman, fúmense el cigarrito y sin pérdida de tiempo vuelvan a tomar el sol.

Especialmente indicado para turistas de corta estancia. Ellos lo saben. Nosotros también.