Un grupo de jubilados, ayer, en la plaza de Quintana
Un grupo de jubilados, ayer, en la plaza de Quintana - DE SAN BERNARDO

Los abuelos que le pidieron un váter a Carmena

Se sirvieron del nieto de uno de ellos para enviar la petición por internet. Quieren, por razones de higiene, un urinario público en la plaza donde pasan las mañanas más de cien jubilados jugando a las cartas o charlando al sol

MadridActualizado:

La próstata no es cosa menor y en la madrileña plaza de Quintana lo saben bien. Allí, todas las mañanas se dan cita decenas de jubilados en busca de una buena mano de cartas, conversación amena o simplemente un poco de sol en la cara, que nunca está de más después del frío del invierno. «Aquí se está de vicio», confirma Oliver, uno de los habituales, quien confiesa que una noticia que le atañe directamente le pilla de nuevas, pese a ser padre de periodista. «Yo tampoco había oído nada, pero me parece bien», suelta Carlos y José, su compadre, le da la razón: «No estaría mal, claro».

Como Carlos, José y Oliver, casi todos los demás jubilados de la plaza de Quintana no se han enterado de nada, pese a ser los protagonistas. ¿Cómo es posible? Porque se les da mejor el dominó que internet y eso, al menos hoy, tanto para informarse como para

«Estamos todos mal de la próstata y tenemos que mear entre los coches»

pedirle algo al Ayuntamiento, es un problema. «Para empezar, yo internet no tengo», dice José, al que rápidamente —como es costumbre— responde Carlos: «Yo sí, pero cuando vienen mis hijos a enseñarme es un lío y yo no aprendo mucho». Con este panorama, los abuelos de la plaza de Quintana están como para enterarse de que uno de los habituales del lugar, Cándido Vázquez le contó un día a su nieto, Manuel Ansede, que allí faltaba un váter público.

«¿Cómo se lo pedimos a Carmena?»

«No es sólo cosa mía, ya lo habíamos hablado un grupo de los que nos reunimos allí todos los días», confiesa Vázquez, antes de explicar a este diario que la instalación de un urinario común en la zona haría un gran favor a la salud pública, puesto que evitaría que muchos ancianos orinaran, por necesidad, en plena calle, puesto que los bares de la zona reservan «como es normal» el uso de sus váteres a los clientes. «La gente mayor no se puede aguantar todo lo que le gustaría», esclarece Oliver.

«Estamos todos mal de la próstata y tenemos que mear entre los coches», le comentó el abuelo al nieto en una cena familiar el pasado fin de semana y él, mucho más docto en las lides ciberespaciales, supo los cauces que debía seguir para que la petición de su pariente llegara al destinatario adecuado, el Palacio de Cibeles. «¿Sabes tú como le puedo pedir a Carmena que nos ponga un baño público en la plaza?», le preguntó Cándido a su nieto, que rápidamente se puso manos a la obra.

«Sólo soy el portavoz de mi abuelo»

Como su abuelo no estaba muy al día del nuevo mecanismo de solicitudes ciudadanas de Carmena, Ansede aprovechó una petición antigua que no había tenido mucho éxito en la página web que el Ayuntamiento de Madrid ha habilitado y le dio publicidad en su cuenta de Twitter. En esta misiva solicitó «la construcción de unos aseos públicos con cambiador para bebés y con acceso para personas de movilidad reducida» para facilitar la vida de los ancianos que allí acuden día tras día.

Pese a ello, el nieto se quita mérito. «Sólo soy el intermediario o portavoz de lo que dice mi abuelo», insiste Ansede, quien reconoce que la gente de 90 años, como Cándido o sus amigos, no lo tienen nada fácil para pedir cosas por internet al Ayuntamiento y tampoco comprenden la repercusión que tienen las cosas que se publican en la Red: «Cuando le he dicho a mi abuelo que le iba a llamar ABC por lo de los urinarios me ha preguntado que qué he hecho, que si me había puesto a gritar en la Puerta del Sol».

Votarían, pero no saben

El caso es que, para que la propuesta del urinario sea valorada por los técnicos municipales, tiene que conseguir, al menos, 27.064 apoyos. Esto es, el 1% de la población de Madrid y otras tantas personas que sean capaces de registrarse en Decide Madrid, la web en cuestión, y que después encuentren la petición MAD-2016-10-13974 para respaldarla. La misión, que no es fácil de por sí para un nativo digital, tiene más miga para los «pobladores» habituales de la plaza de Quintana.

Varios jubilados juegan a las cartas, ayer, en la plaza de Quintana
Varios jubilados juegan a las cartas, ayer, en la plaza de Quintana- DE SAN BERNARDO

«Es que nosotros no manejamos internet», lamenta Carlos, en la misma línea que Oliver: «¿Internet? Eso para los jóvenes. Yo no

«¿Internet? Yo es que no tengo ni idea. Eso es para los jóvenes»

tengo ni idea». Este desconocimiento general entre los vecinos más veteranos de Madrid tiene una lectura evidente: el «Gobierno 2.0» de Carmena deja de lado a los ancianos en este tipo de decisiones. «Si es por internet, nos anulan», critica José.

Por el momento la propuesta se acerca a los 200 firmantes, por lo que, como dice Carlos, «anda que no falta aún para llegar a los 27.000». De hecho, asegura con humor que por la plaza, aunque normalmente está repleta, «nunca va a haber 20.000 personas».

Ansede también es consciente de la dificultad de la empresa que requiere reunir 27.000 apoyos, aunque sean cibernéticos, para poner un váter en una plaza de Madrid. Por ello, siguiendo el consejo de una representante municipal que se puso en contacto con él tras conocer la historia de su abuelo Cándido y el resto de jubilados, lo intentará por la vía institucional, escribiendo a la responsable del distrito.

Y todo esto, sin que la mayoría de los jubilados que van allí todos los días sepan nada de la particular cruzada de Cándido y su nieto en los mundos de internet y Twitter. Hoy, de momento, seguirán las partidas de mus, los corrillos al sol y, por desgracia, las carreras de los jubilados a los huecos entre coches para mear.