El humorista en el escenario de la Sala Anfiteatro de Cádiz, en 2010

El último «¡hasta luego Lucasss!» de Chiquito de la Calzada

España entera llora la pérdida del popular humorista, fallecido ayer en un hospital de Málaga a los 85 años

MálagaActualizado:

Ya está en el cielo, haciendo que los ángeles se desternillen. Alegre al fin junto a su querida Pepita. De arriba se escuchan risas pero abajo sólo ha quedado el dolor. Una pena compartida y transversal. Sin colores ni banderías. Desde el presidente del Gobierno -que mandó un telegrama- al ciudadano de a pie, España entera se sorprendía ayer compartiendo desconsuelo por la muerte de un cómico genial. El popular humorista Gregorio Esteban Sánchez, conocido como Chiquito de la Calzada, falleció en un hospital de Málaga a los 85 años por las complicaciones generadas después de que la semana pasada sufriera una angina de pecho.

¿Por qué tanta congoja por la desaparición de un humorista? Sólo un mensaje en pocos caracteres, el tuit con que la Casa Real expresó sus condolencias, lo resumía. «Hombre bueno, entrañable, genial, artista de todos. Gracias Chiquito, nos harás sonreír siempre», afirmaba. Se nos va un cómico que se convirtió en todo un fenómeno sociológico por su peculiar forma de contar chistes. El inventor de un surrealista lenguaje gestual y especialmente verbal que hoy -dos décadas después de popularizarse- sigue plenamente vigente en el imaginario de muchos españoles.

Pero sobre todo nos ha dejado un tipo entrañable, humilde y, a diferencia de otros, incapaz de hacer daño con su sempiterno humor. Por eso las muestras de afecto desde todo el país y de ahí que desde que se instalara a mediodía de ayer en la Diputación de Málaga la capilla ardiente en la que su familia velaba sus restos fueran miles los ciudadanos anónimos, acompañados por artistas y políticos, que se acercaron a darle el último adiós.

A la presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, que también se personó en la capilla ardiente, se le reprochaba que su Gobierno no haya sido capaz de reconocerle en los premios que otorga cada 28 de febrero, día de la Comunidad. El presidente del PP andaluz, Juanma Moreno, exigió un galardón a título póstumo. «Seré siempre sensible a lo que quieran los andaluces», se limitó a afirmar Díaz.

Hijo predilecto de Málaga, título que se le concedió hace ahora un año, en los últimos tiempos vivía retirado de los escenarios. Gregorio Sánchez creó su apodo del populoso barrio donde nació un 28 de mayo de 1932, la Calzada de la Trinidad. Lo evidente de su estatura, añadido al hecho de que había comenzado a actuar a edad temprana, completó el nombre que lo haría universal. La suya fue una infancia dura. Hijo de un electricista, era el segundo de tres hermanos. Con sólo ocho años, Gregorio ya se decantó por el cante y el baile flamencos para intentar salir de la miseria. En su adolescencia, formó parte de la compañía juvenil Capullitos Malagueños. Bajo la dirección de Luis Pérez de León, actuó en el teatro Calderón de Madrid, cosechando su espectáculo buenas críticas. Con esta compañía, también pisaría los escenarios del Price y del teatro de la Latina.

A partir de ahí, Chiquito de la Calzada consiguió hacer del flamenco su modo de vida. En la década de los 70, pasó dos años tocando las palmas y bailando en Japón. De vuelta a España, su fama se fue acrecentando, sobre todo en ambientes selectos. Antes de ser descubierto para la televisión no eran pocos los empresarios y potentados, primero malagueños y después ya de ámbito nacional, -el banquero Mario Conde uno de los más asiduos- que lo convocaban para amenizar sus fiestas o convenciones. Además del cante y el baile, ya destacaba por tener una gracia con la que cautivaba a cualquiera de los asistentes.

Estrellato

Fue en uno de estos últimos eventos donde lo vería actuar el productor Tomás Summers, que preparaba ya para Antena3 el programa de chistes «Genio y Figura». El fichaje fue de los que hacen época. Las formas de Chiquito de la Calzada epataron a la audiencia y convirtieron al programa en un tremendo éxito de público. Con sus saltos por el escenario y grititos, por la gloria de su madre, el humorista malagueño se erigió como santo y seña del espacio televisivo. Fue entonces cuando toda España conoció al «pecador de la pradera». El momento en que en todos fuimos «fistros», cualquier momento se aprovechaba para canturrear por los caballos que vienen de Bonanza, la exclamación de sorpresa favorita fue «jarl» y todas las despedidas se hacían diciéndole hasta luego a Lucas. Y «cuidadín» quién no lo hiciera. Corría el riesgo de ser definido como un «torpedo».

Su incuestionable tirón mediático le llevó a dar rápido el salto al cine. Del director Álvaro Sáenz de Heredia protagonizó «Aquí llega Condemor, el pecador de la pradera» y «Brácula, Condemor II», en las que compartía estrellato con Bigote Arrocet. Algo más tarde, del mismo director, llegaría «Papá Piquillo». En todas esas películas, Chiquito hacía de Chiquito.

Gregorio Sánchez contrajo matrimonio en 1950 con Josefa Gómez, «Pepita», una cordobesa que fue a verlo a una de sus actuaciones y de la que nunca más se separó. Sin que tuvieran descendencia, fue el gran amor de su vida y la razón de su existencia más allá de la fama o el dinero que consiguió ganar. Chiquito de la Calzada nunca superó su muerte en 2012 por culpa de un fallo cardiaco. Desde entonces, solo en su piso del barrio malagueño de Huelin, esperaba que llegara este momento. Volverá hoy a la Trinidad, a la iglesia de San Pablo de donde sale el cristo Cautivo al que tanta devoción le tenía. Allí será su funeral. Descanse en paz.