La presidenta Cifuentes, durante los actos de entrega de premios de la AVT
La presidenta Cifuentes, durante los actos de entrega de premios de la AVT - JAIME GARCÍA

Los coletazos del «mastergate» de Cifuentes: el desánimo se instala en Sol

El PP se revuelve contra Cs: ve injusto que Cifuentes caiga por «un tema menor»

MADRIDActualizado:

El casi siempre colorido atiendo de la presidenta Cifuentes se trocó ayer por un sobrio vestido negro que parecía el más fiel reflejo del estado de ánimo que embargaba a la jefa del Ejecutivo autonómico. Y no sólo a ella: en la Real Casa de Correos se mascaba la amargura. Una mezcla de desconcierto, desconsuelo y desánimo de los que barruntan que están asistiendo al final de una etapa, a la que terminará poniendo punto y final lo que no deja de ser, indican, «un asunto menor».

La Real Casa de Correos era ayer el escenario donde se celebraba la VII edición de los premios Verdad, Memoria, Dignidad y Justicia, que otorga la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT). Cristina Cifuentes era una de las galardonadas, con la Cruz de la Dignidad. Pero anunció que no acudiría al acto para no «viciarlo» con los efectos colaterales de su polémico máster y la expectación mediática que provoca.

No se equivocaba en esto último: decenas de periodistas acudieron cuando se supo que, finalmente, sí que acudiría: resultaba insólito que no estuviera presente en un acto en que la entregaban un premio, estando en la propia sede del Gobierno regional y a solo unos metros de su despacho, máxime cuando al acto asistían dos ministros del Gobierno: Dolors Montserrat y Juan Ignacio Zoido.

Además, se supo por su entorno que la presidenta de honor de la Asociación de Víctimas del Terrorismo, María Ángeles Pedraza, le envió un mensaje a Cifuentes cuando supo que no acudiría pidiéndola encarecidamente que participara, por su estrechísima relación y el apoyo que siempre demostró con las víctimas del terrorismo.

Consolando a Pedraza

Y Cifuentes acudió. Una vez más, demostró la raza de política: no sólo compareció, forzando la sonrisa, sino que tomó la palabra para agradecer el galardón - «el más importante de mi ya dilatada vida política»-, y hasta se permitió consolar a Pedraza, visiblemente afectada. Luego, rehuyó a los periodistas -en un gesto, este sí, que era insólito en ella hasta hace apenas quince días-.

Atrás quedaron consejeros y otros altos cargos de su Gobierno, diputados y otras personas que trabajan para la presidenta. Todos ellos con una nota común: la desazón por la sucesión de malas noticias que han afectado a la presidenta Cifuentes y amenazan la continuidad de su carrera como nunca antes había ocurrido. Criticaban especialmente a Ciudadanos, por «sus formas» en este asunto y por ese «empeño en pedir la dimisión de alguien que no está imputado en nada; ni siquiera la Fiscalía se ha pronunciado sobre si hay delito alguno en el caso del máster».

Rivera marca

«No es normal que Rivera nos imponga un cambio de presidente, ¿quién es él?», señalaban. Varios consejeros y otras personas del entorno de la jefa del Ejecutivo ya reconocen, «sotto voce», el error de la presidenta con su máster, pero al mismo tiempo lamentan la «injusticia» de que la presidenta esté en riesgo de perder el cargo cuando otros políticos -de su partido y de otros- han sido protagonistas de escándalos de mayor calado, o donde se había producido un lucro a costa del dinero público. «Y no sólo eso; ha habido otros que han inflado su currículum, como aquel que se hizo pasar por médico», recuerdan, pero todos con castigos mucho menos duros.

Entienden que la jefa del PP madrileño y del Gobierno autonómico puede estar pagando por los «enemigos» que se ha hecho en sus años en el primer escalón de la política. En algunos casos, fruto de su decisión de «limpiar» el partido, lo que le ha granjeado pocos afectos entre algunos sectores resistentes a los cambios. La lectura entonces, se dolían, era que para sobrevivir «lo mejor es no hacer nada, y dejar que siga habiendo comportamientos irregulares».

Compás de espera

Todos en Sol han entrado en un compás de espera, aguardando que Mariano Rajoy haga algún movimiento que indique hasta dónde se puede tensar la cuerda con Ciudadanos. Convencidos, en todo caso, de que el PP nunca consentirá perder el Gobierno de Madrid.

Mientras, continúa bullendo el asunto de la sucesión, a la que se van sumando nombres a medida que pasan los días. Fuentes parlamentarias se quejan de que, en todo caso, en el «banquillo» del grupo parlamentario hay diputados preparados y con experiencia, aunque ninguna de estas personas cuenta con el mínimo carisma. Lo que abriría otro frente al PP de cara a las elecciones de 2019: habría que buscar candidatos potentes para las dos grandes instituciones madrileñas.