Refugio nipón para gaditanos

Mau Mau es uno de esos sitios donde terminas sin saber muy bien por qué o sabiéndolo muy bien porque acabas de salir del cine y tienes hambre. No un hambre del que se quita con una hamburguesa o un montadito… Hambre de algo bueno. Este restaurante de guiños asiáticos abrió sus puertas a mediados de 2015 en el espacio superior que El Corte Inglés ha habilitado como zona de restauración y que antes ocupaba Romerijo. Sus padres eran Mauro Navascués y Mauro Barreiro, de ahí el curioso nombre, aunque Barreiro se apartó del proyecto un tiempo después para volcarse de lleno en la que es su casa, La Curiosidad. Él fue el artífice de la fusión gaditano-nipona junto con el propietario de Gadisushi, que permanece al frente. Ambos fueron dos avales más que suficientes para pensar que sería un sitio diferente donde dejarse caer. Allí se podía degustar el sushi que tan famoso hizo a Navascués en el ámbito gastronómico, entre otras curiosidades como la ensaladilla con toques orientales. Algunos de estos platos siguen en carta, y otros han sido sustituido por nuevas propuestaswan-tun-rabo-toro

Volviendo al principio, llegamos allí porque acabábamos de salir del cine de ver el sobrevalorado musical ‘La La Land‘ (la crítica cinematográfica es cortesía de la casa). Siempre es buen momento para el sushi, así que, estábamos cautivos en El Corte Inglés. Había visitado en otras ocasiones Mau Mau, siempre con buena impresión, pero esta vez, creo que por haber sabido pedir con mucho acierto, fue una locura.

mau-mau-hamburguesa

Probamos la ensaladilla antes mencionada, que decoran con wakame, nori, habas, y pan de gamba. Esto es un detalle que para empujar viene muy bien, además de porque hay una ley físico-gastronómica que dice que todo lo frito tienda a estar riquísimo. Lo frito, y lo que lleva rabo de toro. Siguiendo esta teoría, no podemos salir de Mau Mau sin probar los wan tun de rabo de toro, una masa frita rellena. Nunca podré agradecer los suficiente a mi acompañante que decidiera pedir la llamada ‘hamburgueisha’, una hamburguesa de pollo. Así contado suena muy básico, pero entrando en detalle, diré que el pollo es teriyaki y viene dentro de un pan chino . Sí, pan chino, ese oscuro (y frito) objeto de deseo, de los pocos buenos recuerdos que al menos yo, tengo de la comida china de los típicos restaurantes de cartas infinitas y menús. Hay que probarla, y una vez cumplido el objetivo, repetir. Por último, el Sushi, con mayúsculas. Probamos una combinación que nunca había visto antes, propia de la originalidad que caracteriza a Gadisushi. En la carta lo llaman (apunten) ‘patotuna’, aunque bien se podría llamar ‘patatún’, que es lo que casi me da cuando lo probé. Haciendo referencia de nuevo a la carta, lleva atún, mango con foie flambeado y salsa kabayaki, que se elabora con anguilas. La mezcla de sabores me hizo creer que el pato y el atún eran dos partes del mismo animal. Todo con la exquisitez intrínseca al sushi. Una delicia.

patotuna-mau-mau

¿Cuál es el inconveniente de Mau Mau? El servicio desde luego no, son muy atentos. Tampoco los vinos, tienen una carta variada con cervezas japonesas, sake, y vinos de Cádiz, Toro, Ribera del Duero… Su ubicación es quizás lo más complicado, pues nunca dejas de estar en un centro comercial. Aún así la decoración es muy acogedora y cómoda, con muchos detalles asiáticos y un enorme mural obra de Iván del Río del que no puedes despegar la mirada buscando detalles.

De nuevo no hubo postre, porque disfrutar tanto y de noche, es un gran pecado. Aún así, merecen la pena por lo exótico de algunos de ellos: mochis, dorayaki (relleno de chocolate), sorbete de yuzu y lima, o el bizcocho de calabaza con helado de té verde.

Tanto si van al cine, como a comprar, o incluso si no tienen otra cosa que hacer que disfrutar de una cocina divertida y bien elaborada, no olviden que existe Mau Mau.