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Silvio Berlusconi comienza a liquidar su imperio

Tras deshacerse del Milan, negocia la venta de Mediaset al magnate Rupert Murdoch

Silvio Berlusconi
Silvio Berlusconi - Gtres
Ángel Gómez Fuentes - Actualizado: Guardado en: Estilo , Gente

«El Milan es una pasión del corazón, costoso, pero también las bellas mujeres cuestan». Es una de las frases célebres de Silvio Berlusconi, quien al cumplir el 29 de septiembre los 80 años, está dando un giro radical a su vida, viéndose obligado a abandonar viejas pasiones, para centrarse en reordenar su imperio pensando en la herencia a sus cinco hijos. La venta del Milan, el club de sus amores que compró en 1986 salvándolo de la bancarrota, ha marcado el final de una época. Es el reflejo de que la aventura del berlusconismo se está acabando con la liquidación incluso de algunos de sus símbolos más emblemáticos: El Milan, la televisión de pago Mediaset Pemium y Forza Italia, un partido en transformación para el que busca sucesor.

Al día siguiente de la celebración de ese aniversario con la familia, se montó en un avión camino de Nueva York confesando a su círculo próximo que era un «viaje de negocios». Pero en el curso del aterrizaje, sintió un mareo y su médico personal que lo acompañaba, dispuso su ingreso en el Presbyterian Hosptal, uno de los más prestigiosos de Estados Unidos, sobre todo en cardiología, al que llegan pacientes de todo el mundo. Los médicos le aconsejaron que, tras su operación a corazón abierto de junio pasado, se debe olvidar por un tiempo de mítines y de política. El pasado lunes le dieron el alta, pero le pidieron que permaneciera en reposo en Nueva York durante la semana para posteriores controles médicos. El chequeo americano confirmó las preocupaciones de la familia que desaconsejan al patriarca el estrés ligado a la política. Y más en esta hora en que Berlusconi ha abierto el proceso de la sucesión.

Según Forbes, el patrimonio personal del Cavaliere es de 7.000 millones de euros. Quiere dejarlo todo bien atado, para evitar peleas posteriores entre los dos hijos del primer matrimonio con Carla Dall’ Oglio: Marina y Pier Silvio, y los tres del segundo con Veronica Lario: Barbara, Eleonora y Luigi. Se sabe que a veces hubo aria de tormenta en la dinastía de Arcore, y el magnate intenta mantener un delicado equilibrio. «Seré justo», ha dicho en alguna ocasión.

En el triste otoño del patriarca, Berlusconi «está luchando duramente para poner en orden sus negocios», reconoce la firma Enders Analysis. El destino del imperio se mezcla con su delicado estado de salud y con el problema de que hoy Berlusconi no tiene el paraguas protector de la política que lo acompañó durante 30 años. Contó al inicio con la protección del socialista Bettino Craxi y después entró en política en 1994 para salvar y acrecentar su imperio, con un parlamento a su servicio mientras gobernó. La política lo hizo grande. Por ejemplo, Mediaset obtuvo un suplemento de 1.000 millones de euros de ingresos en publicidad, porque los anunciantes buscaban complacer al patrón políticamente fuerte, según un estudio del «Centre for economic Policy Research», citado por el semanario «The Economist». Pero desde entonces ha pasado mucho tiempo.

La venta, cargada de gran simbolismo del Milan –Berlusconi lo consideraba «sagrado», intocable, porque lo convirtió en un personaje público y le ayudó en la política- marca el inicio de un cambio generacional: El imperio comienza a desplazarse hacia sus hijos, aunque éstos parecen mostrarse menos capaces en los negocios que el padre. El 5 de agosto un grupo chino pagó por el Milan 740 millones de euros, cantidad que incluía la deuda de 220 millones. Ahora el Cavaliere quiere deshacerse de Mediaset Premiun, la televisión de pago con pérdidas consolidadas en este segundo semestre de 100 millones de euros. Su hijo Pier Silvio, director general de Mediaset, la embarcó en una operación ruinosa: Se hizo con los derechos de televisión de la Champions, pagando por tres años 717 millones de euros. Vendió en abril una pequeña participación a Vivendi, el gigante francés de las telecomunicaciones que preside Vincent Bolloré. Éste rompió en julio el contrato, al darse cuenta de que Mediaset Premiun difícilmente podía ser rentable. De ahí que Berlusconi intente ahora venderla al magnate de medios de comunicación, Rupert Murdoch, con quien tenía previsto verse en Nueva York, aunque la desconfianza es mutua.

No es fácil poner a la venta un imperio complejo como el de Berlusconi, compuesto fundamentalmente por Mediaset, Mediolanum –una sociedad de servicios financieros-, Mediobanca y el grupo editorial Mondadori, además de propiedades inmobiliarias por valor de 800 millones de euros. En diversos medios se habla de que el Cavaliere podría encontrar una solución parecida a la de los Agnelli: Mantener la parte fundamental del holding, dirigido por un manager al estilo de Sergio Marchione en el grupo de los Agnelli, y los hijos vivirían repartiéndose los dividendos.

En el ajuste de cuentas de Berlusconi entran también los pagos a su exmujer Veronica Lario. Se espera que en los próximos días llegue al Tribunal Supremo el recurso del exprimer ministro, quien pretende reducir el cheque mensual de 1,4 millones de euros que le entrega mensualmente. El magnate la considera una cifra desproporcionada.

La edad ha vuelto a Berlusconi más ahorrador. A los 80 años comienza una nueva vida: la que le imponen los médicos y su delicado estado de salud.

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