Ángel Antonio Herrera - CARTAS A LA ALCALDESA

Los Mendigos

El mendigo existe, y está ahí, con su vino de cartón y su melancolía de domingo, poniendo paisaje adverso a la ciudad

Ángel Antonio Herrera
MADRIDActualizado:

El mendigo es una figura de fácil recurso literario, para el cronista, como la castañera, por Navidad, o bien la ninfa en bikini, cuando llega el sol convencido del Manzanares. Pero el mendigo existe, y está ahí, con su vino de cartón y su melancolía de domingo, poniendo paisaje adverso a la ciudad, poniendo vergüenza para todos, si nos mira, porque un mendigo es un fracaso, y el fracaso somos todos.

Traigo aquí este paseo de reflexión rápida y difícil, alcaldesa, porque el mendigo ya no es una aparición solitaria del Viaducto, o de la Plaza Mayor, cuando anochece, o de plaza de Castilla, orilla izquierda, según subes. El mendigo se multiplica, alcaldesa, porque en el Parque de las Avenidas prospera una tribu de mendicidad que toma cada mañana la zona, principalmente la Avenida de Bruselas, que es donde hay comercio, que es como decir que es donde hay limosna. Llevan en el empleo sin empleo varios años, y me apuntan que son rumanos, en su mayoría, y esto no lo recojo bajo afán racista sino informativo.

Igual suman veinte personas, acaso treinta. Están en la limosna del desamparo, pero los desamparados cumplen una mecánica laboral, porque se van turnando en las esquinas correspondientes del limosneo, y hasta se arriman a alguna frutería, por cambiar la tesorería lograda en billete, cuando acaba la faena, que suele ser a las tres de la tarde, como los contratados de las ópticas el barrio, o del Banco de Santander.

Han tomado el lugar, estratégicamente. Es más, han montado su propio picnic diario, con hoguera y colchón, en la Avenida de Camilo José Cela, bajo el puente de la A-2, que queda cerca. Ahí comen, lavan, hacen fuego, mueven cartones, dejan basura. Ahí improvisan un campamento de mantenimiento, y yo diría que ahí hay ya un asentamiento.

Vaya, y mírelo, alcaldesa. Sus gentes de Medio Ambiente saben de lo que hablo, porque a veces han retirado del lugar trastos viejos o colchonetas deshechas. El tercermundismo nos incluye a todos. La mendicidad, organizada o no, también.

Ángel Antonio HerreraÁngel Antonio HerreraArticulista de OpiniónÁngel Antonio Herrera