Ana Obregón, este miércoles, en Madrid
Ana Obregón, este miércoles, en Madrid - BELÉN DÍAZ

Ana Obregón: «El teatro me recuerda por qué soy actriz»

La intérprete regresa a las tablas con la obra «El contador del amor», de Eric Assous

MADRIDActualizado:

A la hora de manejar a los fotógrafos y de lidiar a los reporteros, Ana Obregón domina perfectamente la situación: sabe cómo colocarse para que la luz la ilumine adecuadamente y conoce el arte de esquivar las preguntas menos pertinentes. En esta ocasión, sin embargo, no se trata de ningún posado veraniego ni de anunciar un nuevo programa de televisión; ni siquiera de desmentir una supuesta relación. No. Ana Obregón presenta su segunda aventura teatral, «El contador del amor»; una comedia del tunecino Eric Assous, adaptada por Julián Quintanilla, que dirige César Lucendo. Él mismo acompaña en escena -junto a Elías González- a la actriz. La producción es de Karisma Media, Serie Teatro y Mercado de San Ildefonso, que han buscado el evidente tirón de la actriz. «El papel le sienta como un guante», dice Julián Quintanilla.

«Después de treinta y cinco años de carrera -dice Ana Obregón- haciendo cine, series y programas de televisión, de presentar concursos y eventos, de dar las campanadas de Año Nuevo... me llegó “Sofocos” que fue mi primera incursión en el teatro; el teatro era mi asignatura pendiente. No solo eso, sino que me he dado cuenta de que es donde se demuestra si de verdad eres actor. Subirse al escenario es como tirarse al vacío, aunque tienes un buen paracaídas que es tu esfuerzo y tu trabajo... “Sofocos” fue mágico. El primer día que me subí al escenario, al terminar la función, empecé a llorar como una loca; me salían las lágrimas a borbotones. ¿Por qué no lo habré hecho yo antes? Pensé. Se da todo, pero la satisfacción que se recibe es única. Porque el teatro me ha recordado por qué soy actriz. Yo quise ser actriz por sentir lo que solo se puede sentir en un escenario».

Pensaba Ana Obregón en tomarse un descanso, pero apareció «El contador del amor», un texto que fue premio Molière en Francia. «Esto era otra cosa, otro nivel con respecto a “Sofocos”; no podía decir que no». Se trata de una comedia ácida, inteligente, con mucha ironía. «Como dice Julián, el adaptador, es la venganza amorosa más original jamás contada. Al final de la obra, mi personaje se ha vengado de su marido de manera pacífica e inteligente y, después de muchos años de engaños e infidelidades, lo ve hundido. Pero ella, y ése es el monólogo final, le mira con compasión».

Le gusta a la actriz desguazar el personaje, saber el por qué de cada frase, de cada acción. Y confiesa que cada día aprende de él: «Me ha hecho reflexionar sobre si la sinceridad ayuda a unir a una pareja o más bien la empuja a desunirse. Y tendré que hacer muchas funciones para poder saberlo».

Dice la actriz que quienes vayan a ver a Ana Obregón no se la van a encontrar en esta comedia. Pero, reconoce, «el personaje está adaptado a mí. Yo hace veinte años no lo hubiera podido hacer; ahora tengo una serie de vivencias que me permiten abordarlo. Interpretar es intentar buscar la verdad, da igual que sea televisión o teatro».