Madrid

Preocupación entre los golfistas por el cierre de Canal: «No imagino dar la última clase aquí»

Tanto trabajadores como usuarios esperan que, al final, se llegue a un acuerdo para no derribar la instalación

Varios golfistas practican sus golpes ayer en el campo del Canal
Varios golfistas practican sus golpes ayer en el campo del Canal - ISABEL B. PERMUY

«Clak, clak, clak, clak...». Normalmente, sobre el silencio propio de los concentrados jugadores de golf únicamente resuenan los hierros al impactar con las bolas antes de mandarlas de excursión hacia sus correspondientes hoyos porque, como dicen los entendidos, al golf se juega en silencio. Pero ayer, en el campo del Canal, el silencio era un poco más profundo, la concentración estaba más dispersa y la intranquilidad desviaba las bolas después de que el consejero de Presidencia y Justicia, Ángel Garrido, confirmara en la Asamblea de Madrid que el Ejecutivo regional iba a acatar el dictamen del Tribunal Superior de Justicia de Madrid (TSJM) para derribar el campo, un hecho que no se producirá, como ha podido saber ABC, antes de 2018, el año en el que vence la concesión en vigor.

Heras, ayer en Canal
Heras, ayer en Canal- ISABEL B. PERMUY

La alegría de los colectivos vecinales al conocer que el campo del Canal tendrá que ser derribado, contrasta con la preocupación de los golfistas y profesores que allí acuden día a día y que, sin comerlo ni beberlo, se han encontrado con esta noticia. «No me parece que esto sea el principal problema de Madrid», estima José Manuel Heras, un golfista habitual, quien cree que, en realidad, «la mayoría de los vecinos no ve mal que jueguen allí». Además, propone una solución salomónica: «Quizá se pueda dejar parte del campo de golf y construir otras pistas o parques también».

Su historia es curiosa porque, según explica, sufrió una enfermedad que sólo le permite jugar al golf y, además, confiesa que antes también veía con cierto recelo a aquellos que practicaban el que ahora es su deporte. «Yo antes jugaba al bádminton, pero cuando no pude, me dijeron que probara con el golf y hasta hoy». Para él, poder «escaparse un rato» y lanzar unas bolas en pleno centro de Madrid es mucho más sencillo que desplazarse en coche a campos más alejados de la periferia, pero es consciente de que, en decisiones así, «importa el conjunto».

«No me imagino dar la última clase aquí»

Junto a él está habitualmente uno de los profesores del complejo, David Moser-Rothschild, quien puede presumir de haber visto evolucionar el campo desde los comienzos. «El 1 de julio de 2007 yo di la primera clase y esto estaba lleno, fue una revolución», rememora el golfista, que no se explica por qué van a cerrar su centro de trabajo y el de, según sus cálculos, entre 100 y 150 personas más.

El profesor, ayer en Canal
El profesor, ayer en Canal- ISABEL B. PERMUY

«Lo que pasa es que el golf no está bien vendido, puede parecer un deporte de ricos pero no lo es», defiende Moser-Rothschild, quien alaba las virtudes de un deporte que, según dice, «se puede practicar a cualquier edad». Por ello, espera que los políticos «piensen en la gente y no en agradar a cuatro».

Dejando a un lado la idoneidad del deporte, también suele ser bueno tener un sueldo a fin de mes y tampoco es ajeno a esta situación el profesor: «Llevo aquí nueve años y todos los años ha habido rumores sobre si lo cerraban, pero sí, si ahora lo van a cerrar en serio, no me gustaría quedarme sin trabajo». Lo que tampoco le gustaría, según reconoció a este diario, sería cerrar el círculo y ser quien hubiera dado la primera y la última clase en aquel campo de golf. «No me imagino cómo sería la última clase».

Cronología del problema

Según especificó ayer Garrido, pese a que la Comunidad se mostró favorable a la demolición, aún tiene un mes para valorar si, por medio del Canal de Isabel II —entidad pública regional propietaria del terreno concesionado— recurre o no la sentencia. Igualmente, fuentes del Ejecutivo han confirmado a ABC que su intención, amén de que se recurra o no, es ir de la mano de los vecinos y el Ayuntamiento de Madrid en este proceso respetando, siempre, la legalidad judicial que se ha reafirmado en que hay que tirar las instalaciones para devolver al estado original ese espacio del barrio de Chamberí.

La cronología de esta historia comienza en el año 2003, cuando el Gobierno regional consiguió la licencia de obras para construir allí una zona verde con instalaciones deportivas y helipuerto incluidos. El siguiente acto tuvo lugar cuando, según recuerda el diputado socialista Diego Cruz, Esperanza Aguirre llegó al frente de la Comunidad. «Entonces decidió cambiar el proyecto para destinar 40.000 metros cuadrados en pleno distrito de Chamberí, donde hay carencia de instalaciones verdes, a una zona para prácticar el tiro de golf». Los técnicos municipales decretaron entonces que aquello era ilegal y exigieron paralizar las obras, ya que el proyecto no cumplía las condiciones originales.

El Ejecutivo de Aguirre tuvo que pedir otro permiso y declaró que el campo de golf respondía al interés general, lo que dinamitó judicialmente el proceso. «No era de interés general, sino de general interés para ella», ironiza Cruz. Ante la nueva denominación, los tribunales coincidieron al afirmar que aquella instalación no cumplía con los requisitos necesarios para ser considerada de interés general y por eso, en 2013, Ignacio González y su corporación se lanzaron a crear ese Plan Especial de nombre interminable —Plan Especial Definición de Redes Públicas Depósito número 3 del Canal de Isabel II y Regulación de Condiciones de Protección— para salvar un complejo que llevaba seis años construido y funcionando sin aprobación. Y así hasta el pasado 3 de septiembre, cuando el TSJM se reafirmó y dictó una sentencia en la que declaraba «nulo de pleno derecho» el Plan Especial. Consecuencia: hay que derribar el campo de golf, para satisfacción vecinal.

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