Estilo - Gente

Felipe de Marichalar con barba

En entrevista exclusiva insólita, Froilán ha celebrado a los toreros, y ha defendido la fiesta nacional

Felipe de Marichalar con su madre, Doña Elena, y su hermana, Victoria Federica, este verano en Oyarzun (Guipúzcoa)
Felipe de Marichalar con su madre, Doña Elena, y su hermana, Victoria Federica, este verano en Oyarzun (Guipúzcoa) - ABC

Felipe Juan Froilán de Marichar y de Borbón ha pegado el estirón, porque ha cumplido dieciocho, y de paso nos ha dado el susto de conocerle serio de pronto, como hablando con la barba ya puesta. La revelación ocurrió en las mañanas de Susanna Griso, en exclusiva insólita, donde Froilán ha celebrado a los toreros, y ha defendido la fiesta nacional. Lo que pasa con Froilán es que aún nos iba pareciendo un crío de travesura en Palacio, cuando ya es un zagalón y, por tanto, le vamos a ir pillando por ahí metido en jarana, guateque o botellón de agua mineral. El crío está a un rato de echarse novia, o de dejar a la novia. Quiero decir que el chaval, que es chavalón, ya sale de marcha, como procede y hasta conviene en la peña de su edad, seas o no seas el primer nieto de Don Juan Carlos. Ya sale, e irá saliendo, naturalmente.

Froilán viene de colegios extranjeros, donde tuvo algún momento medio averiado, y vuelve a otros colegios extranjeros, donde rinde ya enderezado y con buena hoja de servicios. En un tiempo, su padre, Jaime de Marichalar, me convidaba a algún almuerzo, y ahí me avalaba el ánimo de travesura saludable de Froilán, al que llaman Felipe, en la familia. Froilán, o sea, Felipe, no ha sido chico de demasiado sometimiento a normativa, y a ratos enfila la vida asomando a una discoteca, o a varias, porque es lo que toca, según el credo de cualquier adolescente crecido, cuya buena salud pasa por ir pillándole postura al divertimento.

Por ahí ya le han afeado que va con malas compañías, porque se acompaña a veces de algún colega versado en la noche madrileña, pero yo creo que va con buenas compañías, porque ha escogido gente que conoce el paño fino del asueto, zona vip, y se conduce entre amigos.

Si nos fijamos, vemos que Froilán ha crecido a la vista de la afición, porque queda de él mucho álbum de fotos, aunque haya sido criatura de moverse mucho, para la pose, y un chico de jugar al escondite con los flashes. Fue eso que las abuelas llaman «un revoltoso». Ajetreaba entre los primos y entendía los besamanos de palacio como un rato de recreo. Cumplió mucho como travieso profesional, como travieso de simpatía en las bodas de protocolo, y no paraba quieto nunca, aunque lo pidiera la madre, aunque lo pidiera el padre, aunque lo pidiera el Rey mismísimo, que ya es ponerse. Lo que vemos, con este Froilán que ya ha pegado el estirón, es que sabe de toreros, el tío, y que tendremos enseguida quinielas sobre si toma la Coca-Cola con hielo o sin hielo, sobre si tiene novieta o no tiene novieta, sobre si regresa tarde a casa o no regresa tarde a casa. Nos habíamos hecho al convencimiento de que el revoltoso era un crío para toda la vida y resulta que ha cumplido dieciocho años de cabal y habla con barba. Aunque la barba no acaba de salirle del todo. Por ahí aún se parece un poco al adorable crío gamberro que ajetreaba en las bodas de alto boato internacional.

Toda la actualidad en portada
publicidad