La herencia envenenada de Johnny Hallyday

Dos de los cuatro hijos del cantante impugnarán su testamento al dejar toda su herencia a su mujer

CORRESPONSAL EN PARÍSActualizado:

Johnny Hallyday (1943-2017), nombre artístico de Jean-Philippe Smet, el rockero despedido con honores nacionales por el presidente de la República, el mes de diciembre pasado, tenía un sentido nada patriótico de la fiscalidad y la familia: su testamento enfrenta de manera fratricida a los hermanos de distintas madres, dejando al descubierto una parte de sus maniobras para escapar al fisco francés.

Johnny tuvo cinco esposas/compañeras oficiales, Sylvie Vartan, Babeth Étienne, Nathalie Baye, Adeline Blondieau, y Laeticia Hallyday y cuatro hijos con dos de ellas, David (hijo de Sylvie Vartan), Laura (hija de Nathalie Baye), Jade y Joy, hijas adoptados con Laeticia.

No era un secreto que Johnny tenía su fortuna muy dispersa entre Francia, California, Suiza y la isla de Saint-Barthélemy, en las Antillas francesas. Y sus enfrentamientos con el fisco francés comenzaron en 1975, cuando fue perseguido por vez primera por muy distintos intentos de evasión fiscal.

La carrera internacional de Johnny comenzó con aquella primera crisis. Nunca tuvo gran dimensión artística internacional. El cantante decidió instalarse por vez primera en Los Angeles, California, con su primera esposa, Sylvie Vartan y su hijo David. Siguieron muchos otros viajes, giras y vagabundeos amorosos. Con frecuencia, los viajes tenían menos líricas intenciones fiscales. Las relaciones del cantante con Babeth Étienne y Adeline Blondieau terminaron entre escándalos y desencantos. De la historia de amor con la actriz Nathalie Baye nació Laura, actriz. Imposible una nueva paternidad con Laeticia, el cantante y su última esposa decidieron adoptar a Jade y Joy.

La vida profesional de Johnny nunca fue mucho más allá de Francia. Pero el rockero nunca sintió ningún patriotismo fiscal llamativo. Llegó a pedir la nacionalidad belga -la nacionalidad de su padre-, pero Bruselas no era un destino digno de su gloria artística nacional, francesa. Gstaad, estación de recreo Suiza, gozó de sus favores durante unos años. Pero, finalmente, sus asesores fiscales pensaron que California y Saint-Barthélemy eran destinos mucho más atractivos.

Tras muchas idas y venidas, entre sus distintos domicilios, propiedades y residencias, la pareja Johnny y Laeticia se instaló definitivamente en Los Angeles, hace quince años. El rockero despedido con honores nacionales en la iglesia parisina de La Madeleine, a primeros de diciembre pasado, era residente fiscal californiano. Hacía muchos años que parte de los ingresos y haberes mobiliarios e inmobiliarios del cantante escapaban al fisco francés.

Conocido el testamento de Johnny, con dos meses de retraso, se descubre que el cantante dejó toda su herencia a su última esposa, Laeticia y a sus dos hijas adoptadas, en detrimento del resto de sus compañeras, esposas e hijos de distinta madre.

La primera en reaccionar, estupefacta, ha sido Laura Smet, la hija de Johnny y Nathalie Baye, que ha hecho público un breve comunicado, dirigiéndose a su padre en estos términos: “Descubro, con mucho retraso, que David y yo quedamos desheredados en tu testamento. Me hubiese gustado que todo eso quedase en familia. Desgraciadamente, nuestra familia es así”.

Laura Smet es muy generosa cuando dice «nuestra familia». Su primera reacción, apoyada por su hermanos David, es presentar una querella, en manos de sus abogados. Según las filtraciones oficiosas, el testamento de Johnny fue redactado y firmado en California, en Los Angeles, sometido a la legislación local, que concede todos los derechos a la última esposa y a los dos hijas adoptivas, en detrimento del fisco francés y del resto de esposas e hijos.

Poco líricos, los abogados de David y Laura Smet han hecho público un comunicado que describe la situación de este modo: «Contraviniendo expresamente el derecho francés, el testamento prevé que, a la muerte de su última esposa, todos los bienes y derechos sean exclusivamente transmitidos a sus dos hijas Jade y Joy, a partes iguales. Si eso fuese así, el padre no habría dejado ningún bien material, ni prerrogativa sobre su obra artística a sus dos hijos naturales, ni un recuerdo, ni una guitarra, ni una moto, ni un disco dedicado».