La Transición Española

Santiago Carrillo, el líder comunista que acabó repudiado por el PCE

Arrinconado y lastrado por los malos resultados electorales, acabó emparentando con el PSOE

MadridActualizado:

Líder del comunismo español durante buena parte del siglo XX, cabeza visible de la resistencia política al franquismo desde el exterior y mediático personaje de la España inmediatamente posterior a la muerte del dictador, Santiago Carrillo (1915-2012)acabó fagocitado por una democracia que, cuanto más se consolidaba, más le arrinconó en la escena electoral.

Carrillo acabó repudiado por el PCE. La fortaleza que tuvo la organización en la clandestinidad no encontró su paralelo en las urnas cuando llegaron las elecciones libres. De hecho, la Transición supuso también una marcha de antiguos -y destacados- militantes del PCE, que se habían sumado al Partido Comunista de forma circunstancial, por ver en él una buena plataforma de activismo antifranquista. Pero, cuando murió Franco y se legalizaron los partidos, una parte relevante de esos circunstanciales miembros del PCE optaron por otras alternativas militantes, caso del PSOE.

La democracia desdibujó al PCE y el liderazgo de Carrillo empezó a erosionarse con rapidez, también dentro de sus filas. Empezaron las disputas ideológicas internas, las luchas de poder. Al veterano líder le faltaba la principal arma para hacer frente a quienes le cuestionaban: el apoyo de las urnas. Los precarios resultados electorales no jugaron en su favor, y acabó dejando el timón del PCE en favor del asturiano Gerardo Iglesias en noviembre de 1982. Había sido secretario general del Partido Comunista de España durante 22 años, desde 1960, tras pasarle el testigo Dolores Ibarruri, «Pasionaria».

Carrillo obtuvo escaño en las primeras elecciones generales tras el franquismo, las de junio de 1977. Lo revalidó en 1979 y en los comicios de 1982. Se mantuvo como diputado en el Congreso hasta 1986, año en el que acabó apartado de la política parlamentaria. Para entonces ya había sido expulsado del PCE y había fracasado en su intento por hacerse hueco creando su propio partido.

Carrillo no consiguió que el PCE ocupara una posición fortalecida en las urnas. La Transición tumbó las expectativas que los líderes comunistas habían calculado a futuro durante la clandestinidad.

Abrazado al eurocomunismo y a tesis contrarias al sector oficial que acabó controlando el partido, Carrillo fue expulsado del PCE en abril de 1985, siendo Gerardo Iglesias secretario general y tras una larga etapa de enfrentamientos internos. Carrillo fue echado del PCE junto a sus afines, y optó por crear el Partido Comunista de España Marxista Revolucionario, que operó con el nombre de Partido de los Trabajadores de España-Unidad Comunista (PTE-UC). El fracaso fue total. No consiguió hueco alguno en el Congreso y ese nuevo partido tuvo que conformarse únicamente con un puñado de menos de 200 concejales en toda España en las elecciones municipales de 1987.

Tras repetirse el fracaso en las elecciones generales de 1989, en las que el PTE-UC solo cosechó 86.000 votos, este partido flirteó con el PSOE y acabó integrándose en las filas socialistas. El proyecto político de Carrillo acabó, así, emparentando plenamente con la socialdemocracia de Felipe González. Eso sí, formalmente el veterano líder comunista no llegó a tener carné del PSOE: dada su dilatada trayectoria previa al frente del PCE, prefirió no afiliarse expresamente al PSOE.