Madrid

Los cooperativistas de Cuatro Caminos modifican su plan «in extremis»

Las 443 familias de Residencial Metropolitan trabajan a contrarreloj para que Carmena desbloquee el proyecto antes de que acabe el año

Vista aérea de las cocheras de Cuatro Caminos
Vista aérea de las cocheras de Cuatro Caminos - ABC

Mientras el Ayuntamiento madrileño se afana en regularizar la situación de 88 familias okupas en pisos de la EMVS, los 443 cooperativistas que están pagando por construir sus viviendas sobre las cocheras de Metro de Cuatro Caminos luchan por sacar adelante su proyecto. Con el tiempo en su contra, tratan de subsanar con técnicos del Ayuntamiento y del ente público de transportes los tres puntos que han servido de argumento al Gobierno de Manuela Carmena para tumbar su plan urbanístico.

Los fallos que el Área de Desarrollo Urbano Sostenible (DUS) detectó para argumentar que el Plan Parcial de las cocheras no se ajustaba al Plan General de Ordenamiento Urbano (PGOU) fueron tres: el incumplimiento de la ficha al no eliminar en superficie las cocheras; rebasar las cotas sobre rasante, y la permeabilidad, es decir, que sea fácilmente transitable en los ejes norte-sur/este-oeste.

En un limbo

Con estos argumentos, Ahora Madrid dejó en un limbo administrativo, en el pasado Pleno de junio, el planeamiento que presentaron los cooperativistas, una documentación que obtuvo el visto bueno de la anterior Corporación (PP) y de Metro en 2010. Solo con los votos a favor de A, la abstención del PSOE y las votaciones en conhora Madridtra de PP y C’s se mantiene bloqueado el sueño del Residencial Metropolitan.

Diciembre es la fecha tope para los afectados, momento en el que deberían abonar otros 50.000 euros de media por cooperativista, que se suman a los 100.000 euros que ya han invertido desde 2014 para hacer posible la construcción. Si en los próximos tres meses las dos Administraciones —Comunidad de Madrid y Ayuntamiento— no llegan a un acuerdo para desbloquear el proyecto, el futuro de las 443 familias sobre Cuatro Caminos se desvanecería.

Para resolver la encrucijada, a finales de julio se creó la primera mesa técnica con todas las partes implicadas, consultores y arquitectos. Allí se revisaron los puntos que habían servido de base al partido del cambio para echarlo para atrás.

«En ese momento no teníamos constancia oficial aún de la desestimación mediante ningún documento», explica Joaquín Emilio Vázquez, secretario del consejo rector de Metropolitan. La notificación la recibieron a mediados de septiembre, dos meses y medio después de la celebración del Pleno.

Vázquez explica cómo tratan de solventar «in extremis» su proyecto: «Sobre la eliminación en superficie de las cocheras, se acepta el proyecto de soterramiento y cubrición». Valora este cooperativista que no entienden que para la operación Mahou-Calderón no haya que cubrir la M-30 —para ahorrar costes a los inversores privados, como explicó recientemente el delegado de DUS, José Manuel Calvo— «y con el nuestro sí». «Ahí es donde se ve que es un posicionamiento político», considera Vázquez. En la misma línea, el Partido Popular y Ciudadanos han reiterado sus críticas hacia Ahora Madrid sobre esta cuestión calificando la falta de apoyo hacia estas familias como parte del «urbanismo ideológico» del Gobierno de Carmena.

Respecto a las cotas que se superaban, proponen una modificación de alturas que resolverían con el talud sur de la calle de Esquilache. El Consistorio quiere que se oculte la playa de vías de las cocheras, que las revestirían de zonas ajardinadas, sin superar las cotas de entre 3 y 7 metros de altura porque «es ilegal».

Desde Residencial Metropolitan se muestran optimistas con que estos cambios lleven de nuevo al Plan Parcial a la cámara municipal y cuente con los votos favorables de Ahora Madrid. «Cuando se ha tratado con los técnicos y con Metro parecía que serían las soluciones», apostilla el representante de la entidad privada.

El punto débil

La permeabilidad es el punto más complicado. La ficha del plan dice que se tratará conseguir la máxima permeabilidad en el ámbito. «Se cumple —indica Vázquez— en la práctica totalidad del perímetro, pero en la nueva propuesta habría adicionalmente una zona que amplía la permeabilidad». Se encuentra ubicada entre la parcela de uso terciario y la torre de Marqués de Lesma.

Al margen de subsanar estas cuestiones, las 443 familias solicitan «flexibilidad de las dos Administraciones». «El Ayuntamiento tiene una posición política, y Metro, técnica», manifiestan.

Para los cooperativistas, el mayor problema son los plazos. «El reloj pasa cada día. En diciembre tenemos que hacer un nuevo pago. Si no hay visibilidad de que llegue a buen puerto, es complicado pedirle a la gente dinero. No queremos recuperar lo invertido, queremos tener nuestras viviendas allí». Juegan, opinan, con otro elemento en contra: «El Gobierno de Ahora Madrid no quiere volver a verse fracturado en una votación en Pleno». Fue lo que ocurrió en noviembre de 2015 con la cooperativa Maravillas de Raimundo Fernández Villaverde, donde seis concejales de Carmena votaron en contra del proyecto y el resto, 14, a favor.

Insisten en subrayar que su planeamiento supone beneficios para el barrio, aporta más ámbito verde, un 10% de vivienda protegida y una parcela dotacional para el Ayuntamiento de la capital con 6.600 metros cuadrados donde puede construir lo que quiera para el disfrute de los ciudadanos del barrio.

El devenir de esta zona está en juego por el pulso que mantiene el Consistorio con este proyecto enquistado desde que llegó Carmena a Cibeles. El anterior equipo, del PP, dio el visto bueno al plan.

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