Consejos para no perder a un niño en la playa (ni en ningún sitio)

Mª Ángeles Miranda, presidenta de Seguridad Infantil, nos ofrece sus recomendaciones en esta columna:

MADRIDActualizado:

En una sociedad donde la rapidez e inmediatez de todo ha arraigado incluso en los momentos de ocio y disfrute, dejamos escaso tiempo para recapacitar, observar y detectar los riesgos para después aplicar la prevención necesaria. Es cuando sucede el siniestro nos preguntamos por qué ha pasado, haciendo caso omiso del cómo evitarlo.

Dedico estas líneas a prevenir que los niños se pierdan en la playa (extrapolable a cualquier espacio con gran aglomeración de personas) pidiendo un ejercicio de observación, recapacitación y detección del porqué, de forma que tú, lector, deduzcas como evitarlo.

El primer paso que tienes que dar es ponerte a la altura de tu hijo en la orilla de la playa y expliques todo lo que tu campo visual detecta: arena (poca), toallas (muchas), palos de sombrillas, palas y cubos, algún montón (perdón, castillo) de arena y muchos pies y piernas!

Ahora ponte en el lugar de un pequeño que llega a la playa (por fin) con unos objetivos muy concretos y para nada en sintonía con los tuyos o los que hasta antes de convertirte en padre o madre eran tuyos: jugar, experimentar con la arena, saltar las olas, correr hacia cualquier objeto, persona o nevera que me llame la atención y concentrarme tanto en cada una de las cosas por poco tiempo que dedique, que no escuche lo que mi madre o padre me indican, además por supuesto de ir cada dos minutos a explicarles lo que estoy haciendo con tono de voz excitado para que no pierdan palabra.

Y por último dedica a recapacitar el por qué rompo con la regla número uno de seguridad infantil en entornos acuáticos (#OjOPequealAgua): no perderles nunca de vista: ¿móvil? ¿Libro? ¿Periódico? ¿Revista glamourosa? ¿Amor incondicional por Lorenzo en posición horizontal?

Con los dos primeros ejercicios hemos detectado que es sumamente fácil que un niño se pierda, con el tercero conseguimos descubrir puedo (y debo) prescindir de aquellos elementos que provocan que me despiste y sea yo el que pierda de vista al niño en un mar de sombrillas por un lado, y un mar de riesgo de ahogamiento por el otro.

Podemos cerrar aquí el artículo, pero también podemos aprovechar para educar en prevención a los más pequeños, porque de todos es sabido que un despiste lo tiene cualquiera, sobre todo si se tiene que controlar a más de un pequeño.

1. Antes de salir comenta con los niños que vamos a pasar un gran día, y para ello es importante que un adulto siempre esté pendiente de ellos. Os deben avisar cuando quieran moverse del espacio que hemos «conquistado» en la playa, les acompañaréis en sus juegos, observaréis sus avances y así os lo pasaréis genial sin riesgos.

2. Ponles una pulsera de identificación (por si acaso) resistente al agua donde anotarás el nombre y el teléfono.

3. Al llegar a la playa jugar a ver quien descubre primero donde está el socorrista, sería excelente colocarse próximo a él, aunque a veces sabemos que es misión imposible. Pero saber su ubicación no solo les servirá a los pequeños como punto de referencia (estamos al lado, entre el socorrista y el espigón, el socorrista que está delante del chiringuito...) también es a quien deben acudir en caso de que se pierdan.

4. Evita indicar como punto de referencia la sombrilla de topos, o de rayas amarillas, o… no solo porque los pequeños pueden perder la percepción de si era roja o azul, también en la playa hay movimiento de sombrillas, unas van, otras vienen. Estar atento a los niños y a que los vecinos de toalla decidan dar por finalizada la jornada de playa y otros ocupen su lugar es a veces incompatible.

5. Y si aun con todo, el niño se pierde, no nos encuentra, ni encuentra al socorrista: decirle que no se pongan a andar sin sentido, lo único que conseguirán es alejarse más. Deben pedir ayuda a un adulto para que pueda encontrar a sus padres (recordad la pulsera identificación con nombre y teléfono)