Familiares de las víctimas de Noelia de Mingo
Familiares de las víctimas de Noelia de Mingo - JAIME GARCÍA

Los familiares de las víctimas de la doctora De Mingo: «Matar en España sale muy barato»

Los familiares no creen que la madre pueda controlar a la enferma mental que mató a tres personas e hirió a otras seis en 2003 en la Fundación Jiménez Díaz

MADRIDActualizado:

Con resignación y hastío recibieron ayer los familiares de las víctimas la noticia de la libertad inminente de Noelia de Mingo. Casi tres lustros después de sufrir el varapalo más duro de sus vidas, valoran resignados la salida del psiquiátrico penitenciario de Fontcalent (Alicante) de la doctora que el 3 de abril de 2003 segó la vida de tres personas e hirió a otras seis en un brote de esquizofrenia paranoide.

Pese a respetar la decisión judicial, consideran poco fiable la imposición de un tratamiento ambulatorio bajo vigilancia materna. «No me parece normal que una persona de más de 80 años se haga cargo de su hija, cuando hace 14 no pudo controlarla», señala Javier Huertas, hijo de la paciente Jacinta Gómez, una de las personas asesinadas. «Se supone que si está bajo tratamiento no hay riesgo, pero qué pasa si vuelve a dejar de tomar la medicación», prosigue, ya sin fuerzas para seguir luchando: «Estoy agotado».

Para las víctimas, el hecho de que De Mingo no les haya pedido perdón siembra de dudas la buena evolución que acreditan los informes sobre su estado mental y el de la Clínica Médico Forense, realizado a petición de la acusación. «Cuando una persona está rehabilitada y es consciente de todo lo que ha hecho, lo mínimo que tiene que hacer es mostrar arrepentimiento, cuestión que aún no se ha producido», advierte Luis Valles, quien sufrió la pérdida de su padre Félix, de 76 años, cuando visitaba a su madre en la Jiménez Díaz. De Mingo también asesinó a su compañera Leila El Ouamari, de 27 años.

«Emocionalmente estamos destrozados. Y jurídicamente es lo que digan los leyes, así que no puedo valorar la decisión», remarca Valles, sorprendido por la celeridad del proceso: «Nos llama la atención que nada más cumplirse los reglamentos estándares de libertad, esté en la calle al día siguiente».

Además, pone el foco en la falta de atención recibida. «Nadie se ha preocupado de los familiares de las víctimas ni de los heridos», sostiene, al tiempo que deja una conclusión muy reveladora: «Sabemos que esto tenía que ocurrir. Lo que ocurre es que solo han pasado 14 años y está claro que sale muy barato matar en este país».