El farmacéutico Juan de la Serna con su hija Paloma (a su derecha) y su nieta Beatriz
El farmacéutico Juan de la Serna con su hija Paloma (a su derecha) y su nieta Beatriz - BELÉN RODRIGO
Comercios centenarios de Madrid

El ungüento para las hemorroides que hizo famosa a la centenaria farmacia de la calle Santa Isabel

Un recién licenciado Juan de la Serna llegó a esta farmacia en 1945. Hoy tiene 95 años y regenta la botica con su hija y su nieta

MadridActualizado:

Todos los propietarios que han pasado por esta farmacia de la calle de Santa Isabel han demostrado tener una inquieta personalidad. Cada uno, de una forma u otra, han contribuido con su conocimiento a distintas causas. Y permanece intacto ese trato cercano con sus clientes, a quienes se trata de explicar cualquier duda que surja con los medicamentos. Las farmacias centenarias ya no son lo que eran, si pensamos en las tertulias que se formaban en las reboticas o en los medicamentos e ungüentos que se preparaban. Pero en la farmacia De la Serna, como en otras de la misma época o incluso anteriores, se sigue respirando parte de ese pasado.

Un recién licenciado Juan de la Serna llegó a esta farmacia en 1945. Hoy tiene 95 años, y siempre que puede pasa por su casa, en la que están al frente su hija Paloma de la Serna y su nieta Beatriz Vilches de la Serna. Para hablar de los orígenes de este local, los archivos municipales indican que Nicolás Gómez Calleja fue el primero en establecerse en esta farmacia en 1853. Natural de Arévalo, optó por una calle muy bien ubicada, rodeada de hospitales, que le ayudarían a tener clientela asegurada. Fue catedrático de la Facultad de Farmacia de Madrid y promotor de los estudios de la Materia Farmacéutica Vegetal en España. En 1868 le sucedió su hijo Juan Ramón Gómez-Pamo, con la edad de 22 años. Fue miembro de la Real Academia de Farmacia, colaboró en la Cátedra de Química con Gabriel de la Puerta y fue fundador de la Sociedad Centro Farmacéutico Nacional. Al fallecer Juan Ramón, en 1913, hereda la farmacia su hijo Fernando Gómez-Pamo del Fresno, quien además de farmacéutico se dedicó también al dibujo, a la caricatura y al teatro. Como caricaturista, fue colaborador periódico en Blanco y Negro y ABC y su hija, la ya fallecida actriz Maruchi Fresno, heredó su pasión por los escenarios. En 1940 traspasa la farmacia a Nicolás Urgoiti, entonces un farmacéutico de renombre, siendo también un importante promotor industrial. Más dedicado al Instituto de Biología y Sueroterapia (IBYS), y también a la farmacia de su mujer, acaba cediendo la suya al entonces novel farmacéutico Juan de la Serna.

Botamen de cerámica blanca catalana
Botamen de cerámica blanca catalana - BELÉN RODRIGO

«Cuando comencé había mucha actividad en la rebotica, se hacían entre 20 y 30 fórmulas al día», relata el propio Juan de la Serna a ABC. Recuerda que muy cerca, donde está hoy el Reina Sofía, estaba el Hospital Provincial donde trabajaban todos los catedráticos. Algunos muy conocidos, como el urólogo Ángel Pulido, entraba con frecuencia a esta farmacia, o Florestán Aguilar y Rodríguez, quien fura dentista de la Casa Real. Y por la zona vivían muchos estudiantes en pensiones. Cuando De la Serna se quedó con la farmacia, ésta ya gozaba de mucha fama, entre ellas por el ungüento Zapata para las hemorroides que preparaba Gómez-Pomo. Juan de la Serna compaginó su carrera como farmacéutico con la de investigación y dada su especialidad en Contaminación y saneamiento atmosférico, fue delegado españolen un programa científico durante 20 años, en la Comunidad Económica Europea, y cuenta con numerosas publicaciones.

Botiquín homeopático del siglo XIX
Botiquín homeopático del siglo XIX- BELÉN RODRIGO

Alteración de la fachada

La farmacia sufrió alteraciones en 1940, con Nicolás Urgoiti, perdiendo su fachada de madera y cambiando la puerta de lugar, entre otras cosas. La rebotica tenía, como era habitual, su mesa central de mármol, cajonería para los accesorias y útiles para las fórmulas. Y distribuida por las mesas y estanterías, el botamen de cerámica blanca catalana, grande y pequeña. Hay otra colección de albarelos, de color azul, algo posterior. Y en una de las dependencias de la rebotica Juan de la Serna ha creado un pequeño museo con artículos y medicamentos antiguos. Llama la atención un antiguo botiquín homeopático de viaje, del siglo XIX. Mantienen una gran cueva, aunque está cerrada por causa de las humedades, y todavía se puede ver un pequeño altillo donde dormían los aprendices.

«Mantenemos nuestra ideología de farmacia de barrio, tratamos de aconsejar y explicar a nuestros clientes», afirma Paloma de la Serna. Reconoce que el barrio ha cambiado mucho, «ya nos tocó lidiar con drogadictos en una determinada época y las guardias eran difíciles». ¿Anécdotas? «Tenemos muchas, aquí hasta nos toca explicar cómo hay que ponerse un supositorio», comenta con humor. Su hija Beatriz se sintió un poco presionada por seguir los pasos de su abuelo y de su madre. «Al tener la opción de una farmacia acabas por ceder pero me encantó la carrera y realicé el doctorado en Botánica», explica la tercera generación de la familia De la Serna. Siente que el público demanda más los productos naturales y «funcionan muy bien la naturopatía y la cosmética natural». Al igual que su madre, considera de suma importancia la labor de educación a la población, «nuestro objetivo no es ser un supermercado sino el servicio al cliente».

La rebotica conserva el antiguo mobiliario y una imagen del doctor Gómez - Pamo
La rebotica conserva el antiguo mobiliario y una imagen del doctor Gómez - Pamo - BELÉN RODRIGO