Jorge Bucay
Jorge Bucay - JESÚS AGUADO

Jorge Bucay: «El príncipe azul es un canalla, no me gustaría tenerlo como yerno»

El exitoso escritor y médico habla con ABC sobre su nuevo libro «Cuentos para conocerte mejor» en el que hace una relectura de las historias tradicionales originales y así mostrar una moraleja hasta ahora desconocida

MADRIDActualizado:

Durante los primeros años de la Segunda Guerra Mundial un circo alemán peregrinaba intentado llevar alegría a los pueblos. En una de esas paradas, un hombre abusó sexualmente de una de las bailarinas y como consecuencia quedó embarazada de un niño con deformidad: tenía la cara desfigurada, la cabeza desproporcionada y las orejas desplegadas y enormes. Todos lo rechazaban, incluso su madre, y fue encerrado en su carromato. Una noche, ante una buena noticia de la guerra todos se emborracharon y el niño escapó de su pequeña prisión. Aunque al principio intentaban evitarlo, los payasos empezaron a decirle «Tú eres único» y lo embriagaron y vistieron de pájaro para subirlo a la tarima más alta de los trapecistas. «Puedo volar mami», gritaba el pequeño antes de precipitarse al vacío.

Así fue la trágica y real historia de la que surgió uno de los personajes más entrañables de Disney: Dumbo. Los cuentos clásicos, tal y como los conocemos, son una adaptación edulcorada para los niños y Jorge Bucay, médico, psicoterapeuta gestáltico y escritor, ha querido recordar este hecho en su nuevo libro «Cuentos clásicos para conocerte mejor». Desde «El patito feo» hasta «La leyenda de Ulises», el autor ha reunido 15 historias clásicas relatadas en su versión original para mostrar su verdadero mensaje.

El exitoso escritor argentino, que tras más de una veintena de libros de los que muchos de ellos se convirtieron en «best sellers» tanto en España como en algunos países latinoamericanos, ha vuelto a recurrir a los cuentos para hacer reflexionar a sus lectores. En esta ocasión, ha estado indagando durante dos años y medio en el mundo de la fantasía para recopilar el origen de los cuentos más conocidos. Un trabajo que define «muy interesante» y con el que asegura que «disfrutó cada minuto». «Lo que más me gustó fue el placer de haber podido reunir casi todas las piezas, porque hay algunas historias que han sido completadas con mi pluma pues faltaban pedacitos y he tenido que recurrir a mi imaginario y a los cuentos que han llegado hasta nosotros», explica Bucay a ABC.

El «ayudador profesional», como se define a sí mismo porque ofrece el apoyo «para que cada uno se sane», reta a los lectores con su nueva publicación. Bucay quiere que relean las historias tradicionales que le contaban sus padres antes de dormir o con las que desgastaron las cintas de VHS, para que conozcan las moralejas que contienen más allá de las populares. Un viaje introspectivo en el que Bucay analiza personajes tan tradicionales como el príncipe azul o el lobo de Caperucita Roja en «La otra puerta», una parte de cada capítulo en la que hace una nueva interpretación personal para ahondar en lo peor y lo mejor de nosotros y nuestros comportamientos.

La mayoría de cuentos clásicos son de la Edad Media ¿Cómo pueden esos textos darnos enseñanzas del comportamiento humano del S.XXI?

Lo primero a lo que nos pueden ayudar es a darnos cuenta de que siempre nos pasa lo mismo, el desamor, las traiciones, el miedo o la vergüenza, no son nuevas; son desde siempre. Hoy, que vivimos mil veces mejor que en aquel entonces, seguimos teniendo problemas para saber qué significa el amor en nuestras vidas, la lealtad, la vanidad o la actitud soberbia. Estos cuentos reflejan simbólicamente estas grandes crisis de nuestros valores y estas derivaciones de nuestra moral racional.

¿Por qué eligió precisamente estos 15 cuentos?

Eso es difícil de contestar porque entra lo subjetivo. La idea era trabajar sobre los cuentos más clásicos porque creí que era una buena idea ocuparme de aquellos que todo el mundo conoce. Quiero mostrar que a través de historias que se sabían de antes, se pueden descubrir nuevos mensajes. El aprendizaje no solo consiste en aprender apectos nuevos para problemas desconocidos; sino en utilizar lo que ya sabemos para resolverlos.

Por otro lado, también los elegí con un criterio estético. Estos cuentos me parecen bellísimos y siempre he valorado su composición literaria, desde sus mensajes hasta la trama. Y la tercera razón es porque sobre estos cuentos yo tenía algo más que decir y que nunca antes se había dicho o yo no he escuchado que se dijera.

¿Por qué tiene predilección por «El patito feo»?

Es el primer cuento que me contaron y el que más me gustaba cuando era niño. Era justo rendirle un homenaje porque con él empezó mi gusto por los cuentos. Además, «El patito feo» conecta la declaración de búsqueda casi filosófica sobre la existencia y sobre la realización con que todos somos patitos feos; no solo porque todos nos hemos sentido alguna vez relegados o excluidos, sino porque nos hemos preguntado quién soy, a dónde voy y con quién. Todas estas preguntas, de manera muy interesante y en un lenguaje metafórico brillante nos las hace «El patito feo».

«El problema que tiene un chico que abusa de otro es la sociedad en la que se ha educado»

¿Cree que la relectura de «El patito feo» podría ayudar a alguien que sufra bullying?

Tú quieres que hable bien de mí pero me da pudor. Ojalá ayude a la sociedad aunque no sé si lo hará específicamente. Aun así, la sociedad debe darse cuenta de que el bullying no es un problema del niño abusado, es un problema social, me niego a pensar que el problema es de una persona, de una familia o de una escuela, eso es simplificarlo demasiado. Esta es una cuestión de la sociedad, como la violencia sexista o la delincuencia criminalizada, no de un individuo, es demasiado necio pensar eso. El problema que tiene un chico que abusa de otro es la sociedad en la que se ha educado. Ojalá sirva para que algunos educadores, padres y autoridades, que tienen más poder para cambiar estas situaciones, tomen más conciencia y encontremos juntos algo qué hacer. Este libro no tiene respuestas, la intención es ayudar.

¿Cómo influyen los cuentos en nuestra vida futura de adultos?

Ojalá que nos sirvan como referencias y para que acordándonos de «El patito feo» no dejemos de saber a dónde vamos, ni quiénes somos ni con quién estamos, ojalá nos sirvan en ese sentido. Si bien los cuentos tradicionales adaptados tenían una moraleja, los cuentos originales también. ¿Y para qué sirve esta moraleja? Para hacerte pensar en una dirección, luego cada uno elegirá su camino y después de haber pasado por ahí lo elegirá con más criterio, eso espero.

¿Es necesaria la figura del príncipe encantado, que aparece por primera vez en «La bella durmiente», y posteriormente se transforma en el conocido príncipe azul?

Para animar la trama siempre hace falta que estas cosas sucedan en los cuentos para niños. El inconveniente que se ha creado, y que creo que es un problema, es que en la necesidad que tuvieron algunos para cambiar los cuentos y hacerlos más digeribles para los niños, la figura del príncipe azul quedó en la impronta de algo deseable cuando la realidad es que el príncipe azul es un canalla. El príncipe azul de «Cenicienta» es un poco particular, pero tanto el príncipe de «La bella durmiente» como el de «Blancanieves» son dos tipos un poco despreciables. Lo menos que yo querría sería tenerlos como yernos. Si mi hija se sentara a esperar a uno de estos dos príncipes le diría: «espabila nena, me parece que estás eligiendo mal». Y esto sí me parece importante. Las mujeres deben darse cuenta de que estos príncipes azules son ficciones y que, además, si existieran, habría que alejarse de ellos. Uno por canalla y los otros por inmorales.

Entonces ¿cree que esta figura ha creado más bien daño a la sociedad?

No, porque la imagen que ha quedado es la imagen de alguien noble, viril, complaciente y enamorado, así que daño no. Decía nuestro querido Joan Manuel Serrat: «Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio». Lo que me parece importante es que nuestras niñas sepan que los príncipes azules no son así y, además, que hay que pintarlos del color que a ti te guste y no esperar que sean tan azules como te los pintan.

¿Cree que la readaptación de los cuentos tal y como hoy los conocemos protegió en exceso a los niños de la realidad?

No creo eso, no estoy en contra de las modificaciones que se han hecho, a mí no me enojan los endulzamientos de los finales de las películas de Disney. Los cuentos más clásicos se conocen mejor porque Disney los ha filmado, y yo en ese sentido, como adorador de cuentos que soy, elogio la intención, no me enojo para nada. Posiblemente haya algunas edades en la que ciertos contenidos no pudieran ser captados con intensidad o con belleza por los niños y haber endulzado esos finales puede haber servido para que sientan la historia. Nuestros hijos deberían conocer las dos versiones, la versión edulcorada y la versión más cruel y original. Las dos son hermosas y bellas.

¿Por qué incluyó, dentro de estos cuentos clásicos, el relato bíblico de Adán y Eva?

La imagen de Adán y Eva y la interacción con Dios en el texto bíblico, que yo leí, dejaba a Dios en un lugar poco claro, casi acusándolo de ser un vanidoso, vengativo, odioso y temible, y en el Dios que yo creo no es eso. Por eso, me animé a incluir este mensaje, porque creo en un Dios más bondadoso y que tiene un propósito maravilloso para nosotros. En el cuento interpretado por mí, intento demostrar precisamente eso, que en esta entrada y expulsión del Paraíso había una intención educativa y constructiva en el empuje del crecimiento del hombre y no un castigo por ser desobediente.

¿Por qué le atrae tanto buscar el trasfondo de los cuentos?

Nací en una casa en la que todo el mundo contaba cuentos, soy nieto de inmigrantes judíos y árabes y todo el tiempo se relataban historias. Unos abuelos míos contaban cuentos del Corán y los otros abuelos de judíos y de rabinos. Además, el Padre Ramón, que estaba en la parroquia a la vuelta de mi casa. contaba cuentos del Evangelio en cada misa, así que mi vida estaba inundada de cuentos. No deja de ser razonable y lógico que en una casa donde se contaban cuentos y había un amor muy particular por ellos, ya que mi padre nos había enseñado con los libros, yo terminara amándolos al igual que mi hermano cuya lectura favorita siguen siendo los cuentos tradicionales.