Madrid

Madrid quiere música: «Más pianos y menos coches»

Los madrileños disfrutan hoy, hasta las 20.00 horas, de conciertos improvisados en plena calle gracias a una iniciativa de la Fundación Jesús Sierra y el Concurso Internacional de Música María Canals

Un músico ofrece un improvisado concierto a las puertas del Congreso
Un músico ofrece un improvisado concierto a las puertas del Congreso - JAIME GARCÍA

A un lado las prisas, un andamio, un martillo que no para y mucha gente. Al otro, un piano y, en medio, un jauría de coches que, con el claxon de un Porsche y el semáforo en verde, se lanza en estampida carretera abajo por la Milla de Oro. Entonces el paso para el peatón queda libre y una tenue melodía se hace con la banda sonora del escenario en una estampa que hoy se ha repetido en ocho puntos de la capital, donde se han colocado pianos de cola para que todo aquel que tuviera ganas ofreciera su particular recital.

En total han sido ocho pianos que le han dado a Madrid otros ocho auditorios urbanos, unos más íntimos, como los de la calle de Serrano, y otros más espléndidos, como los de Colón o el instalado frente al Congreso de los Diputados. Allí, precisamente, han deleitado con su música Jorge Gil y su hija, Irene, que hoy han decidido tomarse el día libre para poder visitar estos pianos y hacer disfrutar al público con su música.

«Yo he tenido más nervios ahora que en un auditorio», confiesa Gil, quien reconoce estar más acostumbrado a ese entorno que a la calle. Su hija, que admite que «siempre» ha querido ser pianista —«aunque también actriz y escritora», puntualiza— también está encantada con la inicativa, más aún después de haber podido tocar un rato. «Es divertido, compartes música con todo el mundo y, en definitiva, es una experiencia muy bonita», subraya el padre antes de marcharse a probar las teclas de otro piano.

El público, en el bolsillo

Si los músicos están encantados, el público, mucho más, especialmente porque no todos los días hay un piano tan cerca de casa. Esto es lo que le ha pasado a Cristina García-Atance, una vecina del Barrio de Salamanca que no perdía detalle de la actuación de Iván Penalba —que hoy invertirá el día en «tocar todos los pianos»—, en un rincón de la calle de Serrano.

Padre e hija al piano
Padre e hija al piano- JAIME GARCÍA

Sentada en un banco al sol y con la ovación preparada al final de cada pieza, esta mujer reconoce que, una vez que comienza la música, «ni se entera de que la carretera está justo detrás». «Me encanta, la verdad», resalta García-Atance que estaría encantada de que esta iniciativa, organizada por la Fundación Jesús Serra y el Concurso Internacional de Música María Canals, se repitiera todos los días: «Yo bajaría a escuchar».

Junto a ella, varias jóvenes también permanecían atentas a la actuación del artista, que al terminar confesó a ABC sus trucos para embelesar al auditorio: «Si les tocas algo clásico, igual lo ven muy lejano, pero si les tocas algo que se sepan, como Coldplay, te van a escuchar».

Coldplay, Enrique Iglesias, Bach, Mozart o lo que fuera escuchaba Luis Pérez, un amante de la música y pianista autodidacta de casi 70 años que ni se había quitado el casco para disfrutar de las piezas de hoy. «Así lo escucho mejor», explica, antes de ensalzar la iniciativa de sacar los instrumentos a la calle: «Más pianos y menos coches».

En uno u otro sitio, la escena se repite. Un corrillo rodea al piano, alguien toca. Mientras tanto, el corrillo va creciendo y también la cola de músicos que quieren regalarle un rato de música a Madrid. La atmósfera cambia y muchos se olvidan hasta de que están en pleno centro de Madrid hasta que los aplausos dan por terminada la actuación. Entonces, vuelta al principio. Alguien se sienta al piano, ajusta el taburete y la atmósfera vuelve a cambiar. ¿Magia? No, música.

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