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¡Ah del castillo! Los fantasmas de Palacio

Silvia de Suecia ha confesado esta semana que en el palacio de Drottningholm hay espectros que son amigos suyos. Repasamos los otros castillos de Europa donde habitan estas presencias

Corresponsal en BerlínActualizado:

Silvia de Suecia ha confirmado que los fantasmas existen y que además son amigos suyos. La cadena pública SVT avanzó esta semana el contenido del programa de televisión «A Royal Hom» (Un hogar real). Ahí, la reina ha admitido esta semana que en el palacio de Drottningholm -declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en el año 1991-, hay presencias que describe como «fantasmas muy amistosos» y «muy amables». «Es muy emocionante, pero no, no te dan miedo», explicó sobre los espectros que habitan en su residencia. Y añadió: «Es solo que a veces tienes esa extraña sensación de que no estás solo».

En cuanto se conoció el contenido de este documental, las redes sociales escandinavas se llenaban también de fantasmas, que en sueco se dice «spöke». Los 73 años cumplidos de la reina han llevado a muchos a deducir que la edad le está jugando una mala pasada, pero rápidamente aparecieron en escena dos de sus grandes defensoras. La periodista Maria Gunnarsson, con acceso directo a la Casa Real sueca, confirma su lucidez y apunta a que es su especial sensibilidad la que está detrás de esa percepción. La hermana mayor del rey Carlos Gustavo, la princesa Cristina, ha zanjado la sospecha constatando que ella también ha percibido esas mismas presencias. «Por supuesto que los hay, hay fantasmas en todas las casas viejas. Existe una gran cantidad de energía en ese palacio y no es extraño que se manifieste como sonidos o formas», ha declarado.

No ha faltado quien ve una campaña publicitaria para aumentar las visitas al castillo, que reportan parte de su financiación. El publireportaje sobre el edificio y sus espléndidos jardines barrocos no muestra su actual estado de semi congelación a causa del frío, sino en los mucho más apetecibles meses de verano. También apunta a ello la insistencia de la monarca sueca: «Vengan, vengan y compruébenlo ustedes mismos», con lo que el debate ha dejado de girar sobre el ser o no ser de los fantasmas para pasar a girar sobre su identidad. Resulta que Drottningholm, que significa Islote de la reina, fue construido por Juan III para su esposa, la princesa polaca Catalina Jagellón en 1580. A partir de entonces, cada vez que una reina se ha encariñado con el castillo se han producido misteriosos incendios, como el de 1662, cuando la reina Eduviges Leonor comenzó a remodelarlo. O el de 1762, después de que Luisa Ulrica lo recibiese como regalo de bodas y decidiese redecorarlo al estilo rococó. Todas las sospechas, por tanto, recaen sobre la polaca.

Y como cualquier castillo que se precie debe tener un fantasma, Drottningholm no es el único en Europa que alimenta esta leyenda. En el vecino castillo de Dragsholm de Dinamarca, las almas en pena que lo habitan están perfectamente identificadas. Se trata de una plebeya enamorada del hijo de los dueños y asesinada por el padre de su amante y un conde que sale de noche a caballo desde su mortal cabalgada. En el castillo Glamis, en Escocia, no está muy claro si el fantasma es un niño deforme emparedado en una de sus habitaciones o el conde Beardie, que perdió allí un juego de cartas en el que había apostado su alma.

Incluso en nuestro castillo de Pedraza, en Segovia, tienen nombre y apellido los espíritus coronados por una orla de fuego que hace tiempo que nadie ve. En el castillo medieval de Belmonte, en Cuenca, dicen Charlton Heston paró de golpe el rodaje de «El Cid» al ver a una mujer en lo alto de la torre del homenaje. No era (y es) otra que la emperatriz Eugenia de Montijo. En otros casos, como el castillo Frankenstein de Darmstadt, en Alemania, se trata sin duda de un error, porque el nombre del castillo procede de un cambio de apellidos que nada tiene que ver con la novela de Mary Shelley, pero atrae tantos visitantes como los anteriores y eso parece ser lo que cuenta.