Navidad«Pagaría por dormirme y despertar solo cuando esta vorágine de felicidad impuesta haya finalizado»

Dos de cada cinco españoles sufren fobias a las fiestas de Navidad. En los últimos años, ha aumentado un 25% el número de pacientes que acude a terapia por los trastornos que provocan estas fechas

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Cada vez son más las personas que padecen las llamadas fobias navideñas, según datos de Coaching Club, centro pionero en terapias grupales y personales. Se trata de un gran número de trastornos que a lo largo del año se logra tener a raya: estrés, trastornos alimentarios, problemas económicos o problemas de convivencia en familia.

«Me dormiría el 24 de Diciembre y me despertaría el 2 de Enero», suele ser la frase cada vez más escuchada en consulta de Coaching Club por estas fechas.

Verónica Rodríguez Orellana, Directora de Coaching Club, explica: «Aunque las fiestas navideñas suelen ser positivamente emotivas, puesto que conllevan celebraciones, anhelados encuentros, algarabía y distensión; en ocasiones, este broche de fin de ciclo nos traslada a un inevitable análisis evaluativo del tiempo transcurrido y, como consecuencia, a una cierta inestabilidad emocional en forma de ansiedad, frustración o tristeza motivadas por la insatisfacción personal ante los objetivos incumplidos».

Las visitas a terapia por estos trastornos ha aumentado un 25% en los últimos dos años. Se trata de un sentimiento cada vez más frecuente que ya se puede clasificar y definir como fobia a la Navidad.

Las fobias son miedos irracionales o desproporcionados que invaden nuestra mente y que además se manifiestan corporalmente, tienen por tanto una componente somática. En esta fecha afloran y se desbocan temores que teníamos agazapados, pero que ahora se evidencian en las reuniones sociales a las que asistimos.

Rodríguez Orellana desvela los 4 principales trastornos que aglutina la fobia a la Navidad y a las celebraciones de fin de año. Para ello analiza y revela testimonios de algunos pacientes:

Fobia social

«Normalmente me da angustia ir a las reuniones de empresa por temor a ser evaluada negativamente, ser requerida para hablar en público o simplemente tener que parecer obligadamente ocurrente, por lo que me cuesta mucho asistir a este tipo de eventos, hasta el punto de sentirme indispuesta y enferma por el mero hecho de saber que se aproxima la cena de Navidad».

Las celebraciones de Navidad y despedidas de fin de año pueden despertar este tipo de sentimientos en los individuos, es esta una época del año en la que brota una infinidad de emociones que permanecían ocultas hasta ese instante. En consecuencia, es vital que estas personas trabajen la gestión de sus emociones y de su autoestima.

Estrés y auto-exigencia

Marta es una mujer que paga habitualmente su auto-exigencia con continuas visitas a su médico de cabecera. En su sesión de coaching comenta lo siguiente: «Á medida que el fin de año se acerca y hago un balance del mismo, percibo un incremento de la insatisfacción y del estrés al constatar que no solo no he alcanzado las metas que me propuse, sino que tengo la sensación de que nunca consigo mis objetivos».

Este estrés puede somatizarse generando sensaciones de ansiedad, negatividad, mal humor, problemas alimenticios y trastornos del sueño, por lo que resulta trascendente trabajar para hacer disminuir nuestros niveles de auto-exigencia y establecer metas realistas que se encuentren al alcance de nuestras manos y no dependan en exceso de los demás.

Tristeza repentina

Clara relata en su sesión que es en estas épocas festivas cuando más desanimada se siente y no sabe por qué se reactiva el recuerdo de dos pérdidas importantes: la falta de su padre, que falleció el año pasado, y su actual divorcio.

«Siento que no tengo nada que celebrar, que todo es un absurdo sinsentido y me duele profundamente imaginarme al lado de familiares unidos y alegres. Pagaría por poder dormirme y despertar solo cuando toda esta vorágine de felicidad impuesta haya finalizado».

Cuando los cuadros de estrés empeoran, pueden generar estados depresivos. Al llegar las fiestas, todas las emociones se maximizan, los miedos se manifiestan y recordamos más nítidamente a las personas que ya no forman parte de nuestras vidas.

Todos estos factores pueden incidir en que sintamos una gran tristeza por terminar el año y tener la falsa creencia de que no hemos tenido ningún tipo de aprendizaje personal. Hay que tener en cuenta que aun de las peores circunstancias estamos obteniendo un crecimiento como seres humanos.

Compras compulsivas

Lara es una mujer que ha estado trabajando a lo largo del año en la gestión y el buen cuidado de su dinero. Había conseguido controlar su compulsión a las compras cuando, de repente, se da cuenta de que estas fechas le vuelven a despertar sus niveles de ansiedad y su inclinación a gastar desaforadamente.

Cuenta lo siguiente: «Me empeño en que todos tengan un regalo en el árbol de Navidad, pero no quiero que sea un simple detalle, sino un obsequio que les deje huella. Sin embargo, mi familia es muy numerosa y, cuando acabo de comprar algo para mi marido y mis hijos, quiero seguir con mis padres, hermanos y sobrinos. El corolario es un disgusto infinito al llegar el extracto de la tarjeta y una sensación de haber perdido el equilibrio y el autocontrol, tan arduamente conseguidos».

Cuando llega diciembre, todos nos sentimos en el compromiso de comprar regalos para nuestros seres queridos. En los centros comerciales abundan los descuentos y promociones que incitan al consumo, lo que comporta que haya que tener un cuidado extremo para no excederse y convertirse en un comprador compulsivo temporal.

Es importante entender que el dinero es un vínculo más y que, como tal, hace falta cuidarlo. Al igual que uno cuida a su familia y a sus amistades, debemos de cuidar del dinero y medir los gastos para gozar de buena salud económica el resto del año.