Ángel Antonio Herrera

La choza

Ahí está esa choza de improvisación, alcaldesa, y me temo que nadie hace nada por esta gente, porque la choza lleva ahí tiempo, y no sé si es la misma de hace meses, o bien otra, pero ahí sigue, como una guarida de retales

Ángel Antonio Herrera
MadridActualizado:

En plena Plaza de Ópera, como atrio de la contigua Plaza de Oriente, tienen unos cuantos vagamundos montado su picnic de cartonaje. Día y noche. De entrada, le da a uno cierta amargura, y también cierta responsabilidad, que un ramo de gentes de biografía torcida improvisen su chabolismo inevitable en el corazón monumental de Madrid, pero ahí está ese chabolismo de media manta y latón muerto, donde los desdichados desayunan vino de caja y pan de anteayer. Y a seguir durmiendo la desdicha. Ahí está esa choza de improvisación, alcaldesa, y me temo que nadie hace nada por esta gente, porque la choza lleva ahí tiempo, y no sé si es la misma de hace meses, o bien otra, pero ahí sigue, como una guarida de retales, como un cadáver de trapos, entre asadores de oro, cafés de espejo y el programa de ópera que se sigue o no se siguen en el Teatro Real. Porque este picnic tiene vistas al Palacio Real, y en la noche, a veces, la tribu no sólo acampa ahí, sino que se dispersa bajo las cornisas del Real Cinéma, echando al suelo algún colchón de naufragio.

Estos colchones, a menudo, se reúnen en algún costado de la plaza, o junto a la choza principal y única, en el centro de la plaza ilustre y populosa, que incluye así un monumento a la penuria, más allá de lo monumental de los bajos del sitio, donde están los restos de piedra de museo de los Caños del Peral. Quedaría muy galdosiano escribir aquí que no hay urbe sin mendigo, alcaldesa, pero sólo eso. Conviene que el mendigo sea una figura prehistórica, y no un señor de barba bárbara que va y monta su chiringuito de sobras a los pies de la estatua de Isabel II, cubriéndose del relente duro con el deneí que quizá ni tiene.

La foto de la choza de colchones en medio de la Plaza de Ópera es un desastre, y una vergüenza, y un clamor, que no sabemos por qué prospera, para escándalo de todos y asunto pendiente en el Ayuntamiento. Péguese un paseíto por el sitio, y ya verá cómo estamos hablando de una estampa fea, indigna, insolidaria. Hace falta remedio. Urgente.

Ángel Antonio HerreraÁngel Antonio HerreraArticulista de OpiniónÁngel Antonio Herrera