Dos banderas de España cuelgan de la fachada principal de la Iglesia de San Ildefonso, en el barrio de Chueca
Dos banderas de España cuelgan de la fachada principal de la Iglesia de San Ildefonso, en el barrio de Chueca - MAYA BALANYÀ

San Ildefonso, una parroquia en medio de la encrucijada

El templo crece en el centro, en un barrio colorido entregado al «carpe diem»

MADRIDActualizado:

Una bandera de España ondea libérrima en la torre de la modesta fachada principal de la iglesia. Otra en el coro. Y una más en el presbiterio. Parece que estamos necesitados de banderas, también en las iglesias, quizá por eso de que la religión tiene mucho que ver con el amor a la patria. Y esto no es política, es educación en las virtudes humanas, clásicas. ¿No son muchas banderas?, pregunté. Y el párroco de san Ildefonso y santos Justo y Pastor, Pedro Luis López García, con cierta ironía y sencillez cautivadora, contestó: «Bueno, celebramos el domingo pasado un encuentro nacional de hermandades y cofradías de la Santa Entrada. Fue entonces cuando se colgaron las banderas. Pensé que no estaba de más que se quedaran».

La Parroquia de san Ildefonso y santos Justo y Pastor, calle Colón 16, es una parroquia pero, en la práctica, son dos después de que se produjera la devolución del complejo anejo a la Iglesia de las Maravillas al Ayuntamiento que dirige Manuela Carmena y se encomendara la gestión del templo a la Comunidad de San Egidio.

San Ildefonso ha crecido por tanto en medio del barrio Malasaña, encrucijada cultural fruto de la movida que se extiende desde Chueca. Una barrio colorido, entregado a un «carpe diem» que es puro deseo, nuevos comercios junto a tradicionales mercaderías, fisonomía de humanidad, pura tendencia, edad media y menos que media.

El templo de san Ildefonso fue derribado en 1809 por José Bonaparte «El rey plazuelas», reconstruido en 1826 por Antonio Cuervo, arrasado por las llamas en 1832 y en 1936. Vaya historia. Con un relieve en el presbiterio del motivo titular de la parroquia, atribuido a un taller castellano del XVII y restaurado por Mariano Bellver en 1861, acoge piezas valiosas como el Cristo de la Misericordia o un san Antonio bien bendito.

El párroco comenta que su proyecto es evangelizar, hacer posible la misión, el encuentro de los vecinos, los de siempre, que son los vienen a la Iglesia, y los nuevos que han repoblado el barrio. «Mira, el Papa nos pide ir a las periferias, pero las periferias están aquí, nada más salir de la puerta», insistía el párroco.

Periferias en el centro de Madrid, en uno de los centros de Madrid, intersección de líneas pastorales. De ahí que, entre las actividades de la parroquia, está la movida de los jóvenes del primer viernes por la noche, que ahora están centrados en el Anuncio. Un grupo de chavales y chavalas que después de un rato de oración salen a conversar con los que transitan por la movida para invitarles a a hacer silencio en el corazón, plataforma de deseos.

Una parroquia en la que colaboran los sacerdotes José Bosom, hijo del barrio, natural de esas calles y plazuelas, que ha trabajado tanto años en el arzobispado de forma eficaz y generosa. También está Jesús Luis Sacristán, voz de COPE, siempre inquieto, y el sacerdote venezolano, estudiante en el Instituto de Pastoral, Jonathan José Zambrano. Un barrio de contrastes, tradicional, castizo, de inmigración y también de pobreza.

Cada mes, el equipo renovado de Cáritas dedica del fondo de emergencia unos cuatro mil euros en ayudas, a los que hay que sumar mil euros más del presupuesto específico de la parroquia. Más los alimentos del Banco de Alimentos y las ayudas puntuales. Caridad y religiosidad popular no son incompatibles, expresión litúrgica de la fe en esta parroquia que cuenta con la Real Congregación del Santísimo Cristo de la Misericordia, que data del siglo XVII y que tiene como fin la devoción al Cristo síntesis de amor para nuestro tiempo.

Y también está la Hermandad del Santísimo Sacramento, que organiza los terceros domingos de mes, después de la misa principal de mediodía, la Minerva, una procesión con el Santísimo por el interior del templo. Y ahora también puja fuerte la Cofradía de la Borriquita, Hermandad y Cofradía penitencial de la Santa Entrada, establecida en la parroquia hace dos años, con paso ya popular y artístico.

No hay que olvidar, por cierto, una inscripción en la entrada lateral que dice «Nesta Igrexa de S. Ildefonso Rosalia de Castro e Manuel Murguia contrairon matrimonio o día 10 de outubre de 1858». La historia.