Los comercios inundan la calle Mayor, la céntrica arteria que vertebra el barrio de los Austrias
Los comercios inundan la calle Mayor, la céntrica arteria que vertebra el barrio de los Austrias - ERNESTO AGUDO

El Madrid de los Austrias: un «after» de las compras

El barrio navega hacia hacerse un zoco variado que pudiera abrir a todas horas, domingos incluidos

MADRIDActualizado:

Como el consumo avanza que es una barbaridad, el barrio de los Austrias navega hacia hacerse un zoco variado que pudiera abrir a todas horas, domingos incluidos. Ya viene prosperando. Suena por ahí, además, que van a poner un hotel boutique en la mismísima Plaza Mayor. El barrio, en fin, está ya a tres ratos de lograrse como un «after» de las compras.

Este Madrid de los Austrias obliga al vecindario a no cambiar el color de las persianas, pero ahora se entrega al desmadre de abrir mucho escaparate descomunal, montando un show permanente para turistas y paseantes de la visa propia, o la del marido. Madrid es así, pero mala cosa que sea así. Ya pasó por la Gran Vía, que fue calle de cines, y ahora lo es de calzoncillos de marca. Madrid no duerme, pero Madrid no cierra, a partir de mañana, o de pasado mañana. Madrid es moro, como escribió Umbral, bajo consejo de Gómez de la Serna, pero ahora será chino, o bien de los de las boutiques internacionales del pijerío.

Aún nos iban quedando algunos cafés con entraña de terciopelo y algunas sombrererías de sombra, y hasta algunas pensiones para «viajeros y estables». Aún nos iban quedando estas delicias, en fin, que son un paseo de saludable decadentismo entre pórticos de soneto y churrerías de chulapo, desde la Plaza de la Villa hacia arriba, o hacia abajo. Pero ahora nos van a montar encima de todo esto un Rastro inverso, donde no se venderán catalejos de poeta o arpas de vampiro sino bragas galácticas y bolsos Armani de cumpleaños. Ya no se nos va a aparecer Quevedo en la calle Cordón, sino un gerente de Dolce & Gabana.

En este Madrid de los Austrias nació Larra, y aquí mismo se administró el tiro de suicida con chaleco. Aquí alterno Cansinos Assens con toda la golfemia de su época. Valle Inclán dio mapa a Luces de Bohemia con estas calles torturadas. Aquí tuvimos de alumno a un doncel prometedor que se llama Miguel de Cervantes. La memoria de todos va a alternar con un futuro, ya casi presente, de japoneses que sólo leen las instrucciones del iphone, y de yanquis tronadas que se compran un cartel de toros, para el cabecero de la cama.

Este Madrid encierra, aún, tascas de legionarios y grutas de tahona, pero ahora se vende a los restaurantes vegetarianos, y a los centros comerciales, donde el gentío acampa en finde con el familión completo, como quien acude a un Bernabéu de las rebajas. Lo único, que cuando regrese el verano habrá mayor alboroto de vikingas extranjeras de romería de escaparates. Algo es algo.