Quentin Tarantino y Uma Thurman
Quentin Tarantino y Uma Thurman - Wostok Press

Quentin Tarantino y Uma Thurman, la historia de una pasión tóxica

El cineasta quedó prendado de ella desde «Pulp Fiction», aunque luego la expuso a grandes riesgos en los rodajes

Corresponsal en Los ÁngelesActualizado:

La musa, esa divinidad de la mitología griega, emerge en el cuerpo de mujeres que despiertan en los artistas el genio creativo. Pastora Imperio fue musa de Benavente, Azorín, Unamuno o Romero de Torres; Gala lo fue de su marido, Salvador Dalí; y Catherine Deneuve, actriz que cuestiona el movimiento #MeToo, pasó como la preferida de Luis Buñuel. Todas comparten la dicha de ser reconocidas por su belleza y su talento. Pero, ¿quién cuida de ellas?

Trabajar a las ordenes de genios en ocasiones resulta una experiencia temible. La semana pasada la actriz Uma Thurman confesó sus padecimientos como fuente de inspiración de Quentin Tarantino. En una tribuna publicada en el periódico «The New York Times», Thurman narró su enfrentamiento con el productor Harvey Weinstein por sus reiterados acosos sexuales. Y también sorprendió con unas revelaciones que nadie esperaba, al detallar cómo se lesionó el cuello y las rodillas filmando la secuencia de un accidente automovilístico para «Kill Bill: Vol. 2» (2004). Para ilustrarlo, subió un vídeo del siniestro a su cuenta de Instagram. Al parecer, Tarantino, quien jamás ha ocultado su pasión por Uma -él mismo contó en su día que era protagonista de sus sueños-, la sentó sin miramientos en un coche no acondicionado para la ocasión y por mucho que ella suplicó que la escena fuera rodada con un doble, el director se negó.

Gran error

Tras las críticas suscitadas, Tarantino entonó su mea culpa y ofreció su versión de los hechos. «Es uno de los mayores remordimientos de mi vida. Como director aprendes cosas y a veces aprendes a través de errores horribles. Ese fue uno de mis errores más horribles, no recorrí la carretera una vez más para comprobar el trayecto», se disculpó.

Pasión o perversión, hay artistas que colocan a sus musas en pedestales para luego arrojarlas de ellos. Eso mismo hizo Alfred Hitchcock con Tippi Hedren, un director se volvía violento al verla hablar con otros hombres, un genio que se le echó encima en un taxi y la torturó sin miramientos durante el rodaje de «Los Pájaros» (1963). La cantante islandesa Björk, por su parte, se lamentó de haberse puesto a las órdenes de un tipo tan «perverso» y retorcido como el director Lars von Trier en «Bailando en la oscuridad» (2000).

Pero también hay musas que parece seguir bajo el hechizo del artista. Tal es el caso de Diane Keaton con respecto a Woody Allen, a quien defiende contra viento y marea frente a las crecientes voces críticas que le acusan de haber abusado sexualmente de su hija Dylan Farrow cuando era una niña -en los años 90 se desestimó una demanda sobre el caso-. Keaton es incondicional de Allen, pese a que hace un año, en el discurso del American Film Institute, el director y guionista la tildó de «fellatrix» y de ser incapaz de mantener una relación con un hombre, pues todos terminan abandonándola.

Más allá del arte

Tarantino ha admirado a Uma Thurman desde que la conoció y la inmortalizó en «Pulp Fiction». Desde entonces, la pareja ha tenido sus más y sus menos, pero el director siempre ha declarado su pasión por la actriz, aunque su sadismo le llevara en un par de ocasiones a casi «estrangularla» con una cadena o a escupirla. Más allá de esta larga sucesión de padecimientos, en 2014 ambos aparecieron en el Festival de Cine de Cannes tan acaramelados que parecían mucho que colegas. En aquella ocasión, Thurman acababa de abandonar al empresario francés Arpard Busson y se dijo que fue por amor a Tarantino.

Las musas, ya sea a las ordenes de Picasso, Tarantino o Hitchcock, acaban sufriendo las consecuencias de su inmortalidad en el nombre del arte. El actor Antonio Banderas, a quien veremos como Picasso en la serie dedica al pintor malagueño, habló con ABC sobre este espinoso asusto: «En su caso no existen pruebas de abuso físico, aunque era increíblemente insincero, hasta al punto de que dañaba a las personas con las que tenía relaciones». ¿Seducción, sadismo, sumisión, abuso de poder, entrega sin limites...? Los márgenes de la creatividad se reescriben en una época en la que el puritanismo clama a las puertas del arte.