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La silenciosa vida de Alfonso Diez tres años después de la muerte de la duquesa de Alba

Doña Cayetana, siempre previsora, dejó escrito en una carta en la que exigía que Alfonso recibiese una pensión para vivir dignamente como duque viudo de Alba

MadridActualizado:

La vida como viudo de Alfonso Diez es como él anunció: alejado de la pública y fuera del centro mediático. Retirado de la vida social, el viudo de la duquesa de Alba vive centrado en su núcleo íntimo de amigos y su familia. Hoy se cumplen tres años sin Cayetana Fitz-James Stuart y desde que el gran amor de su vida, como él mismo la describe, nada ha sido igual.

Después de muchas discusiones, finalmente se cumplió una de las últimas voluntades de Cayetana, una muy especial en la que intentaba cuidar desde el cielo a su último marido. La duquesa de Alba, siempre previsora, dejó escrito en una carta (cuya existencia adelantó ABC), en la que exigía que Alfonso recibiese una pensión para vivir dignamente como duque viudo de Alba. Algo más de un año después de su muerte, los abogados de Diez llegaron a un acuerdo con los abogados de los hijos de la duquesa, por el que Diez recibirá una pensión vitalicia, libre de impuestos, de 3.000 euros mensuales. Gracias a esta pensión y a lo adquirido por su jubilación como funcionario del Ministerio de Trabajo, Alfonso Diez podrá tener una vida cómoda el resto de sus días.

Tras firmar el acuerdo económico, el funcionario cumplió lo pactado: silencio absoluto sobre los últimos años que pasó junto a su mujer y la familia Alba en general. Una vez finalizados todas las ceremonias en memoria de la duquesa de Alba, optó por comprarse un piso en el barrio de Chamberí y alquilar el que usaba hasta la fecha. Con ese dinero además terminó de pagar la hipoteca de la casa de Sanlúcar, una vivienda que apenas utiliza por lo que hace un tiempo decidió ponerla a la venta. Con el dinero adquirido por la venta, Alfonso Diez pretendía comprarse una vivienda más amplia en la capital donde poder celebrar reuniones con sus amigos y recuperar una vida anónima.

«No sé si he sabido decirte lo que te he querido, te quiero y te querré», rezaba la corona de rosas rojas que Alfonso Diez, depositó en la capilla ardiente de Cayetana de Alba en la Casa de las Dueñas. Desde entonces, el duque viudo ha residido la mayor parte del tiempo en su pequeño apartamento, situado en la madrileña calle Rafael Calvo. Un piso repleto de antigüedades, que solo tiene un pequeño salón-comedor, baño, cocina y un dormitorio.

En cuanto a su relación con la familia Alba, no mantiene ningún tipo de contacto a excepción de Cayetano. Una de las pocas veces que se les pudo ver juntos tras el fallecimiento de la duquesa fue en el funeral por el primer aniversario de la muerte de doña Cayetana. Alfonso no ha vuelto a pisar Dueñas desde ese momento, el que fuese su hogar conyugal no ha querido abrirle las puertas al viudo duque de Alba tras la desaparición de su mujer.