Angelina Jolie
Angelina Jolie - AFP

Angelina y Brad, un divorcio en punto muerto

Un año después de protagonizar una de las rupturas más sonadas de Hollywood, todavía no han alcanzado un acuerdo. La batalla legal se centra en la custodia y el bienestar de sus seis hijos

TorontoActualizado:

Formaban la pareja perfecta. Seducían con su belleza y talento y hacían soñar al público con su brillante universo, viajando de un lado a otro y restregando en cada entrevista su maravillosa vida. Hace un año, el 20 de septiembre de 2016, de forma inesperada para nosotros, que no para ellos, el viaje en común de Brad Pitt y Angelina Jolie tomó otro rumbo con el anuncio de su ruptura. Desmitificamos entonces a esta pareja de actores al descubrir que eran como todos los matrimonios y que las dificultades les habían llevado a atravesar una crisis para la que no encontraban solución. Él puso rumbo a la desintoxicación alcohólica y ella se recluyó en una mansión que alquiló en Malibú. Allí se escondió del mundo y cerró filas en torno a sus hijos. Pasó varias semanas recluida, esperando a que pasara la tormenta mediática que se les venía encima.

Lo único claro en esta historia es que un año después de anunciar su ruptura, Pitt y Jolie no han firmado los papeles de divorcio, pero no existen visos de reconciliación como algunos medios aseguraron el pasado mes de agosto. A ella la defiende Laura Wasser, conocida como «la reina del divorcio». A él, Lance Spiegel, bregado también en el terreno defendiendo a otras estrellas como Eva Longoria o Russell Simmons. El bienestar y la custodia de los niños son los principales escollos de su batalla legal. Pitt no lo tendrá fácil después de ser investigado por un presunto caso de malos tratos hacia su hijo mayor Maddox a bordo de un avión.

Pero no solo les unen sus hijos. Aún comparten algunas propiedades, como su casa de la Provenza francesa donde contrajeron matrimonio en 2015. Ella ha negado recientemente que tenga intención de venderla.

Y, mientras tratan de alcanzar un acuerdo en los juzgados, ambos se han refugiado en sus carreras profesionales. Suena a cliché, pero es así. Aquellos nueve meses en la casa de Malibú, Angelina se dedicó a editar su película «First They Killed My Father», sobre el genocidio del Jemer Rojo en Camboya, que presentó el pasado lunes en el Festival de Cine de Toronto. Acudió rodeada de sus seis hijos, tres adoptados -el camboyano Maddox (16 años), el vietnamita Pax (15) y la etíope Zahara (14)- y tres biológicos Shiloh (13) y los gemelos Vivienne y Knox (9). «Me gusta estar con ellos. Están en sus años de formación y todo lo demás queda en segundo lugar», dijo la actriz durante la promoción. Maddox ejerció como productor ejecutivo de la cinta rodada, que se estrenó en Netflix ayer. «Mi hijo va y viene a Camboya, pero esta experiencia fue intensa porque estuvimos allí cuatro meses y tuvo que aprender las partes más oscuras de su historia», reveló Jolie. A su lado, Maddox confesaba la admiración que siente por su madre: «Trabajar con ella ha sido una maravilla» .

En la portada que le dedica el periódico «New York Times» esta semana, se refiere a ella como «Glamazon», es decir, una amazona del glamour, una mujer que ha vivido toda su vida expuesta a la opinión pública y controla meticulosamente cada paso que da de cara al mundo. «Todos nosotros hemos permanecido encerrados y ya sentíamos la necesidad de salir, de volver al mundo de nuevo», declaró.

Tras un año de luto, Angelina sonríe de nuevo y admite que ya puede volver a empezar. «Todo se detuvo, he pasado mi tiempo sentada hablando con mis hijos sobre cómo les ha afectado nuestra decisión. Cada lugar, cada proyecto les afecta. Tengo que ajustarme para entender hasta qué punto pueden manejar la situación. Ellos me ayudan mucho, somos una unidad, son mis mejores amigos, lo mejor que he tenido en mi vida. Nadie ha estado a mi lado como ellos», ha confesado Jolie.

La intérprete de «Tomb Raider» y sus niños se han mudado a una nueva casa del barrio de Los Feliz, en Los Ángeles (California, EE.UU). Una vivienda con una maravillosa vista del Observatorio de Griffith Park que perteneció al también director de cine Cecil B. DeMille -autor de taquillazos como «Los diez mandamientos» o «Rey de reyes»-. «Es una casa donde construir memorias, es una casa feliz, con luz y alegría, no necesitamos nada más», explicó al «New York Times».

Embajadora de Naciones Unidas, ha hecho más de sesenta viajes con ellos en favor de los más desfavorecidos, es portavoz de grupos minoritarios de mujeres en seminarios. Ahora se ha adentrado también en el mundo de la gastronomía y toma clases de cocina, algo que nunca se le dio bien.

Brad Pitt no acudió a Toronto para apoyar ni a su expareja ni a su hijo en la promoción de la película. Su primera aparición tras el anuncio de su separación fue en noviembre de 2016. El actor acudió al estreno de «Aliados», una película donde compartía reparto con Marion Cotillard. Lucía muy cambiado y fueron muchos los que pensaron que la separación le había venido bien.

Desde entonces, Pitt se esconde en Los Ángeles sin ver a sus hijos con la frecuencia de antaño, sufriendo en silencio su pérdida e intentando desconectar dedicándose a la escultura. «Han sido meses muy difíciles», ha revelado a sus amigos. Aunque las apariciones de Angelina junto a sus hijos trasciendan, Pitt mantiene esa misma actitud con sus hijos. Pero prefiere que esos encuentros se produzcan en la más estricta intimidad.