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El Príncipe Alexander de Suecia recibió las aguas bautimales en la capilla real

Su tía, la princesa heredera Victoria, fue una de las madrinas

Los Príncipes Carlos Felipe y Sofía con el Príncipe Alexander de Suecia en la iglesia
Los Príncipes Carlos Felipe y Sofía con el Príncipe Alexander de Suecia en la iglesia - EFE
CARMEN CALVO Corresponsal En Copenhague - Actualizado: Guardado en: Estilo , Gente

La capilla del Palacio de Drottningholm fue el escenario donde el Príncipe Alexander de Suecia, el primer hijo de los Príncipes Carlos Felipe y Sofía y quinto en la línea sucesoria, recibió las aguas bautismales. El pequeño, que se mostró muy sonriente durante toda la ceremonia, entró en la iglesia en brazos de su madre, radiante de felicidad y bellísima con un vestido blanco de encaje y una sencilla diadema de perlas en el pelo, y lucía el traje de cristianar que, desde hace más de un siglo, se utiliza en todos los bautizos de los príncipes suecos, cuyos nombres se bordan en la capa de seda satinada que cubre los faldones.

La ceremonia fue oficiada por la arzobispa de Upsala y primada de la Iglesia de Suecia, Antje Jackelen, y actuaron como padrinos, dos tías del pequeño, la Princesa Victoria, heredera del trono, y Lina Frejd, hermana de la madre, además de Victor Magnusson, primo de Carlos Felipe, y dos amigos de la pareja, Jan-Åke Hansson y Cajsa Larsson. El agua con el que fue bautizado procede de la isla de Öland, donde se encuentra la residencia de verano de la familia real sueca, una novedad que el actual monarca, el Rey Carlos Gustavo, introdujo en los bautizos de sus hijos en lugar de la tradicional agua traída del río Jordán que se utilizaba anteriormente. La tranquilidad del bebé contrastó con la actitud de sus primos, Leonor y Nicolás, hijos de la Princesa Magdalena y Christopher O’Neill, que tuvieron que ser apaciaguados a base de caramelos durante todo el oficio religioso.

El bautizo fue un acontecimiento en todo el país y la televisión sueca lo retransmitió en directo. Además, se abrieron varias puertas del recinto para que las personas que lo desearan pudiesen ver a la familia real a la salida de la capilla. Acabada la ceremonia, una salva de 21 cañonazos disparada desde Skeppsholmen, una isla de Estocolmo, rindió homenaje al Duque de Södermanland, el título que le fue concedido por su abuelo el rey al nacer. Poco después, los más de 100 invitados, entre los que no se encontraba ningún miembro de la realeza europea, acudieron a una recepción en los salones de palacio.

El pequeño Alexander nació en el hospital Danderyd de Estocolmo el 19 de abril y ha venido a colmar de felicidad a una pareja cuyo noviazgo no fue, al principio, muy bien recibido en la corte sueca. Casi cuatro años de relaciones tuvieron que pasar hasta que, finalmente, se anunció el compromiso de boda que se celebró el 13 de junio del pasado año. En la balanza negativa estaba el pasado de la novia, Sofía Hellqvist, una joven modelo que había participado en Paradise Hotel, un reality de la televisión sueca parecido a Gran Hermano, y que había posado en la revista Slitz con la parte inferior del bikini y una boa constrictor alrededor del cuello. En el lado positivo, la determinación del Príncipe Carlos Felipe, único hijo varón de los monarcas suecos, a llevarla al altar y el amor entre ambos, que, una vez más, han puesto de manifiesto en el bautizo de su pequeño, con constantes muestras de cariño.

La pareja pidió que, en lugar de regalos, se realizasen donaciones a su fundación y a Project Playground, una ONG que puso en marcha la Princesa Sofía y cuyo objetivo es mejorar la calidad de vida de los niños menos favorecidos a través del juego y la práctica del deporte.

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