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¿Dónde se ha metido Melania Trump?

La mujer de Donald Trump se ha esfumado de la escena electoral tras el escándalo del plagio a Michelle Obama y entre constantes especulaciones -ciertas y falsas- sobre su pasado

Donald y Melania Trump
Donald y Melania Trump - ABC

Quedan 51 días para que los estadounidenses vayan a las urnas a elegir a su próximo presidente, y no hay rastro de Melania Trump, la mujer del candidato republicano. En la recta final de las elecciones, el rostro de la mujer de los nominados es un fijo en los mítines y apariciones públicas -el de Hillary Clinton es un caso excepcional, es la primera candidata a presidenta de uno de los dos grandes partidos-, aunque solo sea como cónyuge-florero. Es casi un requisito -sobre todo para convencer al votante conservador- emanar una imagen de familia unida, coherente con los valores tradicionales estadounidenses.

Pero Melania apenas ha tenido apariciones públicas junto a su marido en los últimos dos meses. Sí que pareció que la ex modelo tendría un papel importante en el asalto de Trump a la Casa Blanca a comienzos de año. Tras el triunfo del multimillonario neoyorquino en las primarias de Carolina del Sur, Melania agarró el micrófono y celebró el resultado: «¡Va a ser el mejor presidente!», aseguró al público. También tuvo entrevistas en televisión con MSNBC y CNN, apariciones en prensa y dio un pequeño discurso en un mitin en Milwaukee. Ella aseguró que su prioridad sería siempre estar cerca del hijo de ambos, Barron, que tiene diez años, pero su presencia en la caravana electoral era, si no constante, sí habitual.

El momento clave llegó a mediados de julio, en la convención del partido republicano en Cleveland, donde se ungió a Trump como nominado a la presidencia. Es tradicional que los cónyuges den un discurso y Melania no fue menos: salió al escenario de la mano de su marido, con un vestido blanco estupendo y la reacción fue positiva. Habló con calma, con cierta naturalidad para alguien no acostumbrada a leer discursos desde un «teleprompter» y con un discurso bien articulado. Pero la heroína no tardó en convertirse en villana: poco después se descubrió que partes de su intervención habían sido plagiadas del discurso que Michelle Obama dio en la convención demócrata de 2008, meses antes de que su marido se convirtiera en presidente. La escritora que ayudó a Melania a pergeñar el discurso no tardó en asumir toda la culpa y tratar de limpiar el nombre de los Trump. No importó: Melania quedó señalada. A finales de julio, tuvo que cerrar su página web, después de que se comprobara que no tenía un título universitario en arquitectura, como aseguraba.

Desde entonces, poco se ha sabido de ella, recluida en su fastuoso apartamento en la Torre Trump de Nueva York, aferrada a su hijo. La semana pasada apareció en un acto sobre seguridad nacional en Nueva York, pero no capturó protagonismo, solo se la fotografió sentada en primera fila, sin subir al estrado.

La ausencia de la potencial Primera Dama de EE.UU. es tal que desde principios de mes circulan por las redes sociales los hashtags #whereismelania ('Dónde está Melania') o #freemelania (‘Liberad a Melania’).

No solo el patinazo en el discurso en la convención republicana está detrás de su desaparición. Como cualquier elemento de Trump, Melania se ha convertido en pieza de caza electoral. El periódico sensacionalista británico «Daily Mail» publicó a finales de agosto que, en su primera época como modelo, Melania también fue prostituta de lujo. El diario se retractó y Trump le exigió 130 millones de euros en una demanda por difamación.

Pero mucha más guerra le ha dado su condición de inmigrante y de mujer de un candidato a la presidencia que prometió deportar a todos los indocumentados de EE.UU. y levantar un muro en la frontera con México. La prensa ha desmenuzado hasta el extremo el acceso de Melania, de origen esloveno, a la ciudadanía estadounidense. Muchas dudas sobre sus visados, su obtención de la residencia permanente y su naturalización fueron respondidas hace algunos días por un abogado experto en inmigración en una carta. Quedan algunos cabos sueltos, sobre todo si su acceso a la residencia permanente -la llamada «tarjeta verde»- fue a través de un matrimonio y, en ese caso, si se trató de un enlace fraudulento. Donald Trump dijo hace mucho tiempo que se organizaría una rueda de prensa para dar hasta el último detalle del asunto. Todavía no se ha producido. Quizá esa será la oportunidad para volver a escuchar, por fin, a Melania.

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