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El británico más currante

Bill Muir, de 67 años y premiado como el más laborioso del país, desempeña veinte empleos en una remota isla escocesa

El hacendoso jubilado tiene veinte empreos. Aquí lo vemos como pastor en tres de sus veinte trabajos
El hacendoso jubilado tiene veinte empreos. Aquí lo vemos como pastor en tres de sus veinte trabajos - ABC
LUIS VENTOSO Corresponsal En Londres - Actualizado: Guardado en: Estilo , Gente

Theresa May no es la persona que más trabaja del Reino Unido, pese al agobio del Brexit. Tampoco el hiperactivo Jamie Oliver o los ejecutivos de la City. El que más curra es Bill Muir, o al menos por eso lo acaban de distinguir en Londres con el premio Orgullo Británico. La primera peculiaridad del británico más laborioso es que está en edad de jubilación, 67 años. La segunda es que aseguran que desempeña veinte oficios. Lo hace además en un lugar que a priori se diría que no da para mucho: North Ronaldsay, una ventosa isla del Norte de Escocia, en el archipiélago de las Orcadas, con solo 6,9 kilómetros cuadrados y 50 vecinos.

Pero para Muir es como si estuviese en Manhatthan. El hombre no para: es el farero desde hace 47 años, lleva 33 como bombero y rescatador y desde hace once años ejerce también de controlador aéreo en el aeródromo de pista de césped. Hay más: se encarga de la recogida de basuras, es taxista, guía turístico y concejal. También colabora como pastor en el control de un rebaño comunal de 2.500 ovejas de raza autóctona, uno de los pocos ingresos de la isla. Por supuesto, se trata del clásico ñapas: albañil, mecánico de coches y electricista. Emprendedor, ha montado una constructora y se ocupa de la restauración del patrimonio de la minúscula isla donde nació en 1948. «No había luz, ni agua corriente ni baños. La electricidad llegó en 1983. Lo mejor fue la nevera. Antes había que conservarlo todo en salazón o consumirlo en fresco», evoca.

Muir como farero
Muir como farero- ABC

Muir ama los uniformes. Le encanta vestirse de almirante para ir al faro, donde sube con agilidad sus 176 escalones, o ponerse su traje de bombero, o el mono amarillo del aeródromo. Al hilo del premio se muestra modesto: «Ya no hago tanto como solía. He bajado muchísimo». ¿Planea entonces jubilarse? «No, no, no. El trabajo me hace feliz y me mantiene en forma. Mientras tenga salud seguiré».

Su mujer, Isobel, con la que tuvo dos hijos que desertaron a tierra firme, le echa una picadilla: «Trabaja mucho para la comunidad. Me gustaría verlo trabajando más en casa». Pero acto seguido reconoce que sin su Billy la pequeña North Ronaldsay se hundiría en el Mar del Norte: «¡No sé qué sería de esta isla si él no hiciese todo eso!».

Muir como rescatador
Muir como rescatador- ABC

La temperatura media en enero son 3,9 grados y en agosto, 12,8. El problema es el viento, que imposibilita la agricultura. No hay árboles y el paisaje es idéntico todo el año. North Ronaldsay tuvo su pico de población en 1881, con 547 vecinos. Ahora son cincuenta residentes fijos, casi todos jubilados, y veinte de segundas residencias. Solo hay un niño, con dos profesores para él. A pesar de que se han hecho campañas para atraer a jóvenes, nadie se anima.

El cordón umbilical con el gran mundo es el vuelo a Kirkwall, la capital de las Orcadas (9.293 vecinos). La avioneta de siete plazas les trae la compra, el correo y el médico, que viaja una vez por semana. El viaje a la capital, subvencionado, cuesta 36 libras, con descuento a 25 si pernoctas en North Ronaldsay.

¿Compensa la vida allí? Muir explica que cuando va a Kirkwall le gusta, «es muy bonito… pero al minuto ya quiero volver». Y que no tarde. Lo esperan sus veinte empleos.

Muir como bombero
Muir como bombero- ABC
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