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Samantha Cameron: «Voté a los Verdes en alguna ocasión»

Confiesa en una entrevista que se sintió como una mujer florero durante sus seis años en Downing Street

David Cameron, con su esposa Samantha
David Cameron, con su esposa Samantha - EFE

En plena vorágine electoral, unas semanas antes de celebrarse las elecciones que llevaron a David Cameron al 10 de Downing Street en mayo de 2010, su estrecho amigo y compañero de bancada, Ed Vaizey, saltó a la palestra para arremeter contra su esposa Samantha. La acusó de haber coqueteado con el Laborismo e incluso de haber votado a Tony Blair en el pasado. El equipo de Cameron cerró filas en torno a «SamCam», pero los rumores nunca se extinguieron del todo. Ahora ha sido ella la que ha roto su silencio para hablar abiertamente de sus inclinaciones políticas. Confiesa que nunca marcó la casilla del Laborismo, pero tampoco se mantuvo fiel al partido de su marido. «No siempre voté a los tories, en alguna ocasión aposté por el Partido Verde», ha declarado durante una entrevista publicada ayer en «The Sunday Telegraph».

La exprimera dama, de 46 años e hija de un barón descendiente de Carlos II, no solo se despacha a gusto sobre su ideología. Samantha relata también cómo vivió la debacle de su marido tras el triunfo del Brexit y su posterior dimisión, en junio de 2016. «David es de los que siempre ve el vaso medio lleno. No se sienta a dar vueltas a las cosas y a torturarse por sus errores. Salir de Downing Street ha sido un gran cambio para toda la familia, pero los niños parecen llevarlo bien», declara refiriéndose a sus tres hijos, Nancy, de 13 años, Elwen, de 11 y Florence de 6.

Samantha lamenta que durante sus seis años como primera dama proyectó una imagen de mujer florero, frágil, tímida y sin criterio. «Como no podía hablar, daba la sensación de que no tenía nada que aportar. La cosa más tonta que dijera podía ser interpretada como si le estuvieras diciendo a tu marido: “invade Siria”. Pero me encanta debatir sobre política y soy muy testaruda».

A pesar de acatar ese pacto de silencio, guarda un buen recuerdo de su estancia en Downing Street. «No era para nada un lugar frío o sombrío. Era maravilloso, como vivir en una casa dentro de otra con un arquitectura increíble», agrega. Tras su abrupta salida, la familia se mudó a una mansión de alquiler valorada en 20 millones de euros en el lujoso barrio de Holland Park, al lado de Notting Hill, propiedad de su amigo Alan Parker, un magnate de las relaciones públicas.

La ruptura definitiva de David Cameron con la política llegó en septiembre de 2016, tras renunciar a su escaño en el Parlamento británico. Se apuntó entonces al lucrativo negocio de las conferencias, siguiendo los pasos de Tony Blair o Bill Clinton. Durante los últimos meses, ha pasado largas temporadas recluido en su casa de campo en Cotswold, un bucólico conjunto de colinas delimitadas por Bath, Oxford y Stratford-upon-Avon conocido como «el corazón de Inglaterra», para escribir sus memorias.

Samantha, por su parte, se ha reinventado como diseñadora y se ha volcado en su marca de ropa Cefinn, con precios muy ajustados por prenda de entre 100 y 300 libras (117 y 352 euros). Sus creaciones son bastante anodinas e insípidas, pero su condición de exprimera dama ejerce como el mejor reclamo publicitario.

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