Un momento del desfile de Prada en la Semana de la Moda de Milán
Un momento del desfile de Prada en la Semana de la Moda de Milán - AFP

Semana de la Moda de Milán: cuando tú vas, yo vengo

Gucci, Prada y Tod’s presentaron unas colecciones entre el sport chic y el feísmo ilustrado

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Las curiosas estrategias de las grandes marcas del mundo de la moda, con similares precios y casi idénticas políticas de distribución, pasan ahora por apropiarse de la imagen de sus competidores ocupando «nichos» de mercado que se van quedando vacíos. Las marcas adoptan el estilo que otras empresas han dejado de utilizar con las eternas ansias de renovación. Si hace un par de años veíamos como Gucci pasaba de su chic de ciudad a un estilo surrealista, barroco e incluso grunge, más propio de Prada o de Etro, ahora que la casa florentina se recrea en su renovado look a manos de Alessandro Michele, son otros lo que ocupan su antiguo «lugar» en el sempiterno y siempre exitoso estilo sport chic.

La Semana de la Moda de Milán ha sido testigo de estos cambios de «cromos» que serían casi cómicos de haber tenido lugar hace menos de diez años. Desfila en Tod’s una Kendall Jenner ataviada con un conjunto sacado casi literalmente de las colecciones crucero de Gucci de hace pocos años: pantalones remangados blancos, mocasines de conducir y -el colmo- los tops de pañuelos de seda con tira al cuello que Gucci ideó para viajar ligero de equipaje en el mar.

Prendas rompedoras

Por su parte, la marca creada por Guccio Gucci en 1921 se adentraba aún más en el nuevo estilo intelectual y barroco que Alessandro Michele ha definido para la casa, muy a la imagen y semejanza del Prada de los últimos años, con prendas rompedoras, calzado curioso y attrezzo teatral. Una suerte de traje de chaqueta blanco con mangas de kimono y la eterna Web verde-rojo-verde se acompañaba de surrealistas medias blancas cuajadas de bordados y un sombrero rojo de corte asiático -ahora todos se apuntan al carro de Oriente- cual bol grande de ensalada puesto del revés. Gucci, espectacular como siempre y caiga quien caiga en los accesorios de verdad, presentó un bolso de corte cesta minimalista de una modernidad absoluta, que nada tenía que ver con los locos atuendos. Los geniales zapatos blancos, eran capaces de alegrar -por sí solos- al atuendo más sencillo y las sandalias con pompones de plumas acompañaban con estilo a los abrigos largos de tipo kimono.

Pero como la ensalada estilística presentada por Gucci daba para mucho, no faltaron las faldas cuajadas de volantes desde la cintura, con chaquetas de telas floreadas de inspiración británica y cierre oriental, guantes rudos, zapatillas de estar en casa y esos imprescindibles y «atractivos» calcetines de lana a medio subir muy de Chus Lampreave en las películas de Pedro Almodóvar. En lo esencial y estelar, los bolsos renovaron con estilo modelos retro en cuero rojo, absolutamente actuales y ponibles. Este es el juego teatral de la moda, que presenta locuras para acabar vendiendo piezas razonables. La excepción son los zapatos, con los que la mujer actual disfruta sorprendiendo.

Prada, por su parte, es consciente de que su bajada de ventas durante estos últimos dos años -de un 10% solo en 2016- está ligada a la competencia directa que ahora tanto Louis Vuitton como Gucci le plantean al replicar su estilo, apropiándose de sus «atributos» de marca de corte surrealista e intelectual. La marca de Miuccia, por lo tanto, ha decidido emprender huida hacia nuevos horizontes y posicionamientos, en busca de un estilo que combina frialdad, masculinidad y locura a partes iguales, dirigiendo a Prada al tan poco comercial mundo del feísmo ilustrado. Aunque a decir verdad, el dúo Miuccia-Patrizio Bertelli siempre acaba acertando con nuevas formulas que se anticipan a la moda. Estaremos al tanto.