David, de 18 años, fue diagnosticado de altas capacidades a los cinco
David, de 18 años, fue diagnosticado de altas capacidades a los cinco - ISABEL PERMUY

EducaciónDavid (18 años): «Tener altas capacidades no es sinónimo de buenas notas»

Este estudiante de Psicología ha tenido que recorrer un duro camino jalonado de depresión, ansiedad y problemas de sociabilidad

MADRIDActualizado:

Las altas capacidades parece que van de la mano con un buen expediente escolar y con éxito en la vida, pero la realidad es que no siempre es así. A David, hoy con 18 años y estudiante de Psicología, le diagnosticaron con cinco años, y desde entonces ha tenido que recorrer un duro camino jalonado de depresión, ansiedad, y problemas de sociabilidad. En un momento dado de su adolescencia, llegó incluso a sufrir acoso escolar por parte de sus compañeros de clase, que no le veían como a un igual. No lo era. Aprendió a leer sin ayuda con tres años, y cuando sus compañeros hacían sumas y restas, él multiplicaba.

Todo se torció cuando cumplió los 12. Su madre Mila relata cómo a su circunstancia personal se le juntaron las hormonas y las comparaciones con su hermana mayor, también de altas capacidades (AC), y su mundo se desmoronó. El joven lo cuenta así: «Hasta ese momento nunca me había tenido que sentar a estudiar, porque no me costaba nada aprender. Incluso me aburría. Me notaba distinto, a veces un poco desubicado, pero tenía amigos. Lo que me faltaba era el hábito de estudiar. Entonces empezó Secundaria y me agobié un montón. Me daba terror suspender, tener malas notas estando diagnosticado de AC. Y de pronto llegó un momento en el que me era imposible hablar con la gente», relata. «Fueron a por el diferente, a por el empollón, a por el que presentaba una mayor sensibilidad y lo interiorizaba todo», añade Mila.

David tuvo que cambiar varias veces de colegio hasta que en Bachillerato entró en el Areteia –centro pionero en educar en la diversidad—, donde según él mismo explica, «estuvo súper a gusto». Su director, Luis García Carretero, corrobora lo habitual de este tipo de situaciones: «Los alumnos de altas capacidades en muchas ocasiones viven en el ostracismo para no mostrar su peculiaridad: brillar puede entrañar sus riesgos cuando la escala de valores está confundida. Por otro lado el alumno de altas capacidades puede tener dificultades en su interacción social por su diferente madurez personal y por la divergencia de sus intereses respecto al grupo de edad». «Es por ello, -concluye el director de Areteia- que resulta imprescindible un compromiso firme y eficaz por parte de los centros educativos para favorecer una dinámica de convivencia respetuosa».

Esa es, en efecto, la mayor crítica que hace la familia de este joven: la aplicación del «rasero por lo bajo del sistema educativo español» y que no haya «profesores o psicólogos en los colegios preparados para asumir a estos alumnos, también con evidentes necesidades especiales». David sugiere que se haga «por ejemplo como en Estados Unidos, donde en lugar de dar todo el mundo el mismo nivel de asignatura, subas o bajes de curso según tu nivel», aunque reconoce que esto sería «más costoso y difícil». «Debería ser todo más flexible. No puede ser para todo el mundo lo mismo, ni que se considere como un éxito que un niño se aprenda de memoria un libro de 3.000 palabras».

«En efecto —corrobora su madre—, cada niño tiene sus intereses, sus dificultades, y sus problemas. No se puede pretender que en una clase vayan todos a una, pero el sistema actual es "café para todos"». Además, prosigue la madre, «por estadística, lo más lógico es que en cada clase haya al menos dos niños de altas capacidades que en este momento se pierden por falta de diagnóstico». «Es una pena que en España —corrobora su hijo—, se dejen escapar a estos chavales que pueden acabar siendo incluso fracaso escolar».

De hecho las estimaciones apuntan que entre un 2 y un 6% de la población es superdotada. Según datos del Ministerio de Educación, en España hay 300.000 alumnos extraordinariamente capacitados en la educación escolar obligatoria, el 99,4% de los cuales no se conoce, ya que sólo se ha identificado a un 0,6%, un total de 2.000 niños.

En la universidad española, que tiene 1.423.396 alumnos, no hay estudios sobre el número de superdotados, pero los expertos estiman que cerca del 1%, es decir, 14.233. Tal y como advierten, en este nivel educativo se debe aplicar un margen inferior al porcentaje del 2% que se observa en el resto de la población ya que casi la mitad se queda en el camino por el fracaso escolar y la falta de estímulos.