Sucesos

El control de Vallecas desata la última guerra entre bandas latinas

Los trinitarios mataron a un menor de los ñetas para arrebatarles el poder del barrio. Al día siguiente, se vengaron

La funeraria retira el cadáver del menor asesinado en Vallecas
La funeraria retira el cadáver del menor asesinado en Vallecas - ÓSCAR DEL POZO

La Brigada Provincial de Información está tras la pista del autor de la reyerta que acabó la noche del domingo con la vida de un menor ecuatoriano de 17 años en Puente de Vallecas. La Policía lo tenía en fase de estudio por su posible pertenencia a la banda latina de los ñetas, una de las que más tiempo lleva asentada en Madrid. El suceso derivó, menos de 24 horas después, en una venganza por parte de sus supuestos compañeros de filas contra el grupo atacante, los trinitarios, conformado principalmente por dominicanos.

¿Cuál fue el detonante de esta nueva guerra de pandilleros? Fuentes de la investigación explican a ABC que todo tiene su origen en el control del territorio. El distrito es, históricamente, una zona bajo el poder de los ñetas. Sin embargo, los trinitarios son cada vez más fuertes. Incluso algo más mayoritarios. Un problema, explican los expertos del caso, que también se da en Carabanchel. Y los dominicanos quisieron dejar constancia de ello aquella noche.

Iban buscando una presa desde el viernes anterior. Y sabían dónde encontrarla. En la zona donde se produjo el crimen, la calle de María Paz Unciti con Urbano Martín, se reúnen los ñetas. Entre 20 y 25 trinitarios, armados con machetes y puñales, sorprendieron a un número más reducido de ecuatorianos. Querían sangre y la tuvieron. Al que mataron le asestaron cuchilladas en la zona renal y en el hemitórax derecho. A uno de sus amigos, de 25 años y la misma nacionalidad, le pegaron una paliza, que le provocó traumatismos en el abdomen y en el pecho, y le rajaron un brazo. Consiguió salvar la vida.

La Policía halló varias armas blancas entre setos y bajo los coches. Una de ellas es, presuntamente, el machete que utilizó el homicida, aunque aún falta el informe concluyente de la Brigada Científica. El resto, explican fuentes del caso, pueden ser de otros participantes en la reyerta, aunque no se descarta que estuvieran allí escondidas desde hace tiempo, una práctica común de estos sanguinarios pandilleros.

La venganza

En medios policiales pronto se corrió la voz: «Mucho ojo en las zonas frecuentadas por bandas dominicanas». El aviso no era baladí. Porque el lunes, a las siete menos cuarto de la tarde, varios ñetas salieron a la caza del trinitario. Buscaron a uno que conocían, que sabían dónde vivía y por dónde se movía. Resultó ser Cristian Moreno Luciano, de 21 años. Le sorprendieron cuando iba solo a la altura del número 7 de la travesía de Palomeras. Utilizando un arma de fogueo manipulada, le descerrajaron un tiro por la espalda, que le afectó al pulmón. Tuvo la suerte de sobrevivir.

La tensión entre ambas facciones es máxima, más que ahora se acerca el fin de semana. Los expertos en bandas latinas hablan de que existen ahora en Madrid unos 350 miembros más o menos activos, siendo los grupos dominicanos los más numerosos: trinitarios y sus archienemigos, los Dominican Don’t Play, de los que nacieron como una escisión hace diez años. No hay más integrantes ni más reyertas que en otros tiempos, pero sí se percibe una mayor brutalidad en sus ataques.

En los 16 años que hace que se implantó el primer grupo en Madrid (los latin kings), se ha producido una evolución en varios aspectos. Entre los de la primera generación, que ya bordean o superan los 30 años, muchos han pasado ya por prisión. Para algunos, ese castigo ha servido para reinsertarse socialmente; «pero otros han aprendido lo peor de la cárcel, y se dedican ahora a la delincuencia pura y dura: desde robos a farmacias a atracos en bancos», explican nuestras fuentes. Su capacidad para el crimen es tal, que acuden a otras provincias cuando se sienten con el aliento policial tras la nuca.

Casas okupas y armas de fuego

Las últimas remesas se mueven como pez en el agua a la hora de adquirir armas de fuego. Tiene dos cauces:las compran ya manipuladas entre sus contactos o acuden a una armería, adquieren una de fogueo (para lo que no se necesita licencia) y las consiguen convertir en percutoras, con munición real, obteniendo información en foros y tutoriales de internet.

Hay decenas de casas okupadas por pandilleros; muchos se pelean con sus padres y se refugian allí. Son pisos francos donde viven y esconden las armas.

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