País Vasco

«Los adolescentes comienzan a fumar porros para ocultar un problema emocional»

El consumo de cannabis en el País Vasco continúa siendo de los más altos de la Unión Europea

«Los adolescentes comienzan a fumar porros para ocultar un problema emocional»

El País Vasco se mantiene como uno de los territorios europeos más consumidores de las llamadas «drogas blandas», que engloban, entre otros, al alcohol y el tabaco. A ello hay que sumar el peligroso avance de otros psicotrópicos, como los fármacos sintéticos, que cada vez tienen más presencia en la autonomía. Un hecho que preocupa al gabinete de Íñigo Urkullu, que este verano aprobó su VII Plan de Adicciones: «Ante el ritmo acelerado con que nuevas sustancias ilegales irrumpen en el mercado, es preciso incidir en la vigilancia sobre su posible toxicidad», explica el departamento de Salud, que hace hincapié en que la población posee «una baja percepción del riesgo» que esconden.

Mención especial tienen las «smart drugs» o drogas de diseño, cuya expansión ha hecho saltar las alarmas en el Ejecutivo autonómico. Su auge es inversamente proporcional al de sustancias «tradicionales» como el cannabis o la heroína, que, pese a que su consumo mantiene niveles altos, comienzan a perder terreno ante la llegada de los nuevos fármacos psicotrópicos. Según el centro de Asistencia Terapéutica de Barcelona, se trata de estupefacientes sintetizados en un laboratorio a partir de elementos químicos que pueden producir «efectos distintos sobre el sistema nervioso, imitando los efectos de las drogas naturales».

Solo en 2016 se hallaron en el País Vasco 34 nuevas drogas de diseño, informó el delegado del Gobierno, Javier de Andrés, lo cual supone un «alarmante incremento» respecto al año anterior, cuando se descubrieron tres: «Además de la dificultad que entraña la identificación de estas nuevas sustancias, hay que destacar la potencial peligrosidad de estos compuestos, cuyos efectos sobre la salud son todavía desconocidos», subrayó el dirigente vitoriano.

«Cada vez hay más casos de drogas de diseño», asevera la psicóloga y terapeuta Sara Laso, que sostiene que la expansión de los nuevos alucinógenos a lo largo del último bienio no se ha producido solo en entornos marginales, sino también entre gente con estudios universitarios y de buena posición. Una adicción que, alega, surge sobre todo en personas con problemas emocionales, depresión y ansiedad.

Consumo temprano

En lo que se refiere al alcohol, el informe elaborado por el Ejecutivo autonómico destaca que su ingesta intensiva «continúa siendo elevada» especialmente entre hombres de entre 15 y 45 años, lo que significa que el consumo de riesgo «no es exclusivamente un fenómeno ligado a la juventud». Sin embargo, alerta de que la proporción de menores de entre 15 y 18 que beben los fines de semana «se ha incrementado significativamente» y afecta a ambos sexos.

También preocupa el consumo de marihuana, que se sitúa entre los más altos de Europa. Según una encuesta de 2014 sobre uso de drogas en Enseñanzas Secundarias en España (Estudes), el 36,1% de los menores vascos de entre 14 y 18 años ha probado alguna vez el cannabis, lo que supone un incremento de siete puntos respecto a la media española. Sin embargo, también ha crecido su uso «experimental» entre los adultos, amparados en la vieja leyenda de que su consumo puede tener efectos positivos para la salud.

En este sentido, Laso sostiene que el uso terapéutico de la marihuana tal vez puede ser beneficioso en casos extremos, como el cáncer, «pero no para una persona que esté sana». Tampoco cree que se pueda alcanzar un consumo equilibrado del cannabis entre la población adolescente, que recurre a él «por placer o para ocultar un problema emocional» y que lo termina fumando «a diario y sin control». Una adicción que, en el caso de los más jóvenes, puede dar lugar al desarrollo de psicopatologías graves.

Por otro lado, la experta sostiene que la genética «tiene un papel fundamental» en este aspecto, ya que la marihuana es capaz de «activar» genes hasta entonces dormidos como el de la esquizofrenia. No es este el único peligro de este tipo de drogas, que a largo plazo pueden producir también pérdidas de memoria, problemas de concentración y conductas agresivas.

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