«Un padre o un abuelo pueden ser tan buenas "madres" como la progenitora»

Mª Cruz del Cerro es especialista en conducta parental y autora del libro «El cerebro afectivo»

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Todos hablamos de amor, pero igual no somos conscientes de lo importante que es para el desarrollo de las personas. Mª Cruz del Cerro, experta y catedrática de Psicobiología en la UNED, lo explica en su libro «El cerebro afectivo» (Plataforma Actual, 2017), un sencillo manual para entender la importancia de los afectos.

¿El amor es química?

En parte sí, como todo. El afecto, el amor, el cariño... Las emociones positivas y negativas son química porque todo es neuroquímica. Todas nuestras reacciones son el resultado de una comunicación sináptica y de muchas más cosas que están influyendo en ese intercambio de información. En realidad somos nuestro cerebro. Pero también nuestro cerebro es lo que hay a nuestro alrededor y lo que ha habido previamente, a veces nuestros genes van incorporando cambios para adaptarnos a lo que nos rodea y entonces, somos lo que somos ahora, pero también lo que fueron nuestros padres, nuestros abuelos... Nuestra especie en definitiva. Todo es química, pero también es lo social, lo interactivo, lo integrado...

¿Somos química entonces?

Somos nuestro comportamiento, nuestros deseos, acciones, sueños, afecto, odio... porque todo eso es el resultado de una interacción de células muy concretas, las neuronas, que son alimentadas por otras que también están en el cerebro y funcionan gracias a otras que son un soporte.... Claro que somos química, pero también muchas cosas más: sociedad, evolución, individuos, familia cercana, familia ancestral, especie... Una parte de ese todo es química cerebral.

¿Es el amor la fuerza que mueve el mundo?

De eso estoy segura. Lo que he intentado hacer con este libro es demostrar a través, no solo de opiniones, sino de estudios experimentales, tanto en modelos animales y sociobiológicos y estudios realizados con humanos, que el afecto en los primeros años, todo lo puede.

Nuestro cerebro sigue siendo plástico hasta que nos morimos, pero hay unas ventanas de acción que van desde la gestación hasta los seis años, incluso hasta los diez, en las que mucho de lo que somos se va a ir fijando, porque es entonces cuando el cerebro se está creando, fabricando nuevas redes de neuronas que después reproducirán millones de conexiones sinápticas.

¿Condiciona el amor el futuro de las personas?

Cuando el amor y el afecto se dan en esos periodos tempranos, los niños evolucionan bien. Sin embargo, se ha comprobado que los bebés que se crían en instituciones donde ni siquiera se le coge en brazos, se les deja el biberón en la cuna y no reciben ninguna muestra de afecto, acaban padeciendo un síndrome que se llama marasmo. Las criaturas que no han recibido afecto y ningún cariño en su primera infancia pueden llegar, en los casos más extremos, a morir.

¿Es reversible esa falta de amor durante el embarazo y los primeros días?

A pesar de que durante el periodo de gestación y en esos tiempos postnatales, el bebé haya tenido algún tipo de problema, tipo estrés prenatal, que no le cuiden bien, etcétera, cuanto antes sea acogido por una familia, o alguien que le quiera activamente, mejor. El cariño temprano hace que la conducta se recupere. Y aunque los problemas biológicos subsistan, ese niño no va a tener problemas de inadaptación o de alteración de conductas sociales. Hay una reversión de efectos si hay una madre, una familia, cuidador o cuidadores que acojan a esa criatura de una manera normal.

¿Hay modos no «normales» de manifestar el amor?

Existe el peligro del exceso de protección. Hay familias que sobreprotegen tanto a sus hijos que consiguen que estos sean «niños eternos». Esto es amor mal entendido. Suelen ser chicos frustrados que en el momento en que les faltan los padres, el apoyo social o el refuerzo positivo, se hunden en la miseria. Y llegan a desarrollar psicopatologías. Los extremos siempre han sido malos. El amor es muy poderoso. En los primeros tiempos de nuestra vida hace que podamos ser mas resilientes, que nos sepamos enfrentar mejor a las adversidades de la vida. El afecto bien medido, el amor familiar ya sean padres biológicos o no y de los cuidadores del recién nacido, en general, es crucial para la formación del carácter.

¿No responde el instinto maternal a la acción de parir?

No. Las madres tenemos un componente biológico asombroso, y es que, durante 9 meses, los niveles de progesterona son altísimos, lo que hace que estemos preparadas para el proceso del embarazo. Esa parte biológica de la maternidad es ancestral y ha hecho que las especies puedan sobrevivir, sobre todo los mamíferos. Pero después de dar a luz la cuestión no es tan hormonal. Es más experiencial y ahí pueden entrar el padre y los cuidadores. Puede ser tan buena madre, un padre como un abuelo... de manera que padres no biológicos puede llegar querer y a desarrollar respuestas maternales en el cerebro de la misma manera que una madre biológica.

Afirma que los hombres necesitan más tiempo que las mujeres para establecer lazos paternales con los bebés. Entonces, ¿tendrá alguna carencia un niño que pierde a su madre y es criado solo por el padre?

Depende. El afecto todo lo puede. Todos somos cerebro y sociedad. En las familias de hace 50 años estaban muy divididos los roles, las madres para cuidar a los hijos y el padre para proporcionar sustento. Actualmente los hombres han cambiado de comportamiento y esto ha hecho que cambien sus niveles hormonales y respuestas ante el bebé. De manera que al hombre ya no le hace falta tanto tiempo para responder desde su substrato biológico de la misma manera que la madre porque los padres ahora se involucran mucho más.

Refieres que los niños necesitan tres cosas para criarse bien: Amar, animar y alimentar...

Sí. Es lo que hay que hacer con las criaturas, pero en su justa medida. Hay que reforzar lo positivo y olvidar lo negativo. Eso les crea cambios plásticos en su cerebro que les facilitan estar preparados a querer hacer más cosas y a aprender desde el refuerzo. Eso queda improntado en su forma de ser y les ayudará a ser mejores personas. El alimento no es solo el físico, también hay que nutrir su amor por la belleza, por la cultura, por el saber. Y en cuanto a animar, hay que fomentarles que asuman riesgos, se esfuercen y que trabajen por lo que quieren.

¿Está el carácter de una persona definido por el amor que haya recibido a lo largo de su infancia?

Esencialmente, sí, pero no totalmente. Hay gente que no recibe casi cariño y sin embargo tiene una capacidad de resiliencia mayor que otros que hayan sido más queridos, pero porque han tenido patrones y han tenido referencias buenas. Quien no ha tenido una mínima influencia de algún ejemplo o modelo afectivo positivo es difícil que salga adelante.