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Madrid

Las pruebas que incriminan al presunto descuartizador de Majadahonda

Acusado del asesinato de su tía y de una inquilina a las que trató de triturar en una picadora, no ha confesado

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El descuartizador de Majadahonda

Bruno Hern√°ndez en una imagen de archivo- ABC

Acusado del asesinato de su tía y de una inquilina a las que trató de triturar en una picadora, no ha confesado. La Fiscalía pide, en el juicio que arranca hoy, 30 años de internamiento en un centro psiquiátrico, ya que le aplica la eximente incompleta de enajenación mental.

No ha confesado los espeluznantes hechos y la esquizofrenia paranoide que padece, de la que no se tratababa, supuestamente, cuando cometió los asesinatos que se le imputan, el de su tía y el de su inquilina, pueden acabar con el acusado, Bruno Hernández Vega, de 34 años, internado en un psiquiátrico penitenciario durante 30 años. Esa es la petición del Ministerio Público para el procesado, privado de libertad desde el 7 de abril de 2015, que, a partir de hoy se sienta en el banquillo.

La Fiscalía solicita una pena de más de 26 años de cárcel por ambos crímenes y por los delitos continuados de estafa, falsedad documental y tenencia ilicita de armas. No obstante, le aplica la eximente incompleta de enajenación mental al entender que «sus capacidades se encontraban alteradas». Había estado ingresado en varias ocasiones, la última, en diciembre de 2014. La acusación particular pide por el asesinato de la arrendataria 24 años. Un jurado popular se encargará, hasta el próximo 2 de octubre, de enjuiciar estos hechos en la Sección 30 de la Audiencia Provincial de Madrid.

El bautizado como «descuartizador de la casa de los horrores de Majadahonda» acabó, de forma no precisada, con la vida de su tía paterna, Liria Hernández, de 64 años, tras poner esta a la venta el chalé en donde ocurrieron los hechos, situado en el número 6 de la calle de la Sacedilla en fecha posterior al 13 de abril de 2010. Asi lo considera probado el Fiscal en su escrito de calificaciones. Hernández intentó «trocear y destruir su cuerpo, utilizando una picadora industrial que tenía en el sótano». No logró completar su truculenta empresa y trató de deshacerse de los restos del cadáver, arrojándolos a la basura u ocultándolos en un lugar que se desconoce. El 1 de abril de 2015 repitió el mismo guión con Adriana Gioiosa, de 54 años. Le tenía alquilada una habitación por la que le cobraba 250 euros y acababa de regresar de su Argentina natal de visitar a su familia. A continuación, las principales pruebas de cargo y el modo de actuar de Bruno Hernández.

Una ¬ędesaparici√≥n de alto riesgo¬Ľ

Bruno Hernández, arriba y tapado con una cazadora, en la reconstrucción de los hechos- ABC

Pistas falsas.

Eduardo Gabriel, uno de los dos hermanos de Gioiosa, se desplazó a España desde Buenos Aires para denunciar la desaparición de su hermana ante la Guardia Civil. Fue el 6 de abril de 2015. Ella le envió un mensaje de texto el 30 de marzo en el que le decía que había llegado bien. A partir de ahí, siempre a través del mensajes, comenzó explicar a este y a sus allegados que se había enamorado y que iba a emprender un largo viaje por Europa. Ni el contenido ni la forma de expresarse eran propios de Adriana, que no contestaba a las llamadas, lo que hizo sospechar a su hermano de que algo grave ocurría.

Cuando los agentes entraron a inspeccionar el chalé el día 7 no lo dudaron. «Era una desaparición de alto riesgo». Nadie que se vaya de forma voluntaria deja documentos y objetos personales. Creen que se desató una discusión entre ambos, tal vez porque la mujer quería marcharse, ya que le consideraba un tipo siniestro, y que el casero la mató. Para dar más veracidad a su coartada, Bruno escribió a máquina una carta en la que la mujer se despedía de la hamburguesería en la que trabajaba.

¬ŅDonde est√° t√≠a Liria?

Finca de Santa Cruz de la Zarza en la que la Guardia Civil buscó restos- ABC

Nadie la echó de menos en un lustro.

A la dueña del chalé de Majadahonda se la había tragado la tierra. Sus vecinos hacía años que no veían a Liria. «Se fue de un día para otro sin despedirse en 2010 o 2011», indicaban. El único que, presuntamente, se comunicaba con ella era Bruno. Este le había dicho a su padre y hermano de la mujer, que la llevó a una residencia de Ávila. Las desavenencias por una herencia familiar llevó a discutir a los hermanos Hernández, hasta el punto que ninguno de los cinco mantenía contacto con ella. Los investigadores sospecharon. No figuraba empadronada en ningún lugar, ni tampoco constaba su defunción.

Liria puso su casa a la venta poco antes de que se la tragara la tierra. Este hecho habría desencadenado una disputa con Bruno que acabó de forma trágica, ya que que este pretendía alquilar habitaciones.

Le robó más de 33.000 euros

Un agente de la Guardia Civil en el chalé del presunto descuartizador de Majadahonda- ABC

Estafa y falsedad documental.

Tras el crimen, Bruno decidió sacar tajada del dinero de su tía. Así, entre el 22/11/10 y el 28/6/11 transfirió 33.227,85 euros de una cuenta de su tía a una suya. Esta, pertenecía a una empresa de reformas que el acusado creó el 7/10/10. La Fiscalía sostiene que el procesado falsificó la firma de Liria en un documento en el que esta le alquilaba el chalé, fechado el 1/7/13, por un periodo de 15 años a cambio del pago de 18.000 euros que no abonó. Así se dedicaba a arrendar las habitaciones con «todos los papeles en regla». Los peritos caligráficos demostraron también que simuló la firma de la víctima el 4/9/14 en otro escrito en el que autorizaba su empadronamiento en «el chalé de los horrores».

Una picadora ¬ęcapaz de triturar carne y huesos¬Ľ

El sospechoso, de espaldas, en la finca rural de Santa Cruz de la Zarza- ABC

Sin cadáveres y sin confesión.

En ambos casos el acusado utiliza la picadora industrial una vez descuartizados los cadáveres con el fin de destruir los cuerpos. La máquina, según la Fiscalía, «es de gran potencia, capaz de triturar carne y huesos troceados de forma previa aptos para entrar por la boca de la carga». Después, Bruno hizo desaparecer lo que quedó de los cuerpos en un lugar que se desconoce, dado que él no ha confesado. Los investigadores piensan que los arrojó a la basura. De hecho, un testigo le vio antes de que el caso de Gioiosa saliera a la luz sacar varias bolsas y tirarlas en varios contenedor. Se fijó porque no eran los más cercanos a la vivienda.

Sangre humana e indicios delatores

Adriana fue la √ļltima inquilina de la casa de los horrores de Majadahonda- ABC

Pintó y limpió para borrar huellas.

Los primeros análisis de la trituradora incriminaron al casero de Majadahonda. Contenían sangre humana. Era de Adriana. Se le pudo acusar ya formalmente de homicidio. La máquina, que fue limpiada por el procesado minuciosamente e incluso desmontada en parte -no le dio tiempo, al verse sorprendido por el registro del chalé el 7 de abril-, habló de nuevo cuando se completaron las pruebas. Y dijo que también había sangre de la tía en la picadora y en uno de los serruchos que se intervinieron en el sótano. Este estaba en un maletín en donde había, además, hachas y un machete. A Bruno se le imputó el segundo crimen tras ser cotejado el perfil genético de su tía con el de su padre. En la picadora hallaron más restos orgánicos de la argentina. Y eso que el imputado trató de destruir pruebas, limpiando a conciencia los lugares de la matanza, e, incluso, pintó las paredes del garaje a trozos.

En su cuarto del piso de Móstoles, en donde residía con su padre y su hermana, albergaba otras pruebas delatoras. Joyas de la inquilina en un guante de látex, su portátil, su pasaporte y las llaves del coche que dejó aparcado cerca con restos de sangre qde la desaparecida. El móvil no apareció. Además, le intervinieron dos pistolas semiautomáticas inutillizadas, un rifle, un cañón, un silenciador y munición.

¬ęSu trastorno distorsiona la realidad¬Ľ

Rostro infantil de Bruno, el descuartizador de Majadahonda- ABC

Delirio psicótico.

La esquizofrenia paranoide que padece el procesado, según un informe forense, «es una enfermedad de curso crónico con un delirio psicótico asentado; una personalidad con suspicacia y recelo elevados y dificultades para la relación interpersonal». Así lo recoge el escrito de la Fiscalía. «El trastorno disocia el enfoque adecuado de la realidad en la que vive». Sus capacidades se encontraban comprometidas en el momento de los hechos. Bruno se ha negado a hablar de las mujeres y niega las acusaciones.

Tras destaparse el horripilante caso, su padre dijo: «Mi hijo ha hecho algo terrible; debía estar en un hospital, no en la calle. La culpa la tienen los que le dejaron salir», se desahogó con un amigo.

La vida de Bruno ha estado marcada por la separación de sus padres. Se quedó a vivir con su progenitor, emigraron a Puerto Rico y cuando regresó se marchó un tiempo con su tía Liria y su primo. Su entorno dice que ha estado ingresado en psiquiátricos en, al menos, cuatro ocasiones; la primera vez hace cinco o seis años a ocasión obligado por su padre.

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