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Argentina celebró el fugaz regreso de la Reina Máxima

El regreso de Máxima a su país natal coincidió con la primera visita oficial, en solitario, de la Duquesa de Cambridge

El rey Guillermo-Alejandro de Holanda da la bienvenida a la duquesa Catalina de Cambridge
El rey Guillermo-Alejandro de Holanda da la bienvenida a la duquesa Catalina de Cambridge - EFE

Máxima Zorreguieta, en rigor Reina de los Países Bajos, llegó esta semana a Buenos Aires, vio, habló y convenció. Su viaje, en esta ocasión, fue en su condición de embajadora de Naciones Unidas. El objetivo, tratar de impulsar los célebres «micro créditos» que inventó en la India el premio Nobel de la Paz, Muhammad Yunus. El regreso de Máxima a su país natal coincidió con la primera visita oficial, en solitario, de la Duquesa de Cambridge a Ámsterdam, donde compartió un almuerzo con el Rey Guillermo Alejandro.

Simplemente Máxima, como se refieren los argentinos a la Reina, aprovechó el tiempo en Buenos Aires como los pobres aprovechan las pocas monedas que poseen (sin que se le escapara un minuto). Con permiso de la Casa de Orange-Nassau utilizó su lengua materna (otra cosa hubiera resultado ridícula) en todas sus intervenciones públicas. También y con mayor razón, cuando le regaló por su cumpleaños número 5 a Antonia, la pequeña hija del presidente Mauricio Macri y de Juliana Awada, unas marionetas y un libro de cuentos de un autor holandés.Rodeada de unas medidas extraordinarias de seguridad, Máxima pronunció una conferencia en la Universidad Católica (UCA) donde estudió Ciencias Económicas (prohibieron el ingreso al auditórium de bolsos y mochilas), mantuvo reuniones de trabajo con el presidente Macri, intercambió impresiones con sus ministros y dejó frases para la historia como la siguiente: «En Argentina es caro ser pobre» y lo explico, «porque la gente que está en situación de pobreza no tiene acceso a todos los servicios».

La Reina de Holanda lo dijo para hacer entender lo difícil que resulta a los más necesitados tener acceso a préstamos que les permitan tener un futuro mejor. «Hay que generar inclusión financiera» propuso antes de recordar, «Solo el 50 por ciento de los argentinos tiene acceso a una cuenta bancaria» y «el porcentaje baja a 44 por ciento cuando se trata de gente de bajo recursos». «Lo ideal -añadió- sería tener a todos los argentinos incluidos en el sistema financiero».

Licenciada en Ciencias Económicas, Máxima Zorreguieta, sabe lo que dice y cómo lo dice. En algo parecido a una rueda de prensa (sólo se aceptaban dos preguntas), la Reina de Holanda demostró que conocía los números y las letras de Argentina. «Los créditos a las PYMES representan el 3 por ciento del PIB, el más bajo de la región», lamentó. La cara de circunstancias de la vicepresidente, Gabriela Michetti, que estaba a su lado, se relajó al oírla añadir, «mi impresión es que el Gobierno ha hecho muchísimo desde diciembre (investidura de Mauricio Macri). Ha habido un incremento de la bancarización respecto a tiempos anteriores», pero, reconoció, la inclusión «es una cuestión de largo plazo». En esa línea animó a «instrumentar un sistema de pagos competitivos. Todo el mundo debería poder hacer trasferencias desde su celular» (móvil).

Con la sombra alargada de las cámaras durante el par de días que estuvo en Buenos Aires, la Reina encajó de buen grado los comentarios sobre uno de sus modelos animal print, recibió con una sonrisa enorme la humorada de un periodista al entregarle un ramo de flores artificiales y un tarro de dulce de leche y esquivo con reflejos «reales» la pregunta de doble filo sobre por qué no había hecho estas propuestas de inclusión social durante el Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner. «Antes -dijo en referencia a la ONU- tenían prioridad, por sus necesidades, otros países... la India, Indonesia o China».

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