Hélène Martini posa en su habitación decorada por Romain de Tirtoff
Hélène Martini posa en su habitación decorada por Romain de Tirtoff - AFP
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El legado de Hélène Martini, la estricta gobernanta del Folies Bergère

La «emperatriz de la noche parisina», fallecida hace unos días, dirigió un imperio de cabarets durante cuatro décadas

MadridActualizado:

Finales de los años 50. Los últimos rayos de sol comienzan a ponerse tras la cúpula de la basílica Sacre Coeur. Una amalgama de luces de neón se apodera del parisino barrio de Montmartre, anunciando la apertura de sus sex shops y cabarets. La plaza Pigalle bulle como epicentro del ocio de cancanes, ligueros y apliques dorados, separando los dos templos del descaro nocturno; el Folies Bergère y el Moulin Rouge. Espectáculos que compiten por el mismo público, con un estilo muy definido del que emerge la figura de Hélène Martini, la «emperatriz de la noche», quien durante 37 años gobernó Folies Begère con mano de hierro.

El pasado sábado fallecía en París, la víspera de cumplir los 93 años, tras una larga enfermedad, según informó un abogado de la familia. De padre francés y madre rusa, Hélène nació en 1924 en lo que hoy es Bielorrusia. Su adolescencia estuvo sacudida por los horrores de la Segunda Guerra Mundial; su progenitor fue asesinado de un tiro por soldados alemanes y el estallido de una bomba segó la vida de su madre en un instante. Despavorida, huyó a París con una maleta vacía y los recuerdos atroces de la contienda muy presentes.

En 1946, una compañera que se hospedaba en su hotel la invitó a un espectáculo en Folies Bergère, el «music hall» más emblemático de la noche parisina, donde encontraron inspiración artistas como Guy de Maupassant que lo menciona en su novela «Bel Ami» o Manet quien reprodujo su bar al óleo en su último lienzo, en 1882. Alta, de penetrante mirada azul grisácea y mejillas afiladas, Hélèn cautivó con cuatro palabras al director artístico del cabaret Michael Gyarmathy, quien ese mismo día le ofreció unirse al elenco de bailarinas. Durante los próximos cuatro meses, su vida discurre sobre el escenario sepultada bajo una inmensa armadura de plumas.

Sus actuaciones resultan un éxito, pero no se prolongan demasiado. Tras ganar 3 millones de francos de la época a la lotería, se despide del cabaret y comienza a invertir en literatura y ropa cara. En una librería del barrio latino, se enamora de Nachat Martini, un exespía y hombre de negocios sirio, quince años mayor que ella y varios centímetros más bajito. En 1955 se casan y deciden comprar varios de los cabarets parisinos en las inmediaciones de Pigalle. Tras la prematura muerte de Nachat en 1960 a causa de una crisis cardíaca, Hélène asumió las riendas del negocio y amplió su imperio.

Llegó a reinar sobre 17 cabarets, siendo la joya de la corona el mítico Folies Bergère para el que un día bailó, y empleando a 900 personas en total. Con el ocaso de los cabarets, a finales de los noventa, y el cansancio apoderado de su cuerpo, se apeó progresivamente de la escena nocturna. En 2011, vendió Folies Bergère, ya convertido en una sala de musicales, por nueve millones de euros y se recluyó en su castillo de Servon, donde exhaló su último aliento hace una semana.