Familia

«Los padres deben poner retos a sus hijos para no mermar su capacidad de esfuerzo»

La coordinadora del equipo directivo del colegio Montessori-Palau apunta que los progenitores que insistan en convertir a sus hijos en "el rey de la casa" constribuirán a que tengan muchos más problemas

«Los padres deben poner retos a sus hijos para no mermar su capacidad de esfuerzo»

Montse Juliá,coordinadora del equipo directivo y coordinadora pedagógica de Infantil y Primaria del Colegio Montessori-Palau, es una firme convencida de que los niños deben asumir ciertos hábitos y responsabilidades desde bien pequeños y «no porque mamá y papá mandan en casa, sino porque deben ser autónomos y contribuir a la comunidad familiar con su aportación». Además, señala que si los padres no saben distinguir entre ayudar a un niño y dejar que no haga ciertas tareas, es que no diferencian entre lo que es «educarle y ser su sirviente».

En este centro educativo se esfuerzan en que los alumnos desde Infantil asuman cuanto antes responsabilidades, labor que intentan que tenga continuidad cuando llegan a su casa. «Es importantísimo lograr un equilibrio y comprender que si un niño ha aprendido, por ejemplo, a atarse los cordones de los zapatos es un desprecio para él que sus padres no le dejen hacerlo solo y prefieran atárselos ellos porque así acaban antes. La paciencia es una virtud».

«Desde que el pequeño comienza a caminar, sobre el año y medio de edad, ya se le pueden asignar ciertas tareas»
Lo contradictorio, según esta docente, es que los padres llegan a la escuela y piden fórmulas para que sus hijos sean obedientes y realicen tareas, «pero no hay recetas». Añade que a los niños hay que ir preparándoles poco a poco para que ganen en autonomía, y para ello «hay que mostrarles y comunicarles desde muy pequeños cómo se hacen las cosas y conseguir que sean partícipes, aunque la labor la realice el adulto. Ya aprenderá con el tiempo a hacerlo correctamente».

Explica que antes de los tres años no pueden obedecer porque hacen las cosas de manera inconsciente porque su único interés es explorar el mundo. A partir de los tres adquirirán un mayor lenguaje y obedecerán de vez en cuando y a los cinco «¡deberían ser los profesionales de la obediencia hasta los siete años! porque sus padres son su referente absoluto y valoran todo lo que les indican en grado máximo». Sin embargo, después de esa edad comenzarán a cuestionarse sus órdenes y necesitarán argumentos para llevarlas a cabo. «Si esta secuencia no se cumple en una familia, es que algo ha fallado», insiste.

En opinión de Montse Juliá desde que el pequeño comienza a caminar, sobre el año y medio de edad, ya se le pueden asignar ciertas tareas como llevar las servilletas a la mesa y, poco a poco, el resto de utensilios para que no se haga daño. «En Infantil y Primaria les enseñamos destrezas de la vida práctica y con 5 años ya asumen que deben fregar el suelo si lo han manchado de pintura, recoger el materiales, contribuir a que la clase esté limpia y bonita... Si estas disciplinas se desarrollan también en casa, los padres lograrán niños más seguros, sociables, trabajadores y líderes, «pero los que insistan en convertir a sus pequeños en el rey de la casa, constribuirán a que tengan muchos problemas», asegura esta experta.

Responsabilidades por áreas

Por ello recomienda, además, que los padres pongan retos a los niños para que se esfuercen en conseguirlos. Explica que desde Infantil se deben trabajar las responsabilidades fundamentalmente en cuatro bloques:

—En el funcionamiento de la casa: en la limpieza de la cocina, baños, colocar la ropa, poner la lavadora, tenderla, saber en qué consiste una alimentación sana..

—En la medicación: es necesario que tengan un primer contacto para tener respeto a los medicamentos y saber que se puede esperar y no tomarlos en cuanto dicen que les duele algo. De lo contrario, se fomentarán niños poco tolerantes.

–En la calle: cómo moverse sin peligros al cruzar, cómo comportarse en un supermercado, al hacer la compra, al ir en autobús, normas de cortesía. Si no se enseñan entre los 6 y los 12, que es cuando se produce su desarrollo moral, después no les importará este tipo de comportamientos.

–En relaciones sociales y comprensión: se les debe hablar de la propiedad privada, del derecho a la imagen, de los límites de las leyes, de la moral en diferentes sucesos, de la responsabilidad ambiental...

Advierte Montse Julia, que en muchos casos, el niño, aún habiendo aprendido, por ejemplo, a desvestirse solo, intentará convencer a lo padres de que lo hagan ellos. «No es que no sea obediente o un vago, es que no querrá porque requieren la atención y compañía de sus padres porque muchas veces se le dice "quítate la ropa y ponte el pijama" y así la madre aprovecha ese momento para irse a preparar la cena. Es una reacción lógica, prefieren que los padres le hagan compañía».

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