
Prandelli saluda a Pirlo tras la final./Charles Plaitau (Reuters)
Pizza, pasta y 'catenaccio' forman la santísima trinidad de los tópicos italianos. Pero un señor de Brescia se ha encargado de desterrar del fútbol uno de esos lugares comunes que constituían el símbolo del 'calcio'. Jugar con dos delanteros, unir a varios 'fantasistas' o pisar el campo contrario son señas de identidad de los italianos del siglo XXI, esos a los que les cuesta aguantar un resultado pero que sonríe cuando hay que atacar.
Con una pizca de personalidad y otra de necesidad, Cesare Prandelli trasladó a la 'azurra' el espíritu alegre que expandió desde el Atalanta hasta la Fiorentina. Al mismo tiempo, ha logrado encandilar a una afición que entiende que otra Italia es posible lejos de la herencia industrial de Vittorio Pozzo. El cambio ha sido drástico y doloroso. De los defensas que se recluían en torno a su guarida con el cuchillo entre los dientes se ha pasado a una generación de defensas menos dotada para el sufrimiento que se ahoga cuando les aprietan.
En la Eurocopa, el supuesto gen defensivo se ha demostrado inexistente. Ante España comenzaron con la ventaja de un gol de Di Natale pero terminaron sucumbiendo ante el empuje de los campeones del mundo. El avance que en otros tiempos habría sido decisivo se desvaneció en tres minutos. Contra Croacia se las prometían felices con el gol de Pirlo y terminaron agradeciendo un empate balcánico. En semifinales, debió ser el metrónomo y representante de la vieja guardia el que evitara un gol bajo palos en los primeros minutos de Alemania. Incluso Buffon se quejó de que bajaran la atención sus escoltas cuando los germanos les asediaron en los últimos minutos. Chiellini y Bonucci no son abnegados perros de presa como sus excompañeros, pero también en la final de 2000 Wiltord encontró un hueco entre Nesta, Iulianno y Cannavaro en el 94' que alcanzó la portería de Toldo y acabó con una prórroga con triunfo francés y amargura italiana.
Prandelli ha roto también con la idea del 'tridente' que se contagió por todo el país en los años noventa. Entonces los triunfos de los clubes en Europa se sustentaban con tres hombres abandonados a su suerte en ataque mientras el resto fortificaban el arco local. Ahora Marchisio se acerca al área rival, Pirlo abandona la zona del trivote como obligación y los laterales penetran con más frecuencias que los épicos Facchetti y Grosso. Incluso el formato de tres delanteros se ha abandonado ante la escasez de atacantes de gran nivel. Balotelli y Cassano fueron los indicados para la tarea en un puesto en el que Giuseppe Rossi habría sido el elegido si no se hubiera lesionado dos veces de gravedad. Cassano ha vivido seis meses de recuperación por una dolencia cardiaca y su rendimento era una incógnita antes de acudir a Polonia. Su acompañante, Balotelli, se proclamó campeón de la 'Premier League' en una campaña en la que se tambaleó tras una sucesión de enfrentamientos con Roberto Mancini, un técnico italiano formado en los viejos valores del 'catenaccio'. Demasiadas dudas como para dejarles solos. En tiempos de Lippi, Donadoni o Trapattoni sus trayectorias habrían apuntado al naufragio fuera y dentro del campo. Además, la incorporación de una pareja de talentos es toda una declaración de guerra en una selección acostumbrada a elegir a un solo 'fantasista' desde los tiempos de Rivera y Mazzolla hasta los de Roberto Baggio y Del Piero.
Con estos ingredientes resultaría un suicidio apostar por el conservadrismo y la eficacia de los atacantes. De hecho, Balotelli y Di Natale desperdiciaron sendos cara a cara con Casillas o Neuer que en otros tiempos les habrían costado una condena.
En definitiva, las circunstancias y la personalidad de Prandelli han germinado esta nueva Italia. Se trata de una selección que necesita varias oportunidades para anotar y por eso se nutre con dos delanteros con varios acompañantes. El equipo debe adelantar sus líneas porque cerca de su portería el cerrojo no es seguro. Incluso la opción de mantener el resultado con sacrificio y trabajo esforzado fracasó contra España, Croacia y Alemania. Por eso, optaron por guardar el balón al estilo español que el propio Prandelli ha señalado como referente. El 'catenaccio' es imposible por rendimiento y por convicción. Tendrán que buscar otro tópico.