Wynn y su mujer en la Casa Blanca
Wynn y su mujer en la Casa Blanca - AFP

El imperio de Steve Wynn se tambalea por los abusos sexuales

Una avalancha de acusaciones pone en peligro los negocios en Macao y Boston del magnate de los casinos

MADRIDActualizado:

Solo hay que poner un pie en el hotel Wynn de Las Vegas para recibir el abrazo de su lujo en la frontera con lo chabacano. En la puerta de la entrada más cercana al strip, la avenida principal de la ciudad del juego, una fuente con música repite en bucle su espectáculo de chorros de agua y nada más sentir el frío del aire acondicionado al entrar en el hotel los visitantes se arremolinan alrededor de un carrusel retro, elaborado al completo con flores frescas de mil colores. En las salas del casino, enormes, mullidas por las alfombras, se nota un nivel económico más alto en los jugadores que en otros hoteles de la ciudad. Pero también hay visitantes de medio pelo que se dan el gusto de probar el lujo: quizá no pueden pagar una habitación, pero sí un cóctel de 20 dólares mientras se ve el espectáculo de luces de la piscina de olas mientras suena «What a Wonderful World», de Louis Armstrong, o comen hasta reventar en su buffet por 40 dólares.

Es la fantasía accesible concebida por Steve Wynn (76), el empresario que transformó Las Vegas de un lugar donde jugarte los cuartos a un sueño pasajero de lujo con espectáculos de primer nivel, restaurantes de alta cocina y hoteles fastuosos. Wynn llegó a Las Vegas a finales de la década de 1960. Su primer hotel en el strip fue The Mirage, en 1989. Luego llegaron Treasure Island y The Bellagio, todavía uno de los más populares en la ciudad (acabó vendiéndolos después). Cada nuevo proyecto vencía en opulencia al anterior. El Wynn Las Vegas, su hermano gemelo Encore y los que levantó en Macao, la antigua colonia portuguesa, son las joyas de un imperio ahora en peligro.

A finales de enero, un artículo en «The Wall Street Journal» presentaba acusaciones de decenas de sus empleados sobre abusos sexuales cometidos por el magnate. Uno de los hombres más poderosos de Las Vegas, que mantiene una estrecha relación de amistad con Donald Trump y participó durante la campaña electoral en varios actos junto al ahora presidente. Wynn acostumbraba a exigir favores sexuales a quien se le antojaba de su alrededor: desde la encargada de su manicura hasta una masajista. Según explicó a la cadena ABC Jorgen Nielsen, que fue el director del salón de belleza de Wynn Las Vegas, las trabajadoras trataban de esconderse cuando Wynn hacía una aparición.

Como manda el patrón en estos casos, Wynn comenzó por negarlo todo. Dijo que las acusaciones son «absurdas» y criticó que es «deplorable» que le sometan a «la elección de soportar una lluvia de insultos públicos o meterse en una batalla legal de años».

La cúpula del imperio de casinos –en el que Wynn es el accionista individual con mayor participación, un 11,8%– no lo vio tan claro. Esta semana se anunció que Wynn dejaba su puesto como consejero delegado de la compañía que levantó. Las acusaciones dejan a la empresa en una posición difícil. «Wynn es el señor Wynn», dijo un analista financiero a sus clientes sobre el peligro que podría suponer que no esté en la primera línea. «Elvis ha salido del edificio», reaccionó otro analista.

Las acusaciones de abusos sexuales han resultado en varias demandas de accionistas, que cuestionan cuánto sabía la cúpula sobre los abusos de Wynn. Además, podría poner en riesgo la licencia de un gran casino en Boston, que está en construcción. Y, sobre todo, amenaza el futuro de su negocio en Macao, donde la compañía ingresa ocho veces más que en Las Vegas, y cuya licencia expira en 2022.