Sergio Ramos celebra su gol en la tanda de penaltis./Michael Dalder (Reuters)
Cristiano Ronaldo llevaba mucho tiempo soñando con una noche como la de este miércoles para ponerse el traje de héroe, de súper CR7, y llevar a su país a la final de la Eurocopa vengándose de paso de una España que le mandó a casa en octavos del Mundial de Sudáfrica. Quiso la gloria, reforzar su candidatura al Balón de Oro, demostrar que es el mejor, inmortal, y se encontró con un ‘intruso’ que le robó el protagonismo con su sangre fría. Sergio Ramos, con el que comparte vestuario en el Real Madrid, lanzó un penalti a lo Panenka después de la prórroga y condenó al luso a la invisibilidad. No se lo creía, mirada perdida, mientras que España se fundía en un abrazo colectivo tras el definitivo tanto de Cesc.
El partido se presentó como una especie de batalla entre Cristiano Ronaldo y el resto del mundo, la estrella que luce en el pecho de España, aunque el ‘bicho’ tardó un rato en tomar el pulso de la semifinal. Mal augurio. Todo lo contrario que Portugal, que empezó muy valiente y se fue a presionar cerca de los dominios de Casillas, hasta con seis y siete futbolistas en determinadas fases del juego. Saltaron los hombres de Bento con la lección bien aprendida e incluso discutieron la pelota al equipo que no sabe vivir sin ella, su cordón umbilical con el fútbol que le encumbró en Sudáfrica. Se intuía un duelo duro, disputado, con un CR7 bajo lupa que buscaba el gol con el empecinamiento propio de un cazarecompensas.
Después de una buena ocasión fallada por Arbeloa, en el minuto 9, llegó la primera galopada del astro portugués. Subió por su banda, alcanzó la línea de fondo y puso un centro que acabó en las manos de Casillas. Un poco más tarde, dispuso de un tiro libre muy escorado en el costado izquierdo, pero todo el mundo sabía que no la iba a poner sino que buscaría los tres palos. Lo que encontró fue el pecho de uno de los jugadores españoles, que despejó su lanzamiento sin problemas. A Cristiano se le veía motivado, en permanente conversación con un centro del campo que trabajaba como las manos que construyeron América. Cuando algo le salía mal gesticulaba, se lamentaba, sin esconder su rabia. No disimulaba su descontento, que aumentaba a la sombra de Segio Ramos.«¡Que injusticia!», proclamó el luso después de que su selección cayera en la tanda de penaltis. Le costaba masticar la derrota, digerirla.
Hasta este miércoles, Portugal había contabilizado 33 disparos a puerta y 14 de ellos (42,4%) llevaban la firma de Cristiano. Tampoco se cortó contra España -acabó el tiempo regular y la prórroga con siete-, una selección a la que tenía ganas desde el Mundial de Sudáfrica, cuando sus compañeros del Madrid decidieron no hablarle durante el partido para sacarle de sus casillas. Y lo consiguieron, además de eliminar a los lusos en octavos. En el minuto 24 le cayó un balón en la media luna, y se sacó una volea que acabó en el satélite. Muchas risas en el Donbass Arena de Donetsk, pero las pulsaciones de CR7 iban en aumento y se le veía cada vez con más ganas, aunque sin el acierto y la mordiente de otras veces.
«Estoy emocionado»
Al filo del descanso, le dio tiempo de colocar un ajustado disparo al palo izquierdo de Casillas que se marchó fuera y de sacar una amarilla a Ramos, que hizo una de esas faltas estratégicas pensadas para frenar un contragolpe. El central sometió a una estrecha vigilancia a su compañero del Madrid, que en ningún momento pudo superarle con claridad ni sacar ventaja de sus jugadas individuales. Se midieron alguna que otra vez y el defensa siempre supo responder con acierto a las intenciones del portugués.
Lo seguía intentando, pero la noche se le resistía. Era de Ramos. El central decidió tirar el cuarto penalti a lo Panenka y lo metió. Cristiano no se lo creía. Brazos en jarra y la mirada clavada al suelo. El andaluz brillaba en el Donbass Arena. «Estoy muy emocionado. Ya lo había pensado (en lanzarlo así) y tenía ganas de hacerlo», dijo en clave de redención por aquella pena máxima errada en las semifinales de la ‘Champions’ con el Madrid. «Estaba animado, seguro y con confianza», añadió, antes de invitar a «soñar con la gran final». Un lugar imaginario para CR7, para la ‘bestia’, que este miércoles no era tan fiera.