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Alfredo Fraile: «Julio Iglesias fue incapaz de llamar a su hijo Enrique para pedirle perdón»

El que fuera un hombre clave en el mundo del espectáculo abre viejas heridas con el cantante español

Los Reyes reciben en Zarzuela, en 1980, a Julio Iglesias y sus hijos mayores
Los Reyes reciben en Zarzuela, en 1980, a Julio Iglesias y sus hijos mayores - EFE
BEATRIZ CORTÁZAR Madrid - Actualizado: Guardado en: Estilo , Gente

Hace dos años, Alfredo Fraile (Madrid, 1943) fue el responsable de que a muchos poderosos se les atragantara el café en cuanto llegó a sus manos su controvertido libro de memorias: «Secretos confesables» (Península). Se temían lo peor: que contara al detalle la cruda realidad que se esconde tras demasiadas biografías edulcoradas por obra y gracia de sus asesores o de sus fortunas. Fraile, también conocido como «El Mánager», ha sido un hombre clave en el mundo del espectáculo, la empresa y los medios de comunicación de este país, y no pudo negarse a firmar un volumen polémico que escribió por empeño de sus propios hijos (es padre de seis). «No lo hubiera hecho si no hubiera sido porque ellos me 'obligaron'», reconoce.

Esta semana, Alfredo Fraile ha reaparecido en Madrid con objeto de sumarse a uno de los tradicionales almuerzos de la peña Cuarto Poder en Casa Lucio. Aunque pasa casi todo su tiempo en Miami, quien siembra recoge y eso explica que a su llegada al castizo restaurante muchos comensales se levantaran para saludar a un hombre que sabe mejor que nadie cómo son de verdad Silvio Berlusconi, Javier de la Rosa, Adolfo Suárez, Isabel Preysler o Julio Iglesias. Sobre todo, Julio Iglesias, a quien dedicó veinte años de su vida. Hoy, viven ajenos el uno del otro.

Con respecto a Julio, siempre evoca los inicios de su carrera, «cuando teníamos que viajar país por país. Creo que es la época que recuerdo con mas cariño», se arranca sobre el cantante. Lo cierto es que, tras dos décadas juntos, en las que él fue su representante, confidente y hombre para todo, el final de su relación personal y profesional no fue precisamente agradable. Aunque Fraile ya lo había contado en sus memorias, eso no impide que, en esta ocasión, el empresario ponga un gesto de incredulidad al rememorar cómo después de su ruptura se encontró casualmente en un aeropuerto con Julio y éste le abrazó. «'Gordo, no sé nada de ti, a ver si me llamas', fue lo que me soltó como si tal cosa. Luego me comentó que estaba mosqueado, porque yo iba contando cosas que él no había dicho. Julio es incapaz de pedir perdón, cuando realmente hay que hacerlo. Siempre digo que su problema es la inseguridad, siempre quiere algo diferente. Aunque, de no ser como es, no habría llegado donde está, así que esa inseguridad ha resultado positiva», añade Fraile.

«Quiero más a Isabel»

Durante el almuerzo Alfredo Fraile discurre entre los personajes más carismáticos para los que trabajó, de Adolfo Suárez a Berlusconi. Pero al final, todos los caminos regresan a Julio Iglesias. Y con respecto a sus afectos, lo tiene claro: «Aunque no debería ser así, yo hoy quiero más a Isabel Preysler que a Julio. Ella es más señora que él y lo que al final pasó con Julio y conmigo, lo sabía desde hacía tiempo. Julio no me traicionó, porque me lo esperaba. A mis 73 años, sé que hay cosas que no repetiría», asegura.

Desde hace años se especula con la auténtica relación que hay entre Julio Iglesias y su hijo Enrique. Y tirando de este hilo, Fraile explica que los problemas empezaron cuando Enrique se lanzó al mundo de la música sin contar con el apoyo paterno. Fue ayudado por la «seño» (Elvira Olivares, la mujer que cuidó a los niños Iglesias-Preysler), quien financió su primer disco precisamente con el dinero de la indemnización que exigió a Julio Iglesias cuando éste la despidió. «En el disco hay un agradecimiento a la 'seño' por destinar su dinero a ese proyecto y sin pensárselo dos veces -explica Fraile-. Para Enrique aquello fue fundamental y la prueba es que siempre ha estado vinculado a ella. Cuando salió su disco, un día llamó a su padre para decirle que había vendido un millón de copias. La respuesta de Julio fue que el éxito lo debía a ser hijo suyo y que el disco era una porquería. Después, Enrique le volvió a llamar para decirle que ya llevaba dos millones. Y la respuesta del padre fue la misma. A la tercera, le dijo que había vendido cinco millones y que ya le había superado. Desde entonces no han vuelto a hablarse. Su relación es nula, no existe. Julio fue incapaz de llamarle para pedirle perdón. Lo más gracioso es que hoy los hijos de Julio y Miranda son admiradores de la música de Enrique y siempre le piden a su padre que les lleve a sus conciertos o que le invite a casa», desvela Fraile.

«La última vez que vi a Julio actuar fue en el año 1984. No sé cómo le va ahora, pero sí que lo único que tiene en su vida es su carrera. Por eso tiene que seguir cantando. Es incapaz de quedarse en su casa, no lo resistiría. Hay muchas cosas que no conté en el libro, aunque sí se las he dicho a Julio en persona. No sería noble abrir esa parte de su vida al público en general», reconoce, al tiempo que niega que tenga intención de escribir una segunda parte.

Fraile, por último, le quita hierro al mito de «conquistador» de Julio Iglesias. «Le encanta coquetear y gustar, en eso es igual que su padre, lo lleva en el ADN. Es verdad que a las mujeres que le dejaban una huella especial solía regalarles un reloj «Tank» de Cartier. Yo era el encargado de comprarlos en la joyería de un amigo. Lo de las 6.000 mujeres es mentira. No ha habido ni 3.000 ni 1.000», sentencia.

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