MODA

Sybilla: «He tenido que reinventarme para no perder la pasión»

La diseñadora española triunfa en Japón y abre tienda en Taiwán. También abrirá «pop ups» en Nueva York y Miami

Sybilla con una de sus creaciones
Sybilla con una de sus creaciones - ABC

«He recuperado el control de la empresa», declara Sybilla Sorondo Myelzwinska a ABC. Esta hija de diplomático argentino y creadora de moda polaca, ha sido uno de los pocos creadores estrella de la moda española a finales del siglo XX. Pero la trayectoria brillante de la creadora nacida en Nueva York, se fue apagando al vender una parte importante de su empresa en 2005 a un grupo inversor que pasó a controlar la marca Sybilla y su segunda y divertida enseña, Jocomomola. Ahora, la gran figura de la moda española de los 80, vuelve a la carga.

Aunque es cierto que a Sybilla le hacía –y hace– falta un equipo empresarial que supliese sus carencias en el mundo de los negocios y la distribución global, la realidad es que los socios que tuvo en un pasado se habían especializado en sectores que nada tienen que ver con la moda selectiva. No fueron capaces de llevar el proyecto adelante con éxito y solo consiguieron que la genial creadora se apartase hacia mundos que le interesaban más en ese momento, como la escultura, la cerámica y las telas.

«Yo no era capaz de seguir las reglas del mundo de la moda», reconoció tras abandonar la empresa que ella misma había creado. Y es que la industria de la moda es un entorno complejo y competitivo que no permite tranquilidad ni reposo.

Sybilla comenzó confiando la producción de sus colecciones a nivel nacional a Alberto Guardione, bajo contrato de licencia, ampliando sus puntos de venta hasta incluir grandes almacenes internacionales de la talla de Bergdorf Goodman o Biffi. En 1987 abrió la boutique de la calle Jorge Juan en Madrid y en 1988. Con el apoyo de los Zuccoli –el matrimonio propietario de la fábrica de confección Gibo, especializada en elaborar prendas para grandes marcas– Sybilla saltó de la pasarela de Cibeles a la prestigiosa Semana de la Moda de Milán, llamando la atención de los principales medios de la escena internacional.

Pero fue quizás su asociación con el grupo japonés Itokin en 1989, la que le proporcionó el éxito mundial, al consagrar su marca en el entonces potente y exigente mercado japonés. Con su apoyo, abrió una tienda en París y creó la colección de Jocomomola.

—¿Qué supuso para usted elaborar una de las siete piezas emblemáticas que celebraron el centenario de la lona Monogram de Vuitton en 1996, con su mochila con paraguas «Shopping in the rain»?

—Eso fue hace mucho tiempo, cuando Vuitton eligió un grupo de diseñadores de vanguardia, para darle una vuelta a su producto, entonces algo rancio y aburrido. Fue el principio de la transformación de su marca y la verdad es que les salió bien. En esa época me costaba creer que alguien joven pudiera querer llevar algo con logotipos de una marca encima, como un hombre-anuncio, y…¡fíjate cómo han cambiado las cosas!

—En los primeros años del nuevo milenio, su nombre continuó asociado a las colecciones de novia y de casa hasta que en 2005 cedió la gestión de su empresa vendiendo parte de la misma. ¿Cual es el accionariado de la empresa en la actualidad?

—En este momento, he recuperado el control de la empresa y estamos dando entrada a pequeños inversores que han creído en nuestro proyecto y nos ayudan a dar los primeros pasos. Ahora estamos considerando distintas ofertas para dar un salto más grande, pero no quiero precipitarme.

—¿Es cierto que Sybilla se lanza de nuevo al mundo comercial en todo el mundo?¿Crearán una red de tiendas propias o venderán en multimarca?

—Esto todavía es un experimento, volvemos poco a poco. Vendemos en tiendas multimarca maravillosas por todo el mundo y vamos abriendo tiendas efímeras en distintas ciudades, las próximas en Nueva York y Miami y acabamos de abrir tiendas de larga duración en Palma de Mallorca y Taiwán. Somos una empresa pequeña y tenemos que medir bien nuestras fuerzas.

Preguntando a Sybilla si se encuentra con la energía para volver al agitado y difícil mundo de la moda, nos contesta «vuelvo porque siento que tengo algo que ofrecer y estoy deseando poder crear un proyecto distinto. He tenido que reinventarme esta profesión muchas veces para seguir sintiendo pasión. La curiosidad me hace embarcarme constantemente en distintas aventuras que me dan vida».

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