Vídeo: Vea el estado de los vehículos abandonados | Foto: Algunos de los turismos en el aparcamiento general de la T4 de Barajas - GUSTAVO MORALES

El aeropuerto de Barajas, un cementerio de coches abandonados: «Es tercermundista»

Casi un centenar de vehículos llevan años tirados en los aparcamientos del aeródromo. La mayoría son robados o de propietarios que han abandonado el país

MADRIDActualizado:

Planta 1 del parking general de la T4 de Barajas; módulo C; plaza 547. Un Renault Clio azul cielo languidece abandonado desde hace años. Aunque tiene tanto polvo como si acabara de terminar una etapa del Dakar, difícilmente tendría opciones de sortear la línea de salida. Las ruedas de su lado izquierdo, estratégicamente el más resguardado al carril más próximo de paso, han sido robadas. En su lugar, una piedra y dos tablas de madera hacen las veces de soporte para que no se venza. Por extraño que parezca, la situación de este coche matriculado a principios de los 2000 no es un caso aislado. Cerca de un centenar de turismos conviven a diario con los miles de pasajeros que transitan por los aparcamientos del aeropuerto.

Basta un simple rodeo por cualquiera de los cinco niveles que tiene el parking general de la T4 para visualizar de primera mano el cementerio de automóviles, enquistado en la zona de estacionamiento más cercana a la mayor terminal de Barajas. La mayoría de estos vehículos fueron previamente robados o pertenecían a propietarios que decidieron dejar el país sin intención alguna de mirar atrás. Los hay también que formaron parte de la flota de alguna empresa de alquiler y cuando resultaron requeridos para su devolución, los clientes prefirieron hacer oídos sordos aun a riesgo de perder la fianza.

Sea como fuere, el resultado de la travesía es siempre el mismo. «Hay coches que llevan cuatro, cinco o hasta seis años abandonados; si tuviera que venir alguien a pagar la cuenta para sacar alguno, le saldría más rentable ir al concesionario y comprarse uno nuevo», señala un trabajador de la base. No es para menos. Estacionar un día entero cuesta alrededor de 21 euros, por lo que retirar cualquiera de los turismos que lleven al menos dos años tirados supondría un desembolso como mínimo de más de 15.000 euros. «Y eso si no está en una de las plazas preferentes, que son cuatro euros más caras al día», apunta el operario, más que habituado a ver con desasosiego la cuestionable coyuntura.

«En ocho años, solo he visto a las grúas entrar una vez y llevarse una treintena de vehículos», sostiene otro empleado del aeropuerto. Aquella batida limpió de golpe un problema que asuela de nuevo los estacionamientos de las terminales. «Venimos a recoger a mi hija que vuelve por vacaciones de Cardiff y nos hemos quedado sorprendidos al ver el coche de al lado lleno de suciedad», relata María José, una mujer que reprime a su hijo pequeño de tocar la chapa del mugriento carruaje.

«Casa» de vagabundos

«¡Es tercermundista!», protesta un par de módulos más a la izquierda David. «A mí, que ya he visto de todo, me da más o menos igual, pero, ¿qué imagen estamos dejando a los que vienen de fuera si lo primero que ven es esta chatarra?», prosigue delante de un destartalado Opel Vectra, sin matrícula trasera y con la puerta del copiloto a medio camino de ser forzada. Porque si hay un delito que atrae esta realidad, ese no es otro que el de los pillajes. Ventanillas rotas, espejos retrovisores arrancados, ruedas sustraídas y cuantos objetos puedan ser revendidos después en el mercado negro.

Cada noche, los vigilantes prestan especial atención a cualquier movimiento anómalo que pueda ocurrir dentro de las instalaciones. No es raro que los delincuentes sean sorprendidos «in fraganti» con gatos hidráulicos, varillas -para forzar cerraduras- u otras herramientas especialmente pensadas para la ocasión. Tampoco se libran los depósitos de gasolina, cuya rapidez en el vaciado marca el objetivo de varios de los asaltantes. No obstante, los aparcamientos del aeropuerto están protegidos por cámaras de seguridad, apostadas en los accesos y pasillos de los módulos.

Pese a que la alerta es permanente, la amplia extensión de los parkings -especialmente el de la T4- y el alto tránsito de usuarios complica las labores de control. Los vagabundos, por ejemplo, aprovechan la gran cantidad de automóviles abandonados para colarse y dormir en ellos. Son conscientes de que si les echan un día, pueden volver al otro y cambiar de marca y «confort».

La mayoría de estos turismos son utilitarios de gama media, pero también hay verdaderas joyas empolvadas hasta la bandera. Monovolúmenes, furgonetas, deportivos y hasta 4x4 dan «vida» a una postal con mucha miga detrás. Hasta el punto de que la propia Policía Judicial realiza de vez en cuando inspecciones para dilucidar si alguno de los nuevos vehículos aparecidos están relacionados con determinadas actividades delictivas.

Retiradas infructuosas

La pregunta es clara. Si es evidente que los vehículos permanecen anquilosados a la vista de todo el mundo, ¿por qué no son retirados? Fuentes de Aena resumen a este periódico que el proceso y los trámites necesarios son largos. «El aeropuerto sigue las reglas de tratamiento de vehículos abandonados que recoge la ley de aparcamientos privados y la normativa de tráfico, que exigen un tiempo de estacionamiento superior a seis meses para iniciar el procedimiento para su declaración de abandono», justifican.

A partir de ahí, el aeródromo notifica a la Policía Nacional los coches considerados en tal condición. Tras este trámite, la particular lista negra es remitida a la Jefatura Provincial de Tráfico para que sean identificados los dueños. Las mismas fuentes explican que dicha normativa obliga a realizar «requerimientos fehacientemente notificados a los titulares requiriéndoles para que procedan a la salida y comunicándoles la deuda existente hasta ese momento, avisándoles, además, de que en caso contrario se podrán catalogar de abandonados». Si no hay respuesta alguna por parte de los propietarios, es entonces cuando «se procede a su tratamiento residual conforme a las normas establecidas por la DGT y mediante gestores de residuos autorizados». Un cuadernillo de instrucciones que no por bien armado, resulta, visto lo visto, efectivo.