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Alfonso Diez vive al margen de los Alba

Ausente en la boda de Luis Martínez de Irujo, se resiste a salir de su nuevo «anonimato»

Alfonso Diez
Alfonso Diez - GJB
BEATRIZ CORTÁZAR Madrid - Actualizado: Guardado en: Estilo , Gente

Es muy probable que a muchos que desconocen cómo es la auténtica relación del duque viudo de Alba con los hijos de la difunta Cayetana les haya sorprendido su ausencia en la boda de Luis Martínez de Irujo. El pasado sábado, el hijo de Alfonso, duque de Híjar, y de María Hohenlohe-Langenburg se casó con Adriana Marín en el jardín del palacio de Liria, donde se improvisó un altar y se organizaron los asientos para que los más de 300 invitados pudieran presenciar la ceremonia.

Estuvieron todos los hijos de la difunta duquesa, con sus más y sus menos. Como era de esperar, faltó Alfonso Diez, hoy totalmente distanciado de la familia de su mujer y sin ganas de retomar ningún lazo. Discreto y siempre alejado de cualquier polémica, lo cierto es que el duque viudo ni sabe ni quiere saber nada de los hijos de Cayetana. Aunque en los últimos años de vida de la duquesa estrechó lazos con algunos de ellos, especialmente con Carlos, Cayetano y Eugenia, a día de hoy como mucho habla alguna vez por teléfono con el duque de Arjona. Además, son contadas las veces que han quedado para comer juntos.

Una vez arreglaron la cuestión de la herencia y Alfonso percibió lo que le correspondía como viudo, tal y como deseaba Cayetana, no ha surgido ninguna ocasión propicia para verse. Queda claro que Diez ni está ni se le espera en los actos de familia, y eso que fue el hombre que hizo feliz a la duquesa en los últimos años de su vida. «La relación nunca fue buena entre ellos, pero con Alfonso y Jacobo es que jamás hubo ningún tipo de trato», comenta un cercano a la familia, que sabe perfectamente cómo estos dos hijos de la duquesa jamás «tragaron» a Diez.

Lo cierto es que en estos dos años transcurridos desde la muerte de Cayetana, Alfonso no ha vuelto a dar un titular, ni tan siquiera para saciar la sed de los que buscaban escándalos o nuevas aventuras en la vida del ex funcionario. Regresó a su piso de soltero en el barrio de Chamberí y a su vida anónima al margen de los focos. En este tiempo le han tentado con todo tipo de ofertas millonarias, desde unas suculentas memorias de sus años junto a la duquesa a colaboraciones televisivas de todo tipo e incluso radiofónicas, aunque fuera para hablar de su gran pasión: el cine. Pero su respuesta siempre ha sido la misma: no.

Diez es consciente de que su irrupción en los medios siempre va a conllevar hablar de los Alba y eso precisamente es lo que no quiere. Los hechos hablan por sí solos y demuestran que ni hay trato ni mucho menos cariño, pero a él es lo que menos le preocupa. Lo que sí le quita el sueño es la salud de uno de sus hermanos, que está gravemente enfermo. Por eso, su pensamiento y su prioridad es acompañarle en esa batalla y «pasar» ampliamente de las ceremonias de los Alba que, dicho sea de paso, sin Cayetana nada es igual.

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