Tiger Woods y Elin Nordegren
Tiger Woods y Elin Nordegren - REUTERS

Tiger Woods y Elin Nordegren entierran el hacha de guerra

El golfista y la modelo se llevan mejor que cuando estaban casados. Los palos ya son solo para jugar al golf

Corresponsal en Nueva YorkActualizado:

«Están más unidos que cuando estaban casados», publica la revista estadounidense «People» sobre Tiger Woods (42 años) y su ex mujer, Elin Nordegren (38), basándose en una fuente con conocimiento directo de quienes fueron pareja. El golfista y la exmodelo sueca protagonizaron una de las rupturas más sonadas de EE.UU. en lo que llevamos de siglo. De la forma en la que acabó su relación, es normal que cualquier situación actual sea mejor que aquello.

La pareja rompió en el fin de semana de Acción de Gracias de 2009. La celebración no podría haber empezado peor: con una portada de la revista sensacionalista «National Enquirer» que aseguraba que Woods había sido infiel a su esposa durante meses con Rachel Uchitel (43), una habitual de la noche neoyorquina. El golfista consiguió que Uchitel hablará media hora con su mujer por teléfono para desmentirle todo. Pero Nordegren se quedó con la mosca detrás de la oreja y en un despiste de Woods repasó su móvil para confirmar lo que delataba el papel cuché. Despertó a gritos a su marido, que se había tomado pastillas para combatir su insomnio, le estampó el móvil en la cara y agarró el primer objeto contundente que encontró: un palo de golf, no podía ser de otra manera. Woods se escabulló de la mansión en Florida que compartían, con Nordregen a la carrera detrás, armada con el hierro. Se montó en uno de sus coches y salió pitando. Entre los somníferos y la agitación del momento, Woods arrancó setos, chocó con una boca de incendio y, por fin, estampó el vehículo contra un árbol. Para añadir comicidad y simbolismo a la escena, su mujer le perseguía en un carrito de golf.

Las amantes del campeón

El episodio abrió el proceso de separación, primero, y de divorcio –consumado al año siguiente– para la pareja. También la locura mediática sobre la vida extramarital de Woods, que copó las páginas de la prensa sensacionalista estadounidense durante meses. Los líos amorosos surgían como setas: estrellas porno, playmates, camareras o bailarinas salieron a la palestra para dar detalles jugosos sobre Woods.

Aquel año, el golfista estaba en un gran momento de su carrera. Acababa de redondear una década con al menos un grande por año, llevaba cuatro años sin soltar el número uno del ranking mundial y dos semanas antes de la noche en la que se descubrió su infidelidad había ganado un torneo importante en Australia. En abril, el entonces presidente de EE.UU., Barack Obama (56), le recibió en la Casa Blanca. En octubre, «Forbes» constató que era el primer deportista de la historia en embolsarse 1.000 millones de dólares.

El impacto en su imagen de la crisis matrimonial le tocó al bolsillo –perdió patrocinios importantes, como Nike, Gatorade o Gillette– y a su confianza: a finales de 2010 ya no era número uno del mundo. Hasta quince supuestas amantes salieron a la luz para relatar sus relaciones. La prensa sensacionalista llegó a contabilizar hasta 120 infidelidades. Pero ninguna dolió tanto a Nordregen como la de Raychel Coudriet (29). Era la hija de los vecinos, que conoció a Woods por primera vez cuando tenía 14 años. Cuando esa relación salió a la luz, en abril de 2010, Nordregen se decidió por el divorcio.

«El pasado es pasado». Así es como la ex pareja afronta ahora su relación, según «People» El motivo por el que han tomado el camino de la amistad son los hijos que comparten: Sam (10) y Charlie (9). Al parecer, Nordregen no utiliza los desmanes de Woods del pasado como arma arrojadiza frente a sus hijos, ni pone impedimentos para las visitas. Esa estabilidad emocional quizá también tiene que ver con la recuperación deportiva de Woods, cuya carrera cayó en picado tras el divorcio, se recuperó en 2013 y volvió a desplomarse tras dos operaciones de espalda en 2014 y 2015. El año pasado llegó a estar en el puesto 1.005 del mundo, pero antes del reciente Masters de Augusta ya estaba en el 103 y, aunque no se cumplieron las expectativas, los aficionados estadounidenses llegaron a soñar con volver a ver al mejor Tiger.